Pocas rutinas están tan exploradas tanto como el padre vengador que busca justicia por todos los medios. Pocos actores como Mel Gibson tienen ya el papel tan practicado. No obstante, las viejas fórmulas se deben aplicar si hay algo que aportar, aunque sólo sea un buen entretenimiento. Por lo mismo esta nueva producción de Gibson dirigida por Martin Campbell ('Casino Royale', 2006) no se separa del resto de las demás para bien o para mal.
Mel Gibson ('El Patriota', 2000) ya ha interpretado este papel de padre buscando justicia. Por lo mismo, cada momento que pasamos con este ángel vengador es convincente hasta el último recurso. El detective que en pos de ajustar cuentas va contra el sistema, sus compañeros y él mismo es algo que no dejará de funcionar. Por lo mismo no se puede decir que la fórmula no funcione, al contrario, funciona bien y con el sello particular que consiste en mostrar violencia gráfica sin censura nos atrapa para saber cómo terminará la historia.
Pero precisamente en esa rutina cae el principal osbtáculo que nunca puede sortear el largometraje. Todo ya está demasiado visto, explorado y como no se toma un riesgo de explotar aunque sea un motivo diferente, no dejamos de sentir que falta (o sobra) algo. Tal experiencia le pasa factura a la investigación que es presentada en ritmos semilentos y dándole todo el lente de la cámara al padre vengador. La historia tarda demasiado en agarrar el ritmo necesario para engancharnos. Sin embargo, al lograrlo no podemos dejar de deleitarnos con el suspenso obtenido.
Poco más que agregar ante dos viejos lobos de mar como Gibson y Campbell. Acción cuando es necesaria, investigación, conspiración y violencia gráfica son los sustantivos que definen un ejercicio sólido pero gris.
Por Jálex