La educación es el pilar primordial sobre el que se sustenta la naturaleza del ser humano, un ser algo estúpido con el don de poder hacer frente a sus instintos. En función de la educación recibida por cada cual, de su entorno, del momento y de cómo hemos vivido aquéllo que hemos encontrado por el camino o hemos forzado para encontrar, somos lo que somos. De esto habla 'An Education', entre otras cosas, así de como hasta las decisiones más simples pueden revelar que, en el fondo, siempre nos quedará mucho por aprender indiferentemente de nuestra edad.
El en esta ocasión guionista Nick Hornby toma prestada las memorias de la periodista Lynn Barber como excusa para reincidir en su predilección por contar historias centradas en el proceso de maduración de simpáticos "peter panes" del siglo XXI, ya sean éstos adictos a la música, las madres divorciadas o al fútbol. Con la complicidad de una sobresaliente Carey Mulligan y bajo la atenta batuta de una narradora respetuosa de la palabra impresa como es la directora Lone Scherfig, 'An Education' es un sobrio filme de notable pero frío encanto académico "a la inglesa".
'An Education' es una cinta notable en casi todos sus aspectos, y un modélico ejemplo de cine de corte academicista, lo que reúne en un mismo término su virtud con el inexorable "pero" que empaña casi cualquier producción: esa suma de virtudes arraigadas en la razón que carecen de la fuerza de la pasión instintiva, que cumplen con solvencia a costa del factor sorpresa, y que convierten un buen film en nada más que un buen film, disfrutable pero cuya personalidad carece de ese magnetismo que provoca acaloradas discusiones en torno a ella. Es una buena película, en resumen, y nadie lo discutirá, con lo que a su vez se le privará, tal vez, de cotas más altas.
La cinta ejemplariza el llamado "plan B", el de una apuesta aparentemente tan segura que el morbo del riesgo desaparece condenándola a un injusto y aparente segundo plano, el de aquellas cintas que gustan pero se olvidan cuando no coincide que la vida te las recuerda. Por eso, en cintas como 'An Education', donde la narrativa resulta tan sobria y eficaz, su libreto es tan bueno que fluye desapercibido, y la homogénea suma de sus partes deriva en un empate técnico, son aquellos que dan la cara los que tienen la oportunidad de dejarse notar, de leer entre líneas y dejar que su calidez brille con luz propia. Y como la nominación al Oscar ya previene, en este sentido el corazón y alma del relato, que literalmente se come la pantalla, y cuyo brillo eclipsa el trabajo de sus compañeros es Carey Mulligan, cuyo trabajo despeja la posible duda que puede suscitar la proximidad entre un telefilm de lujo y un film clasicista.
'An Education' merecerá ser vista... algún día. Puede que su profesionalidad le reste la personalidad necesaria para adueñarse del recuerdo del espectador, y que su notabilidad tan discreta pase tan desapercibida que no enamore, pero a la par tampoco se le pueden negar sus virtudes ni menospreciar sus méritos. En su justa medida, una buena película, y el mundo sigue siendo un lugar en el que una buena película siempre estará dispuesta a ser apreciada. Y si no, siempre nos quedará París...
Nota:
7.0
por Juan Pairet Iglesias