Otra de esas novelas que se convierten en otro de esos fenómenos de éxito a nivel mundial, también se ha convertido ya en otra de esas adaptaciones a la pantalla grande, y a la vez se convierte en otra de esas películas que dejan algo que desear. La novela en cuestión es Crepúsculo (Twilight), una novela romántica vampiresca enfocada más bien hacía el público mayoritariamente adolescente, escrita por la Stephenie Meyer en 2005. El visionado a la pantalla grande lo hace de la mano de la directora Catherine Hardwicke en la cinta homónima Crepúsculo (Twilight, EUA-2008).
Tomando en cuenta que el tiempo de pre, pro y post-producción fue mínimo, suponemos que quizá era una obra fácil de adaptar, o que había mucha premura y en base a ello descuidaron muchos detalles en determinación de estrenarla lo más pronto posible. Ambas opciones son muy viables, y ambas opciones no quedaron descartadas.
Básicamente podemos observar en la cinta, lo mismo que marca el argumento del libro; en ella, Isabella “Bella” Swan (Kristen Stewart) es una chica de 17 años que se muda al pequeño y lluvioso pueblo de Forks en el estado de Washington para vivir con su padre, Charlie (Billy Burke). Ahí conoce a muchas personas, pero una llama su atención sobre los demás, Edward Cullen (Robert Pattinson), quien guarda un secreto celosamente; aún con ello, Bella se enamora de él y termina enterándose de que Edward es un vampiro.
Aunque la cinta se puede calificar de fantástica, se da más importancia a la parte romántica, en la que el vampirismo de Edward es realmente un obstáculo a vencer en la relación que se va forjando entre los protagonistas, pero cuando hablamos de obstáculos, hablamos de obstáculos sinceramente. La trama es bastante sencilla y se le debe a lo simplista del guión que a su vez le pudiera echar la culpa a la propia novela en ese sentido. Desde esta parte es necesario confesar que no hemos leído el libro, pero después de ver la cinta, seguramente no sea leído nunca por el que aquí redacta. Desde luego que cada adaptación de libros, no debe ser fácil, puesto que la sintetización de las obras en cuestiones debe ser realmente una complejidad proporcional a lo que cada uno de los lectores -en este caso fans- se han forjado en mente. Insistimos en que no hemos leído el libro.
A pesar de bastantes traspiés, la cinta tiene de repente su buen colmillo en momentos aceptables, de hecho la sencillez de la trama podría no ser tan inadecuado tomando en cuenta que va dirigida a adolescentes, los personajes cumplen su función sin mayor contratiempo, como si lo de actuar no fuera lo suyo y como si la interpretación les bastara. Sólo interpretan, no actúan. El filme se puede denotar bastante corto, y no que en realidad lo sea, lo cierto es que se pasa rapidísimo, pero en la rapidez de los acontecimientos, las relaciones e interacciones de los personajes en la cinta son mucho muy superficiales y apenas si damos atisbo de cuál es su perfil psicológico y cuáles son sus marcadas intenciones.
Respecto al concepto adolescente de la trama hay que reconocer que está bien formulado, gracias a su directora. Esta visión femenina hace de Crepúsculo no una cinta para imberbes que se dejan seducir a la primera oportunidad con un tema fantástico embestido con lo romántico de buenas a primeras. Hardwicke logra contrarrestar los líos que se generan de la ficción de efectos especiales, ante una verborrea melosa que le viene de nacimiento –lo cual no sabemos si es bueno o malo-. Pero hay cuenstiones que se le van de las manos, y lo que nos extraña es que en varios momentos de la cinta no puede retratar esa relación padre-hija, como prudentemente lo hizo en la relación madre-hija en la cinta A los trece (Thirteen, EUA-2003), puesto que aquí el aire de comicidad que le quiere dar a algunos momentos que no lo son, no resultan de ninguna manera convencionales ni adecuados. Crepúsculo es un trabajo lleno de contradicciones desde muchos ángulos, y aunque la elección para dirigirla es correcta, se nota ese temor en cada movimiento de la cinta en la cual había tantas ganas de ser fieles a la obra, resultando en un retrato imperfecto, todo por no darse prioridad a presentar una visión propia.
Ahora bien, el casting es garrafal; actuaciones planas, nada convincentes; un personaje femenino que parece que se orgasmea a cada instante y en cada momento en el que ve al protagonista masculino, quien hace también lo propio. Pudieron haber cerrado la boca, dejarse de lamer y morderse los labios, o le hubieran cambiado el tinte a la trama. Los encuentros y escenas que juntos tienen los personajes principales parecen forzados y poco naturales al suceder demasiado rápido. Cambios bruscos de ritmo, maquillaje venido a menos, vestuario de boutique, estética de la fotografía desconcertante de Elliot Davis a causa del montaje, efectos especiales mal logrados –casi sabemos dónde pusieron el arnés elástico (ja! ja!, me rio ja! ja!)-. (Volvamos) Sumamos al concepto el hecho de que no hay clímax en la cinta sino que pasa del inicio al desenlace de una manera aletargada.
El principal error de Crepúsculo comienza y termina al mismo tiempo en un guión lleno de diálogos torpes que rozan muchas veces lo ridículo y cuyos personajes no acaban de explicarse por sí mismos a causa de lo literal de la adaptación ya que se le suma la dificultad de la narración en primera persona a través de la voz en off, de tal manera que no se puede desarrollar el perfil de ningún personaje excepto el que lo cuenta, y vamos, que la protagonista aparaezca a cuadro en toda la cinta termina por cansar. La cinta es un verdadero romance a pesar de todo el tópico funcional de la saga vampiresca, pero el romance es muy soso, entonces la recomendación es comprar en soundtrack, que aunque muy manido es lo más pegajoso de la cinta, lo demás está todo a media luz, justo como lo que es un crepúsculo.
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