¿A quién le gustaría ser Benjamin Button? ¿Quién querría ir haciéndose más joven según pasan los años?
Tras ver la última película de mi estimado
David Fincher, yo desde luego que no.
No nos engañemos. Esto es un (falso) biopic en toda regla, con el elemento sobrenatural que supone la extraña enfermedad de Benjamin como gran atractivo, pero con los aciertos y errores del género, que comentaba hace poco con
Mi Nombre es Harvey Milk.
Tras para mí una más que decepcionante
Zodiac, el director de
Seven es capaz de componer una bonita y a ratos conmovedora historia, de un niño atrapado en cuerpo de anciano primero y un anciano encerrado en un cuerpo joven después. Una infancia robada y una vejez desaprovechada. ¡Definitivamente no! No me gustaría una vida así.
Resalta la importancia concedida a la historia romántica entre los protagonistas, que hace que esta paradoja de la naturaleza - y sus consecuencias - no esté todo lo aprovechada que podría esperarse, limitándose sobre todo a la idea de ir viendo morir a la gente que más quieres mientras se recorre el camino a la inversa. Lo justo y necesario para lo que cuenta.
El maquillaje y los efectos digitales son claves para hacer creíble este cuento. Lo consiguen de forma sobrada. Alucinado me han dejado los primeros años de nuestro protagonista, deliciosos y donde la película alcanza sus cotas más altas sin ninguna duda, con un
Brad Pitt entrañable y gracioso, que paradójicamente está infinitamente más expresivo con el maquillaje encima que sin él, y al que se acaba echando de menos según va rejuveneciendo. Impresiona también de adolescente, al igual que
C.Blanchet, que está bien sin más en su interpretación.
Lo peor de la cinta sin duda, como han comentado antes, es la excesiva duración, puesto que lo años que comparten Daisy y Benjamin carecen del interés que sí tienen los primeros y los últimos. Quizás Fincher se oliera algo de esto, y por eso aprovecha el personaje de
Julia Ormond para ir haciendo oportunos descansos entre medio, a modo de pequeños capítulos. Se agradecen, la verdad, pero con diez o quince minutos menos en el montaje se hubiese conseguido algo más de "punch" sin perdernos ningún suceso importante.
De cualquier modo,
El curioso Caso de Benjamin Button es un relato sólido - pese a lo extraño y curioso del planteamiento - que bien merece la pena ver y que regala grandes momentos al espectador (sobre todo al principio). A pesar de que se vaya desinflando poquito a poquito a cada salto temporal, el nivel inicial es tan grande que difícilmente decepcionará en su conjunto.
Una forma diferente de ver la vida.
Dejará huella.
8,2/10
IMDb:8,4/10