Señor Presidente del Real Madrid:
Le escribo esta carta con la gran ilusión de poder enviársela algún día. Me considero aficionado del club desde que era niño, cuando mi padre me contaba preciosas anécdotas que él mismo había vivido en el Santiago Bernabéu. Di Stéfano, Puskas, Gento, Amancio, Pirri, Santamaría… Veo como le brillan los ojos cuando habla de sus gestas y pienso en cómo me hubiese gustado estar allí. Todos ellos eran grandísimos jugadores que dignificaron el Real Madrid hasta límites insospechados; es por ellos que el Real Madrid se convirtió en la marca más importante de nuestro país fuera de nuestras fronteras.
Por desgracia los tiempos cambian, y con éstos el mundo del fútbol se fue llenando de adjetivos que nunca debieron llegar: Codicia, falsedad, ostentidad, violencia… Adjetivos que hoy por hoy asolan no sólo el fútbol en particular, sino toda la sociedad en general. Y es que ya no existen colores, no hay corazón y sólo el dinero mueve un mercado podrido por sus propios dirigentes, que llegan a viajar miles de kilómetros para fichar a niños a los que alejan de sus familias por un puñado de arroz, y una litera donde dormir.
A pesar de todo, el motivo de mi carta no es para hablar de jugadores; es un objetivo perdido. Antes había incluso quien llegaba a firmar en blanco por jugar en un club como el Real Madrid (si mal no recuerdo, el último fue Oscar Ruggeri), pero como digo eran otros tiempos y aquello ya pasó a la historia. Por contra, sí quiero hablarle de algo todavía peor: los presidentes. Ramón Mendoza, Lorenzo Sanz, Florentino Pérez, Ramón Calderón… Los ha habido ladrones, embusteros, mezquinos, e incluso hubo alguno, como es el caso de Florentino Pérez, que si bien parecía honrado murió víctima de su propio ego y también, por qué no decirlo, víctima de la traición de unas estrellas que él acomodó como a sus propios hijos. Del último mejor ni hablar, un dictadorzuelo del tres al cuarto que seguramente quiera mucho al Real Madrid, pero que no cabe duda de que mucho más se quiere a sí mismo. Hemos sufrido mucho hasta que por fin apareció usted, una persona decente que ha venido a servir al Real Madrid; que puede ganar y que puede perder, pero que ha recuperado el nombre del Real Madrid por medio de la humildad y el orgullo. La receta era fácil, está en nuestro himno: “Club castizo y generoso, todo nervio y corazón. Enemigo en la contienda, cuando pierde da la mano, sin envidias ni rencores, como bueno y fiel hermano.”
Siempre hay gente a la que le gusta creerse el ombligo del mundo. Médicos, jueces, pilotos de avión... Todos ellos son capaces de parar un país con tal de demostrarse que ellos tienen el poder. Se manifiestan con reivindicaciones estúpidas sin darse cuenta que es el ciudadano de a pie quien paga sus caprichos; necesitan que de vez en cuando les pasen la mano por el lomo para que no se enfaden. Eso es justo lo contrario de lo que tiene que ser un Presidente del Real Madrid. Usted ha conseguido que volvamos a ser respetados, que ya no nos odien y que se vuelva a aplaudir a nuestro autobús cuando viajamos por todos los rincones de España. Por todo ello gracias Señor Presidente, ojalá y como digo en mi primer párrafo pueda enviarle esta carta algún día, aunque ya le adelanto que será difícil, por no decir imposible.
Se despide, un simple aficionado del Real Madrid.