La revolución no llegóNos guste o no, los grandes títulos que llegan a nuestras salas en estas fechas hay que comentarlos casi siempre en clave Oscar. Lo que más sorprende es que la siempre malvada Academia de cine americano haya marginado a la nueva obra de Sam Mendes. Por los nombres que están detrás del proyecto y por las importantes nominaciones obtenidas en los Globos de Oro, todo hacía pensar que ‘Revolutionary Road’ iba a ser una de las mayores candidatas a optar este año por las estatuillas doradas. No ha sido así, y ello me recuerda vagamente al caso de ‘Babel’. La cinta de Iñárritu se perfilaba también como la favorita en todas las quinielas de hace dos años, sin embargo se fue con las manos casi vacías. ¿La razón? Dicen las malas lenguas que así se “castigó” al director mejicano por un discurso que poco había evolucionado desde ‘Amores perros’.
La misma explicación se ha usado ya para justificar el fracaso del filme en lo que a premios se refiere. Y es que no han sido pocos los que han definido a ‘Revolutionary Road’ como “la ‘American Beauty’ de los años cincuenta”. Parte de razón tienen, pero también hay que saber diferenciar ambos trabajos. Es cierto que tanto el uno como el otro pueden ser vistos como una revisión pesimista del eterno sueño americano (o el “american way of life”), pero también es cierto que esta adaptación literaria se centra mucho más en la figura del matrimonio. Además, mientras en el primero se trataba el tema con cierto humor negro, en el segundo no hay sitio para la risa. No hay duda de que lo último de Sam Mendes es un drama en toda regla. Un drama que eso sí, no va a buscar la lágrima, si no más bien la reflexión.
Véase la historia. Esa crónica de una muerte anunciada. Ese matrimonio que se va hundiendo por razones contundentes pero nada evidentes. Cómo no, la relación se ve manchada por el adulterio, pero eso no es más que la punta del iceberg. Lo que condena a Frank y a April es algo más intangible: la rutina, la mediocridad, los sueños frustrados… La imposibilidad de cambiar el rumbo de los acontecimientos. Pequeñas grandes tragedias que fácilmente pueden ser escondidas, pero que no por ello dejan de carcomer el deslumbrante envoltorio con el que se las ha cubierto. He aquí en definitiva un drama adulto y clarividente sobre la lenta descomposición de dos seres que apuntaban muy alto.
Todo ello no hubiera sido lo mismo de no contar el Sr. Mendes con un más que envidiable reparto de actores. A destacar el joven Michael Shannon, que en su papel de desgarrado outsider ha conseguido una de las pocas nominaciones del filme de cara a los Oscar. Nominación al mejor actor secundario que no obstante cae en saco roto, pues algo muy gordo debería suceder para que ésta categoría no se la llevara el malogrado Heath Ledger. Pero sin duda la palma se la lleva la pareja protagonista. Después de levantar tantas expectativas por su reencuentro diez años después de ‘Titanic’, DiCaprio y Winslet no decepcionan y llevan muy bien el peso de una trama en la que más de uno hubiera naufragado.
Lástima que él tenga que afrontar un gran escollo. Una dificultad con nombre y apellido: Kate Winslet. Esa “criatura celestial” que, quince años después de que Peter Jackson la diera a conocer al mundo entero, consigue maravillarme cada vez más. Tanto que me apiado de la persona que tenga que compartir pantalla con ella, porque entonces más que de duelo, estaríamos hablando de un soberano repaso. Eso sucede en ‘Revolutionary Road’, donde Leonardo DiCaprio -y no Frank- parece quedarse en más de una ocasión sin argumentos ante esta inmensa actriz inglesa. A pesar de ello la química entre ambos sigue intacta y el desequilibrio de fuerzas no llega a hacerse evidente. En este aspecto, buena parte del mérito le corresponde a Sam Mendes.
A propósito de él se ha criticado muy duramente su tan característica obsesión esteticista. Por el contrario creo que precisamente ahí reside uno de los grandes aciertos de la cinta. Al fin y al cabo ‘Revolutionary Road’ nos habla de una sociedad de fachada impecable pero podrida por dentro. El minucioso trato de los colores así como el de las luces y las sombras dan como resultado una colección de imágenes preciosas que combinadas con la dura temática, refuerzan el mensaje crítico de la película. Un excelente uso de la imagen, digno de uno de los directores cinematográficos en activo más inteligentes.
Poco hay que reprocharle a la película. Por una parte la ausencia casi total de la figura de los hijos, que entre riña y riña de sus progenitores pasan casi inadvertidos. Lástima, porque con más presencia suya de buen seguro hubiera aumentado la carga dramática de la historia. También se hubiera agradecido una visión más contrastada con respecto al matrimonio (como confirma la genial última escena, no hay pareja que se salve de la horca). Un discurso pues demasiado destructivo que nos habla de muchas enfermedades, pero de ninguna curación. Pero siendo justos, son sólo dos pequeñas piedras en una vía que -aunque lejos de ser perfecta- invita a pasearse por ella.
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Mai, quiero más críticas tuyas!