BACKYARD:
EL TRASPATIO
Del traspatio al mataderoAcerca de un tema, cualquier director tiene una perspectiva idealizada y conceptualizada de lo que se quiere contar, si se puede contar, y de cómo hay que contarlo. La sordidez del tema de los feminicidios en la frontera norte de nuestro país y la impunidad para quienes cometen tan atroces crímenes, no es algo nuevo en la filmografía. Ya cintas como
La virgen de Juárez (The virgin of Juarez);
Mujer Alabastrina;
Verdades que matan (Borderland); documentales como
Bajo Juárez: La ciudad devorando a sus hijas;
Preguntas sin respuesta: Los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez; ó cortometrajes como
El otro sueño americano; hacen determinado acercamiento a través de diferentes géneros a lo que sucede en Ciudad Juárez. Carlos Carrera, quien nos hubo “obsequiado” uno de los mayores éxitos de taquilla en nuestro país, con
El crimen del padre Amaro, este año regresa a las carteleras mexicanas con
Backyard: El traspatio (México-2009), a través de la cual nos muestra la visión de una Ciudad Juárez corrompida y sumida en la barbarie de los intereses personales; donde pareciera que todos saben lo que pasa, pero a la vez nadie sabe nada.
El guión, articulado por la dramaturga Sabina Berman, nos relata dos historias desde diferentes ángulos que convergen en determinado punto. Por un lado podemos ver a
Blanca Bravo (Ana de la Reguera), una policía idealista que recién llegada a Ciudad Juárez deberá enfrentar a toda una epidemia de mujeres asesinadas salvajemente en las inmediaciones del desierto de la ciudad fronteriza.
Bravo, se dedicará a investigar los asesinatos con demasiado ahínco y perseverancia, y de entre todo ello encontrará una sociedad en la que pocos quieren abrir los ojos y ver qué sucede a su alrededor, y en la que también se encontrará con varias vertientes acerca de lo que puede estar ocurriendo. Mientras que por el otro lado podemos ver la historia de
Juanita Sánchez (Asur Zagada), quien viene del estado de Chiapas (Cintalapa), a trabajar en una de las tantas maquiladoras que hay en la ciudad, con apenas 17 años. En pocos meses,
Juanita se encuentra con una facilidad para manejar su vida aislada de sus costumbres y hacerse casi independiente; pero desconociendo en todo momento el peligro que acecha cada uno de los lugares donde está parada, sometiéndose a un destino bastante cruel. Es entonces, cuando
Blanca y
Juanita se conocen en desafortunadas circunstancias.
Dos miradas femeninas distintas desde el punto de vista de una mujer que es incisiva en lo que hace; pero que desafortunadamente en esta ocasión se denota medida. Un tema que impone, los parámetros de censura, quizá una versión que desde el inicio así fue planteada; puede ser una cosa, la otra o algo distinto. Lo cierto es que hay ese temor al aseveramiento; a la implicación del guionista a relatarnos alguna teoría –o varias-, para el discernimiento del cinéfilo. Esta cinta no es un documental; por lo que la visión del guionista no debe estar delimitada por factores de la investigación –que deben ser claramente tomados en cuenta- sino por función del entretenimiento, y como ficción, adolece de ello. Por otro lado hay que reconocer la maestría de Berman en el relato y en el pleno de los acontecimientos que van llevados consecuentemente sin la necesidad de un hilo conductor –que no sea el tema- en una cinta con dos vertientes en espacio.

Por su parte, Carrera siempre acostumbrado a narraciones más lineales, con efectismo articula las dos tramas y las lleva de la mano temporalmente sabiéndolas encuadrar a su debido momento; pero mientras que la historia de la policía da muchas vueltas y por algunos momentos es poco rebuscada; la de la joven pueblerina es algo intrincada por los elementos del guión y la persistencia de utilizar la lengua natal por varias ocasiones a lo largo del metraje, cuando después de la presentación del mismo, ya resulta innecesario.
Ahora bien, el empalme de voz en
off llevada hasta la imagen real del locutor interpretado por Joaquín Cossio es adecuado, de no ser por la misma tonalidad de voz, que parece presentación preámbulo de cualquier versión de
La risa en vacaciones –la parte que sea- en plan serio. De la Reguera muy plana y poco convincente en su actuación de policía, pero eficaz cuando de la labor social que le conlleva el puesto, se trata. El resto de las actuaciones no dan mucho matiz. Resulta también interesante la conceptualización de la cinta, y como logran un efecto demoledor con toda la producción de la cinta; y como no, si con nombres como Isabelle Tardán, Epigmenio Ibarra, la propia Berman y Tania Zarak, no podía ser de otra manera. Y si terminamos de checar la buena factura de la cinta en el ámbito de producción, hay que destacar la buena fotografía de Martín Boege que le imprime ese aire rutinario de una ciudad donde parece no pasar nada. Y la música original de Fernando Corona que cataliza en el espectador cada momento fatal de sus personajes.
Sin duda alguna, la forma estructurada de la cinta, provee de elementos factibles al visionado de la cinta. Bastante adecuada, sí nos da una idea del concepto que nos hemos forjado con el día a día sobre el tema. Quizá se deba a que la cinta desea arriesgarse a mucho sin conseguirlo, y aunque no lo consigue, fervientemente este
thriller policíaco y de suspenso es bastante rescatable por la denuncia, que aunque muy abierta permitirá que todos se sientan aludidos y que no lo vean como un suceso aislado de una ciudad que nos parece tan lejana al resto de la República Mexicana. De esta forma Carrera decidió lo que quería contar… y hasta donde podía contar.