Títulos en español:
- MAD MAX 2 - GUERRERO DE LA CARRETERA (Argentina)
- MAD MAX 2, EL GUERRERO DE LA CARRETERA (España)
Títulos alternativos:
- ROAD WARRIOR, THE (EE.UU.)
- DÉFI, LE (Canadá)
- MAD MAX 2: A CAÇADA CONTINUA (Brasil)
Dirigida por:
George Miller (1)
Protagonizada por:
Mel Gibson
Bruce Spence
Vernon Wells
Emil Minty
Estudios: Kennedy Miller Prod. (Prod.) Warner (Distr.)
País: Australia
Estreno: 24 de Diciembre de 1981
Estreno en Argentina: 10 de Junio de 1982
Duración: 94'
Sinopsis
En los anales del cine de acción, pocas películas pueden compararse con Mad Max 2, una historia épica de máxima acción que te transporta a un paisaje de ensueño donde un futuro post-nuclear confluye con un pasado mitológico. Mad Max 2 es también una proeza cinematográfica, una de las más excepcionales películas que jamás se hayan realizado. Antes de protagonizar Arma Letal e interpretar en 1994 el papel de Maverick, Mel Gibson se convirtió en un mito en la historia del cine interpretando a Max, el héroe solitario que viaja por las carreteras despobladas del interior de Australia en una interminable búsqueda de gasolina. En un mundo post-apocalíptico donde la ley y el orden han desaparecido, luchan contra él y los otros habitantes de un campamento con aprovisionamientos de combustible los salvajes guerreros liderados por "El Humungus", célebre por su violencia y por no dejar con vida a sus prisioneros. Cuando la batalla les une, los resultados son salvajes, impactantes y representan "un imponente espectáculo cinematográfico". Con el "guerrero de la carretera", la acción no puede ser más espectacular.
COMENTARIO: La segunda parte de esta trilogía del personaje que da título a los tres films de George Miller es la mejor, es la película más cinematográfica(la primera, aunque es buena también, tiene un aire, un estilo, un tanto a telefilm, eso sí: un telefilm con bastante garra y que narra la historia de forma cruda en cuanto al tratamiento de la violencia) y la más espectacular; se puede decir que la violencia de la primera parte es sustituida por el espectáculo y la aventura en esta segunda parte, a pesar de que en ésta también hay una buena dosis de violencia, aunque no tan visceral como en la primera sino más dulcificada por el tipo de historia que cuenta, que sería una especie de western futurista posapocalíptico en el que un personaje absolutamente atormentado
por la muerte, en circunstancias salvajes, de su mujer y su hijo, a manos de unos desaprensivos moteros- delincuentes
, vaga sin rumbo fijo, sin ningún tipo de ilusión, a través de las carreteras y páramos de una Australia en ruinas tras la hecatombe nuclear. La barbarie es habitual en los escenarios que nos enseña George Miller; los más fuertes y osados son los que mejor sobreviven en circunstancias tan adversas, como El loco Max que ya no tiene nada importante que perder, tan sólo su vida, pero ni eso ya es importante para él.
Además de ser un western moderno( esto es común a muchas críticas que se han hecho de la película, y de lo que posiblemente nadie del equipo pudiera haber negado nunca, pues es clara la similitud) en el que Mad Max sería un vaquero, los moteros gamberros serían los indios, el campamento donde extraen el petróleo sería el fuerte y, por ejemplo, el camión una diligencia que huye de los indios( moteros), la película además de aventura tiene un ritmo trepidante, mucha acción de la buena mezclada con esperanza y nihilismo de un antihéroe que no cree ya en nada ni en nadie, tan sólo en sobrevivir atormentado, deshumanizado, como un animal acorralado que debe enfrentarse con todo tipo de peligros que el nuevo mundo trae consigo.
Las persecuciones de coches/ motos/ camiones de Mad Max II son legendarias; están rodadas de tal manera que parece que los vehículos sean cohetes propulsados por el motor más potente jamás inventado. El vértigo de la velocidad se siente, se masca en cada toma; la sensación de peligro está a la vuelta de la esquina, y nos preguntamos continuamente quién será el próximo motero en salir volando para estrellarse contra el parabrisas de un coche o para caer por un precipicio. Con su aire de serie B revisada es, como he dicho antes, un espectáculo digno de ver, por momentos parece la viñeta de un cómic de acción en el que nada permaneciera inmóvil. El vértigo nos hace tambalearnos en nuestros asientos absortos por tanta convulsión; es como una danza de coches y motos en la que, a veces, alguien perdiera el paso y saliera de la escena sin querer, pero precipitadamente, sin control alguno… es maravilloso, por lo menos yo así lo vi cuando tenía muy pocos años y fui al cine con unos amigos; de vez en cuando miraba hacia ellos y sus caras eran de asombro, alegres, incrédulas de ver algo que nunca habían visto: un baile de vehículos a motor, con ruedas y de todos los tamaños. Hoy estas escenas de acción se ven de manera diferente, aunque no han perdido gran parte de su encanto, y esto es por el nuevo cine de acción que se hace ahora, un cine digitalizado y donde la acción es llevada a extremos en ocasiones hasta ridículos, escenas con un cinismo apabullante, muy irreales, demasiado fantásticas sin tocar muchas veces este mismo género donde podrían encajar mejor. En Mad Max esto es más auténtico que en la mayoría de las películas de acción que se hacen ahora, hay en su configuración más nobleza y no tanto efectismo circense, mejor adecuación al contexto donde se enmarca cada una de las escenas de las que hablamos; hoy la acción que se desarrolla en las películas, por lo general, son un mal pretexto para desarrollar un guión infumable, con no demasiada imaginación, cosa que sí le sobra a Mad Max II, el gerrero de la carretera.
Nota: 8 sobre 10