Entre lo bueno y lo malo
Ángeles y demonios (Angels & demons, EUA-2009), es una cinta que vuelve con algunos de los principales fallos de El código Da Vinci, pero también es superior en muchos aspectos. Brian Grazer repite en la producción, al igual que casi todo el equipo de la primera, lo que permite que haya más estabilidad en cuanto a lo que sugiere una trama que se encuentra íntegramente unida, aunque no es necesario haber visto El código Da Vinci para poder entender esta. En esta ocasión, Robert Langdon (Hanks) tiene pruebas de la reaparición de una antigua hermandad secreta conocida como los Illuminati. Cuando Langdon se entera de que los Illuminati conspiran en contra de la iglesia intentando detonar una bomba de antimateria, viaja a Roma, donde junto con la científica Vittoria Vetra (Zurer), harán un viaje a través de todo el Vaticano siguiendo todas las pistas que les han dejado en el camino.
El trabajo de guión realizado en El código Da Vinci, denotaba un poco de descuido en cuanto a la integridad de la propia obra, y se puede decir que no estaba lograda del todo; era lenta, anticlimática, y poco contundente. En esta segunda adaptación se tiene mucho más cuidado con ello puesto que repetir todo un mismo esquema de producción, les pudo haber tenido a mal repetir los mismos aciertos y fallos de la primera parte, que eran contundentes. Sin embargo no ocurre de esta manera con Ángeles y demonios, lo cual no quiere decir que no tiene fallos; sino que son menores, y sin embargo tiene una que otra virtud que le viene inherente por una trama bastante efectiva.
Ángeles y demonios no fue una novela que haya sido leída; por lo que hacer una valoración justa en base a la adaptación, y si esta sugiere adecuaciones perfectas con la obra literaria, sería un grave problema. Entonces esta crítica está estructurada como análisis de una pieza única cinematográfica. Finalmente, y eso es otro de los aciertos de la cinta, es que no se necesita leer el libro, ni ver El código Da Vinci, para entender esta cinta. Al igual que la primera, cuyo gran defecto era que antes que estar ante un thriller de ficción se podría decir que se estaba ante una lección de historia; lo cual servía para los que no estaban contextualizados ni con el libro ni con el tema. Esto no era malo, toda vez que no se hiciera un bache para poder orquestar el ritmo de la trama sin hacer tanto detenimiento. Este fallo se repite en Ángeles y demonios, pero en menor medida, pues denotarnos a personajes más centrados en sus actividades, y más delineados en cuanto a su acción-peso en la trama. Nadie corre por correr, y nadie se asombra por ignorancia, un juego que se notó harto repetitivo entre Hanks y Audrey Tatou en El código Da Vinci.
A sabiendas que sería un problema en la adaptación, los guionistas optaron por volver a hacerlo, pero salen mejor librados, pues el intentar dar una lección de historia, puede resultar difícil para cine espectadores que agradecen apoyo de material visual para poder comprenderlo eficazmente, y aunque esto no es oportuno en este tipo de cintas, ya no se nota tan mascullado, pues al ritmo de la explicación hay escenas y secuencias que sustentan el ritmo de la cinta, y esto puede ser llevadero. También se agradece desde luego, el descartar explicaciones apoyadas en flashbacks.
Desde luego, muchas cosas son destacables en esta producción; el diseño de arte, la fotografía, la música –en menor medida-, y muchos aspectos técnicos más. Pero lo que mayormente se agradece, es que aunque tiene sus fallos, sobresale por ser menos paranoica y exagerada. Eso está avalado por la historia; y aunque como adaptación puede o no tomarse sus libertades; lo cierto es que El código Da Vinci, puede hacerse de un pequeño nicho por lo oportuno de su presentación, con Ángeles y demonios, aunque es un poco mejor, no ocurrirá lo mismo. Es un interesante filme, que sin embargo no habrá memoria colectiva que le haga un lugar preferente en algún tiempo.