Fahrenheit 451 (1966)
Éste debe de ser muy profundo... la Ética de Aristóteles, cualquiera que lo haya leído, a la fuerza ha de considerarse superior al que no lo ha leído... y es inútil, compréndalo, todos hemos de ser iguales. Sólo se alcanza la felicidad estando todo el mundo al mismo nivel, Por eso debemos quemar los libros, Montag... todos los libros.
Título: Fahrenheit 451
Título original: Fahrenheit 451
País: Reino Unido
Director: François Truffaut
Guión: François Truffaut & Jean-Louis Richard (Novela: Ray Bradbury)
Reparto: Julie Christie, Oskar Werner, Cyril Cusack, Anton Diffring, Jeremy Spenser, Alex Scott
Fotografía: Nicolas Roeg
Duración: 86 minutos
Sinopsis: Fahrenheit 451 es la temperatura a la que arde el papel. En el futuro los libros son ilegales. Los bomberos del futuro no se dedican a apagar fuegos, sino a buscar y quemar libros en esta parodia de la corrección social, en la que todos los elementos discordantes son eliminados.
Cuando el bombero Montag vuelve a casa después de un duro día de trabajo de quema de libros, encuentra a su mujer ensimismada en la pantalla del televisor que ocupa una pared del salón. Su vida se sustenta en las drogas y el televisor, del que recibe todo el entretenimiento y la información que al gobierno le interesa que la gente sepa.
Unos días después, Montag queda intrigado por una mujer que ve en el metro y se parece asombrosamente a su esposa. Pero los ojos de esta mujer sugieren otro tipo de mentalidad. Es una activista que esconde libros. Su influencia hará que Montag se plantee dudas sobre su trabajo, su mujer y la sociedad en la que viven, y empiece a leer a escondidas, aprendiendo la razón por la que los libros están prohibidos y son tan peligrosos: la gente podría querer pensar por sí misma.
Acerca la novela de Ray BradburyFAHRENHEIT 451 esconde una cruda crítica a la sociedad norteamericana de 1953, después de Hirosima y Nagasaki, cuando a toda costa había que conservar la ilusión de que el mundo era maravilloso y feliz, que las opiniones opuestas eran
incinerables y la vida agradable era el único y verdadero objetivo a preservar. Como el
Bernard Marx de
UN MUNDO FELIZ, el protagonista,
Montag, es un miembro de esa farsa en precario equilibrio, un equilibrio que se rompe al conocer al
salvaje, el inadaptado, el insocial, el que, descubre paradójicamente, posee una vida mucho más satisfactoria. En ese descenso de Montag encuentra que no se halla solo, si no que, clandestinamente, ese distinto orden social subsiste como parias a ojos de la
civilización pero como héroes a sus propios ojos.
El lenguaje que emplea Bradbury es un desafío en sí, una alteración del orden habitual de las secuencias, de las metáforas, incluso de las normas de uso convencionales. Más que narrar, lo que Bradbury hace es expresar, transmitir las ideas sin los rígidos obstáculos del lenguaje para dotarlas de esa extraordinaria capacidad sensible de
FAHRENHEIT 451. Una capacidad necesaria para transmitir su devastador mensaje.
Montag no es en realidad el protagonista de esta novela. Él simplemente cae, es empujado, huye, a veces avanzando en bruscos saltos hacia esa rebelión. Los verdaderos protagonistas de
FAHRENHEIT 451 son las personas con las que
Montag entra en contacto:
Clarisse, la salvaje que perturba el equilibrio de Montag;
Beatty, un magnífico antagonista que golpea moralmente a Montag a golpes de cita;
Mildred, la no-existente mujer de Montag;
Fader, el antiguo maestro de literatura... Y, desde luego, el
Sabueso: la fuerza mecánica e inhumana que persigue al hombre, que huele al criminal, que se abate sin misericordia y ejecuta su sentencia... en una palabra, la Ley.
Y no hay que dejar atrás otros aspectos ineludibles. La televisión, la despreocupación por la juventud, la publicidad, la cultura del ocio en general, aparecen aquí sin sus adornos, sin sus colores y llamativas melodías. Es posible sentir horror al verse cara a cara con ello.
Crítica: Como ya habréis visto en la sinopsis, la trama principal se desarrolla en una ciudad futurista immersa en una sociedad a la que se le prohíbe tener libros y para ello, hay órdenes estrictas de quemarlos, amparadas en la ley. De la película (como del libro) podemos sacar muchas conclusiones relacionadas con el tema del
conocimientoDesde que nacemos vamos aprendiendo inconscientemente, aprendiendo de nuestros mayores; pero nuestros padres, nuestros profesores, etc. y nosotros mismos, si no tuviéramos libros, nuestro conocimiento se limitaría a aprender cosas lógicas de supervivencia y lo que los mayores y gobernantes nos quisieran enseñar, sin poder comprobar si aquello es cierto, o si hay otras fuentes a partir de las cuales aprender de forma diferente, a partir de otras culturas en otras sociedades más o menos adelantadas y que se pueda aprender con libros, constatar y comprobar su conocimiento.
Uno de los conocimientos que podríamos sacar sin libros, es el de la propia experiencia, como que el fuego quema, que el agua satisface la sed, lava o refresca, pero posiblemente no tendríamos posibilidad del conocimiento científico ni psicológico y si lo tuvieramos sería primario, primitivo; todo por intuición utilizando la inteligencia.
Pero centrándonos en el film, nos encontramos ante una obra muy actual. Técnicamente destacable, al estilo Truffaut de la Nouvelle Vague. El diseño del coche de bomberos, a mi parecer, es algo chapucero, como el detalle del tren que circula al revés, pero aquí lo que cuenta no es el ambiente futurista sino la historia que quisieron contarnos Truffaut y Bradbury en su novela.
En Fahrenheit 451 son las ideas las que protagonizan la narración: la idea de la defensa cultural y su ultraje. Es un film que obliga al espectador a elaborar su propia reflexión sobre las manifestaciones que van ocurriendo.
Interpretativamente correcta, sobresale el doble papel de la guapísima Julie Christie, acompañada por un Oskar Werner como sosete protagonista. Lo mejor es sin duda el mensaje que quiere enviarnos Truffaut, un enamorado de la cultura, como tantos otros, que lo único que quiere hacer vernos es la importancia de la cultura dentro de la sociedad, la libertad de expresión; todo ello aderezado con cierto poetismo y con un final para emmarcar.
Aquí sí que vale la pena esperar hasta el final, no he visto demasiadas películas a lo largo de mi vida, pero pocas tenían un final tan bello, emotivo, poético y, desgraciadamente, idealista, que el que vemos en Fahrenheit 451.
A los que la veáis, que la disfrutéis

7.50/10
Imbd: 7,2