Sonata de Otoño
FICHA TÉCNICA:Título original: Höstsonaten
Año: 1978
Nacionalidad: Francia/Alemania/Suecia.
Director: Ingmar Bergman.
Guión: Ingmar Bergman.
Música: Chopin, Haendel.
Fotografía: Sven Nykvist.
Reparto: Ingrid Bergman, Liv Ullmann, Lena Nyman, Halvar Björk, Arne Bang-Hansen, Gunnar Björnstrand.
Productora: Filmédis, Incorporated Television Company (ITC), Personafilm, Suede Film.
Duración: 99 min. (92 Min R.U.)
Premios: Globo de Oro (1979) Mejor Película Extranjera, National Board Review (1978,USA) a Mejor Director, Actriz (Bergman) y Película extranjera, NSFC Award (1979) Mejor Actriz (Bergman), NYFCC Award (1978) Mejor Actriz (Bergman), César (1979) Mejor Película Extranjera y otros cuatro premios más.
SINOPSIS:Tras muchos años de "abandono" de sus hijas, Charlotte, una famosa concertista de piano a nivel mundial, decide ir a pasar unos días a casa de su hija Eva y su yerno. Nada más llegar se encuentra con la sorpresa de que su otra hija, Helena, que padece una severa enfermedad degenerativa, se encuentra también con ellos. Poco a poco la tensión entre madre e hija va acrecentándose, hasta que en una conversación nocturna ambas acaban contándose sus más profundos sentimientos respecto a su relación.
CURIOSIDADES:- Fue rodada en Noruega, durante el exilio "forzado" del director, acusado de evadir impuestos por las autoridades suecas.
- Supuso la última actuación de Ingrid Bergman en una película para cine.
- En las escenas al piano de la actriz, a quien verdaderamente escuchamos interpretar es a la ex-mujer del director sueco, Käbi Laretei, una conocida pianista. También actúo como doble de cuerpo de la actriz en esas tomas.
- La novela de detectives que Ingrid Bergman lee en su cama, tiene una foto del director en su contraportada.
- Cuando comenzaron a rodar las primeras escenas, el director dijo que la actriz había hecho una interpretación horrible de su personaje. Pero tras discutirlo con ella una sola vez, paso a estar brillante.
- Se da la casualidad de que tanto en su primer papel en EE.UU. Intermezzo: A Love Story (1939), como en este último, Ingrid interpretaba a una pianista.
COMENTARIO PROPIO:Ganas tenía de comentar en esta sección una película del genial director sueco. Me ocurre que cada vez que me enfrento a uno de sus trabajos tengo miedo a salir decepcionado, con las expectativas (siempre altas) sin cumplir. Y eso que todo lo que llevo visto de él, con la excepción de la un tanto desconcertante
Riten (1969), me ha conquistado por completo. Al final creo que es tan grande mi nivel de exigencia con este hombre, que a cada instante que me toca la fibra sensible, inconscientemente ya estoy pidiendo un ir más allá todavía. Y la posibilidad de no tenerlo es lo que me genera ese temor. Todo tiene un límite claro está, lo que no quita que rondar los de Ingmar Bergman para expresar sentimientos a través de sus personajes sea algo casi místico.
Sonata de Otoño puede decirse que es una de las “típicas” del director, en la que uno o varios personajes ante alguna circunstancia o situación, reflexionan y disertan sobre momentos de su vida. En esta ocasión es una relación entre madre (Ingrid Bergman) e hija (la siempre estupenda Liv Ullman), que tras siete años sin verse, van a pasar unos días juntas en lo que parece va a ser sólo una visita de cortesía. El asunto ya comienza a torcerse cuando Charlotte se entera de que su otra hija, Helena, está al cuidado de Eva (Ullman). La sorpresa no es nada bien recibida y ya empezamos a darnos cuenta de la clase de persona que tenemos enfrente. Continúan las conversaciones - alguna engañosamente banal - y a la vez que vamos juntando datos sobre el pasado y presente de los personajes, surgen los primeros roces y tensiones entre madre e hija. El momento en que ambas están sentadas al piano, y Eva lanza una mirada sostenida a Charlotte mientras ella está absorta con una pieza de Chopin, es algo que no voy a olvidar en la vida. Lo que puede llegar a expresarse con una mirada no es nada nuevo en el cine, pero en manos de este tío adquiere unas dimensiones inimaginables, que asustan. Se me saltaban las lágrimas. La película podía acabar en ese instante y me hubiera dado igual. Ya tenía un tesoro que valía solo Dios sabe cuánto. Pero no. Aún faltaba llegar al meollo de la cuestión, dar respuestas a los interrogantes del espectador y poner las cartas boca arriba. Una conversación nocturna, improvisada...otro regalo del maestro Bergman. Brotan los traumas de la infancia, los reproches y las verdades. Madre e hija se desnudan una frente a otra con pura vida escapando de sus labios. Palabras calcando sentimientos como nunca escuché, hiriendo como puñales, sin gritos, sin escándalo…desde la más absoluta franqueza. Me quiero morir… pero no me dejan. Falta la despedida, la calma tras la tormenta. Contemplar los despojos y la redención de dos personas tras semejante encuentro. Ya separadas, primero una, luego otra. Se repite en ese orden hasta completar el puzle. No salgo de mi asombro. ¿Qué estoy viendo? ¿Cómo puede concebirse algo tan jodidamente grande, tan profundo? Me da igual. Está ahí y puedo decir que lo he sentido. Me levanto y sólo puedo acertar a decir
¡¡gracias, gracias, gracias!!