EN EL CALOR DE LA NOCHE
OTROS CARTELES DE LA PELÍCULA
FICHA TÉCNICATítulo Original: In the Heat of the Night
Año: 1967
Nacionalidad: Estados Unidos
Dirección: Norman Jewison
Intérpretes: Sidney Poitier, Rod Steiger, Warren Oates, Lee Grant, Quentin Dean, James Patterson, Matt Clark, Scott Wilson
Guión: Stirling Silliphant
Música: Quincy Jones
Fotografía: Haskell Wexler
Productora: Warner Bros
Duración: 109 minutos
El director y sus protagonistas
ANÉCDOTAS Y/O CURIOSIDADES1) Guión basado en la novela “In the Heat of the Night”, publicada en 1965 por John Ball, que fue galardonada con el premio Edgar Alllan Poe.
2) Ganadora de 5 Oscars: Película, Actor principal (Rod Steiger), Guión adaptado, Sonido y Montaje. Además, tuvo otras dos nominaciones más: Director y Efectos de sonido.
Sin entrar en muchas más consideraciones sobre estos premios, no puedo dejar de preguntarme qué movió a los miembros de la Academia aquel año para darle el Oscar a Rod Steiger, que en la película está bien, es cierto, pero es que los otros candidatos eran, ojo, atentos: Paul Newman por “La leyenda del indomable”, Spencer Tracy por “Adivina quien viene a cenar esta noche”, Dustin Hoffman por “El graduado” y Warren Beatty por “Bonnie & Clyde”. No voy a decir a quién se lo hubiera dado yo, pero desde luego a Steiger no.
3) El lugar donde trascurre todo, Sparta (Mississippi), es una localidad imaginaria, pero curiosamente se realizaron algunas tomas para la película en la localidad real de Sparta (Illinois).
4) El éxito de crítica y público fue tal que se rodaron dos secuelas, “Ahora me llaman Sr. Tibbs” (1970) y “El inspector Tibbs contra la Organización” (1971). No he visto ninguna de las dos, pero he leído por ahí que tampoco me he perdido nada.
5) Sidney Poitier fue el primer actor negro en conseguir el Oscar al mejor actor principal, por “Los lirios del valle”, en 1963.
SINOPSIS Y COMENTARIO PROPIOMientras suena una bonita balada soul y vemos trenes circulando en la noche, aparecen los primeros títulos de crédito. Uno de esos trenes se detiene, en Sparta (Mississippi) y un hombre del que sólo vemos poco más que sus pies y una maleta se baja de él. La canción soul es “In the heat of the night”, que es el título de la película y la canta nada más y nada menos que Ray Charles.
Sam Wood (Warren Oates), uno de los policías locales, patrulla por las desiertas calles del pueblo y da la sensación de que es uno de esos lugares tranquilos donde nunca ocurre nada y todos se aburren como ostras. Pero, de repente, Sam se encuentra a un hombre tirado en la calle. Está muerto. Y ha sido asesinado.
El sheriff de Sparta, Bill Gillespie (Rod Steiger), masticando chicle compulsivamente y con unas horrendas gafas de cristales amarillos se pone al frente de la investigación. El muerto es el Sr. Colbert, un tipo que había llegado a la zona con la intención de levantar una fábrica, lo que iba a dar mucho trabajo y dinero para el pueblo. No es bueno para el pueblo que haya muertos, pero es mucho peor si el fiambre es el Sr. Colbert. Así que el sheriff manda a su ayudante, Sam, a que recorra el pueblo de lado a lado y encuentre a un sospechoso, un vagabundo, un borracho, lo que sea. ¿Y a quién encuentra Sam en la estación? Pues al forastero que hemos visto llegar en el tren. A Virgil Tibbs (Sidney Poitier). Forastero y encima negro, ¿qué mejor sospechoso? De modo que Tibbs, al que no se le ha dejado explicarse ni tampoco se le ha dado explicación alguna acaba arrestado en la cárcel del pueblo.
Pero resulta que Tibbs es un Inspector de Policía de Filadelfia que esperaba en la estación su siguiente tren. Y claro, eso cambia mucho las cosas. Como además es especialista en homicidios y sigue habiendo un muerto en el pueblo, es inevitable que Tibbs acabe colaborando en la investigación del asesinato.

Yo encuentro tres líneas argumentales en la película, sabiamente entrelazadas. La primera es obvia, la forzada colaboración entre el policía negro que va excesivamente “sobrado” y el policía local que es racista pero sin fanatismos, por influencia del ambiente que le rodea. La segunda son los conflictos racistas que saltan a la palestra provocados por un forastero que se mueve con mucho aplomo en una población del sur de los Estados Unidos con muchísimos prejuicios racistas, a los que no les gusta nada que un negro vaya haciendo preguntas por todas partes y destapando cosas que ellos prefieren seguir manteniendo ocultas. Y la tercera son las distintas formas que ambos policías tienen de afrontar el caso. Mientras Tibbs busca pruebas que aclaren los hechos y lleven a descubrir al verdadero culpable, a Gillespie le vale cualquiera, aunque ni siquiera tenga pruebas consistentes contra él, con tal de dar un nombre cuanto antes y, a la vez, tratando de darle en los morros al forastero y sus métodos modernos.
Evidentemente, vista hoy en día, el tema racista nos parece presentado de una forma un tanto… suave. Pero intentad trasladaros por un momento a 1967 y meted en un pueblo de paletos racistas a un negro vestido elegantemente, inteligente y educado, que trabaja en una gran ciudad con una categoría laboral bastante alta, sobre todo para un negro y, además, gana en una semana más que el sheriff en un mes. Amig@s, creedme, presentar un personaje así en una película de aquel año, fue todo un atrevimiento.
No es ésta una simple película de policías investigando un asesinato. Es todo un retrato social de localidades del sur de los Estados Unidos de aquellos años, provincianas, intransigentes e inmovilistas, racistas, timoratas e hipócritas. Además, es interesante el cambio que se va operando en la pareja de policías obligados en cierto modo a colaborar. Tibbs es altivo y un tanto prepotente y soberbio. Gillespie es simplón, rudo, bastante sumiso con el cacique del pueblo y bastante tiránico con sus subordinados. La forzada relación que se establece entre ambos es difícil de valorar al principio y, sin embargo, resulta muy sencillo hacerlo al final porque esa relación y su evolución se nos ha mostrado en pantalla perfectamente.

No es una película trepidante, pero no aburre en ningún momento. Tiene escenas de gran intensidad, como cuando acorralan a Tibbs en el taller, o la del invernadero con el cacique el pueblo. Y además tiene una cosa que yo aprecio mucho en este tipo de películas, y es que no se tiene ni puñetera idea de quién es el asesino hasta prácticamente el final, haciendo que saltes de un personaje a otro, como candidato a asesino, según te van presentando detalles. Esto siempre es difícil y, la mayoría de las veces lo logran porque se sacan al culpable de la manga al final de una forma demasiado engañosa y descarada. Aquí también, no os voy a engañar, pero está bien hecho.

Que quede claro que a pesar de contar con una buena interpretación del legendario Sidney Poitier, y de todos los actores en general, de sus cinco Oscars y de su fama, no es una obra maestra. Pero sí es una gran película. Tiene una buena historia, resulta interesante y es entretenida y amena. Y para acabar volvemos a escuchar la voz rasgada de Ray Charles en esa bonita balada soul. A mí me gusta. Yo que vosotr@s, la vería.
A los que os animéis a ver esta película, que la disfrutéis.
