Mucho me temo que Reporter ha expresado mi opinión mejor que yo mismo.
Dicen que la historia es poco original, quizás tan poco original como la propia del ser humano, una fotografía de la hipocresía de la civilización, del egoísmo del poder, de la adulación del dinero, de la deshumanización, la doble moral, la ignorancia, la prepotencia.
Ciertamente la historia es bien antigua, y lo increíble es que siga siento tan actual como lo fuera desde el principio de los tiempos, las revoluciones, las grandes guerras, y el día a día, la intolerancia social ante cualquier abuso, los alzamientos públicos, las protestas ante lo injusto, los lamentos y los llantos. Mientras por otro lado el planeta muere desde dentro sin que le importe a nadie, la gente muere de hambre sin tener a quien reclamar, se juzga por el color de la piel, por la orientación sexual, por la nacionalidad, por la opinión, por casi todo.
El ser humano está podrido por dentro, desbordado de hipocresía, ignorancia y egoísmo, la historia es vieja, pero cada día es más preocupante.
Jake Sully es un marine con una discapacidad grave, pero la discapacidad no es la aparente, su discapacidad es la comprensión, la razón, la conciencia, el sentido común en un mundo en el que esos dones tan escasos no tienen cabida, esa incapacidad no solo la tiene el protagonista de Avatar, la tenemos todos y no todos nos damos cuenta.
Pandora, un planeta que abarca todo aquello que el ser humano soñado durante toda su existencia hasta convertirse en alimañas, en animales salvajes sedientos de carroña y olvidar cuales fueron sus metas o sus necesidades reales, un planeta en el que todo lo deseable se hace patente, sin necesidad de cultivar esperanzas de entes espirituales, de estúpidas creencias y toda esa patética suciedad que nos cubre hasta la garganta porque allí todo tiene sentido, todo es ciencia, todo es naturaleza, todo es pureza, todo es real y nadie elude esa realidad.
Para mí, una experiencia impresionante, y digo bien al cambiar “película” por experiencia y es que durante esas dos horas y pico, viví una grandísima aventura, anduve por peligrosos acantilados, corrí sobre las ramas de inmensos arboles, monté a lomos de increíbles criaturas y sentí un cumulo inmenso de emociones como ninguna otra película me ha hecho sentir.
Una sala a rebosar en absoluto silencio, lo más parecido a ver, a vivir un sueño con los ojos abiertos… y la boca también en ocasiones.
Avatar 3D, más que una película, una experiencia, visualmente ¡impresionante!.
Yo personalmente, le daría de puntuación un global de 9/10, también me siento influido por mi adoración por las criticas sociales.