Martin Scorsese se aleja en “Shutter Island” de sus celebradas películas sobre gangsters, que siempre han sido sello de la casa, para seguir el camino del thriller, como ya hiciera en “El cabo del miedo”, de la que encontramos alguna reminiscencia, pero ahora ahondando más en el insondable mundo de la psicología y en la complejidad de los sueños y el subconsciente (recordemos que en “El cabo del miedo” ya habíamos disfrutado de una pequeña incursión del director en las pesadillas de un Nick Nolte aterrorizado, con un juego de filtros de colores al más puro estilo Vértigo, de Hitchcock, de los que prescinde en esta obra).
En esta ocasión, ese aura hitchcockniana o de las primeras películas detectivescas a color, se vislumbra en el prólogo de la película, especialmente en la breve escena de la llegada del ferry a Shutter Island y en algunos trazos de la presentación de ese inquietante y aislado centro psiquiátrico al que acuden los dos agentes judiciales (DiCaprio y Ruffalo) para investigar la misteriosa desaparición de una paciente, siendo también clara esa influencia del cine de los 40 y 50 en algunas escenas relacionadas con el faro de la isla. El mérito de todo ello se debe, en buena parte, a esa neblinosa y azulada fotografía de Robert Richardson, que ha sabido captar perfectamente esa pátina borrosa y densa de la época.
Esta cinta tiene a su favor la maestría de Scorsese a la hora de guiar la trama que engancha muy bien desde el comienzo y sobre todo en la recreación de esa atmósfera agobiante, tenebrosa y agitada que va a enmarcar las interesantes pesquisas de los personajes. Funciona también muy bien la ya consolidada entente Dicaprio-Scorsese, que parece que va a sustituir definitivamente la anterior coalición entre el director y Robert De Niro, su actor fetiche en el primer tramo de su carrera. No obstante, al margen de DiCaprio que hace un buen trabajo, aunque tampoco sobresaliente y en cuyo detrimento tiene además en la versión doblada la estridente voz que le adjudicaron desde adolescente, el conjunto actoral cumple, pero no deleita, pues los demás personajes son poco profundos y los hemos visto ya con los mismos ademanes en otras películas anteriores (me refiero, evidentemente, a Ben Kingsley, Mark Ruffalo y Max Von Sydow).
Sin negar el buen hacer de Scorsese en esta película y con las acertadas fotografía y banda sonora, el gran fallo radica en la historia que cuenta, que es pobre, algo destartalada e inconexa, mezcla de varios temas (el político, el bélico, el familiar, el criminalístico) sin llegar a casi nada y efectista pero previsible para cualquier espectador que esté un poco atento a los primeros minutos de la película. No es, en realidad, un final sorpresivo como un conejo sacado de la chistera, pues las pistas son abundantes a lo largo del metraje, pero el hecho de que no nos lo cuenten todo a las claras, sino que se juegue al despiste con dos posibles versiones de los hechos, confunden un tanto al espectador, que intentando descifrar el enigma (pues podría resultar que lo que uno se imagina desde el principio no sea la verdad), no logra inmiscuirse más en el aspecto psicológico más torturado del personaje, que hubiera sido ciertamente interesante, ya que uno de los temas constantes en la filmografía de Scorsese es la quiebra de la naturaleza humana y su búsqueda de redención. Otro fallo es la escasa verosimilitud de algunas partes de la trama, aun descubierto ya todo el pastel, con alguna escena prescindible, especialmente la que se desarrolla frente a una molesta hoguera. En definitiva, demasiado embrollo y giro argumental ya visto en otras ocasiones, tanto en el cine como en la literatura (mucho mejor que esta narración es la de “Los renglones torcidos de Dios” de Torcuato Luca de Tena que llega a una conclusión novelística parecida pero sin tanto artificio y enrevesamiento), para contar lo que hubiera sido una buena historia, pero que se volatiliza por culpa de lo anterior.
Lo mejor:
- el aura del cine detectivesco de los años 40 y 50 en algunas partes de la película, gracias a una lograda fotografía.
- la recreación del ambiente opresivo y enfermizo del centro penitenciario.
- las bellas, aunque crueles, pesadillas del protagonista.
- la banda sonora.
- un acertado trabajo de DiCaprio.
Lo peor:
- el empeño de engañar al espectador y no centrarse en aspectos más interesantes de la psicología y la conciencia humana.
- la escasa verosimilitud de alguna escena.
- se hace algo larga al final, por culpa de esa necesidad de dejarlo todo bien atado y masticado.