REBELDE SIN CAUSA (1955)
- ¿Por qué hacemos esto? - Porque algo habrá que hacer.
FICHA TÉCNICATÍTULO ORIGINAL: Rebel Without a Cause
AÑO: 1955
DURACIÓN: 111 min.
PAÍS: EE.UU.
DIRECTOR: Nicholas Ray
GUIÓN: Stewart Stern
MÚSICA: Leonard Rosenman
FOTOGRAFÍA: Ernest Haller
REPARTO: James Dean, Natalie Wood, Sal Mineo, Jim Backus, Ann Doran, Corey Allen, William Hopper, Edward Platt, Nick Adams, Dennis Hopper
PRODUCTORA: Warner Bros. Pictures
GÉNERO: Drama | Adolescencia. Crimen
SINOPSIS Tres jóvenes, Jim Stark, Judy y Platón coinciden en una comisaría. Cada uno está allí por un motivo distinto: Jim está borracho, Judy se ha escapado de su casa y Platón acababa de matar a tiros a unos cachorros. El inspector Ray descubre que los tres mantienen una relación conflictiva con sus familias.
TRAILER CURIOSIDADES- Se adoptó el título del libro de 1944 del psiquiatra Robert M. Lindner "Rebel Without A Cause: The Hypnoanalysis of a Criminal Psychopath" (Rebelde sin causa: El hypnoanálisis de un psicópata criminal). El filme mismo, sin embargo, no hace referencia alguna al libro de Linder.
- En 1990, Rebelde sin causa fue incluida entre los filmes que preserva el Registro Nacional de Filmes (National Film Registry) de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, por ser considerada «cultural, histórica, o estéticamente significativa».
- La película se estrenó el 27 de octubre de 1955, casi un mes después del fatal accidente que sufrió James Dean. Este filme estableció la imagen de James Dean como el joven rebelde.
- La película originalmente iba a ser rodada en blanco y negro y algunas escenas ya se habían filmado de esa manera, cuando el estudio decidió cambiar a color. La explicación oficial en el momento fue que Twentieth Century-Fox, propietaria del sistema CinemaScope, había ordenado que todas las películas en proceso de filmación tenían que ser a color, pero algunos también creen que la Warner ordenó el cambio para evitar comparaciones con Semilla de maldad (1955).
- Aun cuando James Dean interpretaba a un adolescente, tenía en realidad 24 años. Pudo rodar la película gracias a un parón en el rodaje de Gigante (1956), como consecuencia del embarazo de Elizabeth Taylor.
- Su apellido en la película, “Stark”, es un anagrama del apellido del personaje que interpretó en Al este del Edén (1955), “Trask”.
- Originalmente, en el comienzo de la película, había una pelea en la que una banda golpeaba a un padre, que dejaba caer un mono de juguete en la acera. El estudio pensó que era demasiado violenta, por lo que se cortó. Por eso, Jim Stark sale, durante los títulos de crédito, jugando con un muñeco. Esta escena fue, en realidad, improvisada por James Dean, después de que se rodara durante 24 días sin obtener buenos resultados. Dean le pidió a Nicholas Ray que le filmara, porque se le había ocurrido algo. Lo que improvisó en ese momento fue lo que permaneció como apertura de la película.
- Para el papel de Judy se barajaron actrices como Margaret O’Brien o Jayne Mansfield.
- Los tres actores principales, (James Dean, Sal Mineo y Natalie Wood), murieron en circunstancias trágicas. Dean murió en un accidente de coche, Mineo fue apuñalado y Wood se ahogó. Los tres murieron jóvenes.
- James Dean sufrió graves contusiones en la mano durante la escena de la comisaría de policía, donde físicamente descarga su rabia en una mesa del recinto y tuvo que usar un vendaje elástico durante una semana.
- Para el duelo de cuchillos entre Jim (James Dean) y Buzz (Corey Allen), los actores utilizaron navajas reales y se protegieron con el uso de una cota de malla bajo sus chalecos.
- La piscina vacía en la que los personajes se sientan y discuten sus vidas en una escena, es la misma piscina que fue construida especialmente para la Sunset Boulevard (1950).
- La parte donde Jim y Judy se dan cuenta de que Platón llevaba un calcetín negro y otro rojo no estaba en el guión. Sal Mineo en realidad se los puso de esa forma por error.
- Un final alternativo fue planeado: Platón se cae de la torre del planetario.
- En la escena final donde la cámara se aleja desde el observatorio, el director Nicholas Ray es la persona que camina hacia el edificio.
CRÍTICA¿Quién no guarda en su memoria la imagen de James Dean con su archiconocida y tantas veces copiada cazadora roja, la camiseta blanca que en esos momentos fue lider de ventas en EE.UU y que sigue en boga por todo el mundo y sus ajustados vaqueros azules, “typical american”? Y es que si esta película se considera hoy casi una película de culto, no es porque sea una obra maestra, ni mucho menos, sino porque nos regala algo menos de 111 minutos para admirar, recordar y amar al que, por su trágica y temprana muerte en accidente de coche, se ha convertido, generación tras generación, en uno de los mayores iconos cinematográficos de todos los tiempos: el controvertido y bello James Dean.
Para más inri, si cabe, los otros dos personajes secundarios interpretados por Sal Mineo y Natalie Wood, han coadyuvado a elevar esta película a los altares, pues ellos también murieron jóvenes y en trágicas circunstancias.
Uno de los principales puntos a favor de esta producción de David Weisbart para los estudios Warner es, precisamente, la extraordinaria compenetración entre los tres jóvenes actores y su director Nicholas Ray (En un lugar solitario, Johny Guitar, Amarga victoria), que gozó además en “Rebelde sin causa” de una gran libertad, al contrario que en otras ocasiones de su turbulenta carrera, logrando así acometer uno de sus mejores y más personales trabajos.
La película podría dividirse en cuatro actos. El primero, en la comisaría de policía, donde se encuentran los tres jóvenes rebeldes. Jim Stark (James Dean) que es detenido por estar más borracho que una cuba, Judy (Natalie Wood) que deambulaba por la calle a altas horas de la madrugada por una discusión con su padre y Platón (Sal Mineo) que había disparado a unos cachorritos, frustrado por el caso omiso que le hacían sus padres divorciados. El segundo, sería la toma de contacto de Jim, que acaba de llegar a la ciudad en una continua huída de sus progenitores de sus escándalos pasados, con sus gamberros compañeros de clase y la lucha que se desarrolla al lado del Planetario para que Jim demuestre que no es un gallina. La tercera parte comprendería el trágico suceso de la carrera de coches frente al acantilado, que actúa como resorte para la conclusión final y la cuarta parte es la que se desarrolla en la casa abandonada y en el Planetario.

La temática de la película es clara. Terminada la Segunda Guerra Mundial, la juventud se encuentra en un momento de “rebeldía sin causa” (al menos, sin causa evidente, aunque motivos nos les falten), en espera de los movimientos revolucionarios del cambio que acontecerá en la década de los 60, con la llegada del lema hippy de “haz el amor y no la guerra”. La juventud se encuentra en los 50 como perdida, frustrada y todos esos sentimientos los vuelcan en una violencia casi sin sentido, perfectamente reflejada en un momento de la película cuando se va a disputar la carrera de coches, cuando Jim le pregunta al matón de turno que por qué hacen eso y el otro le contesta, “porque algo hay que hacer”. Nicholas Ray muestra con claridad meridiana el desencanto de esa generación de chicos matones y chicas ligeras de cascos, que buscan el amor de unos padres que no saben comprenderles y que, en algunos casos, ni siquiera están atentos a sus problemas y preocupaciones. En este caso, Jim tiene una madre autoritaria y fría que domina a su pusilánime y condescendiente padre (maravillosa la escena del padre con el delantal de flores de la madre recogiendo del suelo la comida que ha preparado para la “mamá” de Jim y la posterior riña de los tres personajes en el salón y en las escaleras), por su parte, Judy busca el amor de un padre que no entiende que una jovencita de 16 años todavía busque sus besos y atenciones ante la pasividad de la madre y, finalmente, un chico, Platón, cuyos padres se divorciaron y están continuamente de vacaciones y sólo intentan comprar su amor con dinero y regalos. Este es el caldo de cultivo perfecto para que se desencadene la tragedia, pues la rebeldía sin causa se acaba pagando.
Este film no es el único que aborda el problema de la conflictividad juvenil, pues también tratan este tema películas como “Salvaje!” (Benedek, 1953), “Semilla de maldad” (Brooks, 1955), "Malas calles" (Scorsese, 1973) "Rebeldes" (Coppola, 1983) y otras tantas.

Al margen de que “Rebelde sin causa” permanecerá siempre en el imaginario colectivo como la película que alimentó el mito de James Dean, sería injusto relegarla a este papel secundario, pues tiene varios atractivos como una narración coherente, el planteamiento de ideas y reflexiones que trascienden de la trama, la alternancia de los momentos de clímax con otros de anticlímax, la destacable e hipnotizante (aunque a veces también histriónica) actuación de James Dean, el descubrimiento de Sal Mineo, la sorprendentemente madura interpretación de una jovencísima Natalie Wood, una de las más sabias utilizaciones del CinemaScope y la extraordinaria fotografía en Warnercolor de Ernest Haller con acertados contrastes y colores vivos y fuertes que refuerzan la violencia juvenil del drama.
Aunque no sea una obra maestra, sin duda es una película a considerar por cualquier cinéfilo. Atención, además a un joven Dennis Hopper, que la verdad sea dicha, pinta poco en esta película.