EL BAILE DE LOS VAMPIROS
“Soy un pájaro nocturno. No soy gran cosa durante el día”
Director: Roman Polanski
Intérpretes: Roman Polanski, Jack McGowran, Sharon Tate, Alfie Bass.
Año: 1967
SINOPSIS: El profesor Ambrosius (Jack MacGowran) y su joven ayudante Alfred (Roman Polanski) llegan a una posada en Transilvania. Pronto descubren que los habitantes de la localidad viven atemorizados por un vampiro que mora en su aldea.
Mientras que los aldeanos guardan un silencio sepulcral sobre los extraños sucesos que tienen lugar allí, el joven Alfred se enamora de la bella Sarah (Sharon Tate), la hija del posadero. Cuando Sarah es mordida por lo que parece ser un vampiro, Ambrosius y su ayudante deciden emprender la caza del no muerto.
CRÍTICA ÍNTIMA: Infravalorada tragicomedia vampírica
Luego de ser testigo, solo hace un par de días, de una genialidad más del director franco-polaco con su
The Ghost Writer, se me vino a la mente aquella peliculilla que en su momento cierto sector de la crítica especializada la tacho de menor, pero que al paso de los años esta siendo valorada como lo que es:
una obra incontestablemente mayordentro de la extensa y fecunda filmografía de Polanski, una de sus obras más bellas, sorprendentes y, a menudo, incomprendidas. Se puede ver aquí a un Polanski en plena posesión de su talento, durante los años sesenta, con toda probabilidad, la época más feliz de toda la vida del cineasta.
El paso del tiempo no ha ido en contra de
El Baile de los Vampiros, ya que a día de hoy sigue tan viva como entonces, o más aún. El baile de los vampiros, cuyo título original es
The fearless vampire killers or Pardon me, but your teeth are in my neck (algo así como, “los temerarios asesinos de vampiros o perdone pero sus dientes están en mi cuello”) es la primera película en color de Polanski y la cuarta de su filmografía. Polanski no sólo trabaja como actor y director, sino que también es guionista y productor; se las ingenió para convertir una película de terror en una sátira desenfadada, cómica y con una puesta en escena inquietante y por momentos desestabilizadora que el propio cineasta volvería a utilizar en lo que fue su mayor éxito comercial: "La semilla del diablo".
"El baile de los vampiros" se erige, pues, como
una parodia del ya muy trillado en aquel momento subgénero de vampiros.
En el film el cineasta franco-polaco pone en escena los desmanes de unos vampiros homosexuales y promiscuos, así como las locuras de un científico anciano y su inepto ayudante. La película no es, desde luego, de las mejores de la extensa filmografía de Polanski, pero tiene suficientes elementos que despiertan la atención de cualquier espectador.
Ahora bien, el fenomenal diseño de producción, de Wilfred Shingleton, nos introduce con gran precisión en una atmósfera recargada, barroca y deudora de los grandes relatos góticos. De hecho, es un relato de una belleza plástica que no teme adentrarse en las cartografías de lo decadente y lo sinuoso, que de manera muy bella se articula entre la poesía y la comedia zafia. La maestría de Polanski en esta película todavía no es equiparable a la que alcanza con posteriores películas como Chinatown, La semilla del diablo o El Pianista; sin embargo logra hacer una película que deja momentos de gran comicidad en un género que supuestamente no casa con el humor como es el terror; por ejemplo el hijo del Conde Von Krolock,Herbert (Iain Quarrier) muestra un más que incipiente amaneramiento; o el baile final de la película en el que más que una coreografía es una oda al absurdo.
En fín, una muestra Polanskiana de obligado visionado para todos los amantes del cine, que sólo gana con los años y que
brilla con fuerza propia entre el portentoso repoker de ases que su director filmó en los años sesenta. Además, posee el hálito trágico de ser la primera y la última película de la bellísima
Sharon Tate dirigida por Polanski (cuando es de suponer que la hubiera convertido en su musa), ya que como todos sabemos moriría asesinada dos años después por la secta de Charles Manson.
Y lo que llego después...Con el tiempo esta película despertó aún más interés ya que supuso el inicio del romance de Polanski con Tate y todo lo que posteriormente pasó; sin embargo Sharon Tate no es el único protagonista que de esta película tuvo un final trágico.
Jack MacGowran, el actor que da vida al profesor Abronsius murió tras el rodaje de El Exorcista en 1973, en el cuál participó; o incluso el compositor de la película, Christopher Komeda, murió en 1969 en un accidente de tráfico debido a una gran borrachera. Lo que está claro es que es una película que el paso del tiempo la va convirtiendo poco a poco en una película de culto dentro del género de terror... ¿cómico?.
La puesta en escena desplegada por el director, no es la propia de un cineasta de treinta y pocos años, sino la de un consumado profesional del difícil arte de dirigir películas, y la de un maestro técnico de rigurosa e intransferible personalidad. Las secuencias resueltas con perfección formal absoluta son numerosas. De ellas, quiero destacar tres:
1. Rapto de Sarah: magistral secuencia, de montaje y ritmo impresionantes. Inolvidables las imágenes de cómo entra la nieva por el lucernario, la capa roja del vampiro, su descenso lento e hipnótico, el erotismo del mordisco, el punto de vista de Alfred (que descubre al vampiro), para rematarlo todo con el llanto histérico de la madre.
2. Fracaso en la cripta: Inquietante, desternillante, romántica y soberbia secuencia, de gran complejidad, en la que Polanski dilata el tiempo a su antojo. Alfred y el profesor acuden a exterminar a los vampiros en pleno día, pero todo es un desastre. Es más, Alfred se olvida por completo de su maestro cuando encuentra fortuitamente a Sarah. Los actores, perfectos, sobre todo Tate, bellísima y trágica.
3. Baile de los vampiros: Por supuesto, la secuencia técnicamente más compleja y elaborada, la más divertida y la más terrorífica, insuperable climax de este comedia trágica. La coreografía del baile junto con la cámara podría rivalizar con el Ophuls más inspirado.