SALÓ o LOS 120 DIAS DE SODOMA
"Toda esperanza se ha perdido"
Director: Pier Paolo Pasolini
Intérpretes: Paolo Bonacelli, Caterina Boratto, Umberto P. Quinavalle, Helene Surgere.
SINOPSIS:Finales de la Segunda Guerra Mundial. En esta particular adaptación al celuloide de los textos del Marqués de Sade, en la Italia de Mussolini un grupo de jóvenes es secuestrado con el fin de satisfacer los oscuros deseos sexuales de unos cuantos fascistas.
CRÍTICA ÍNTIMA: Reminiscencias del Totalitarismo.
Ateo, comunista y homosexual. Con estos calificativos se describía
Pier Paolo Pasolini, controvertido poeta, novelista, autor teatral, crítico y cineasta, quien construye en este film (considerada por él su mejor película) un retrato de la tortura y la degradación de la Italia fascista en 1944 que sigue siendo generador de apasionados debates, una reflexión e investigación en los ámbitos político, social y en la dinámica sexual que, más allá de la época objeto de la denuncia, definen la clase de mundo en que vivimos. Prohibida en numerosos países,
SALÓ fue estrenada en 1975 tras la muerte de su polémico director, quien fue una de las figuras más influyentes del cine italiano desarrollando su obra entre los años 60 y 70 y de las cuales puedo destacar grandes películas como "El evangelio según San Mateo" de 1964 ( reconocido por El Vaticano como uno de los mejores films sobre la vida de Jesucristo, siendo esto sorprendente porque Pasolini, antirreligioso como era, pasó varios meses en la cárcel en 1963 por sus posturas anti-clericales) o "El decamerón" (1971) entre otras.

Es imposible juzgar “Saló” desde los parámetros del cine tradicional, y hasta el mismo Pasolini declaró que sería perverso interpretarla. Lo que me parece claro es que se trata de transmitir todo el horror del fascismo; en particular, de los 18 meses del reinado de Mussolini en Saló, período en el que 72.000 personas fueron asesinadas. De 1943 a 1945 Italia se dividió, y el norte de Italia pasó a denominarse Republica Socialista Italiana (RSI), un estado títere del nazismo alemán y que estaba comandado por Benito Mussolini, que estableció su cuartel general en la ciudad de Saló. Es por ello que dicho estado fuera conocido mas coloquialmente por la República de Saló. Ahora bien, Pasolini, a través de uno de sus medios de expresión,
el cine, trata de dejar patente el sentido de las atrocidades perpetradas por los nazi-fascistas de las cuales fue testigo hacia el final de la Segunda Guerra Mundial.
La obra de Sade en la que está basada es la historia de cuatro libertinos ricos que encarcelan a varios jóvenes en una elegante villa para someterlos a una variedad inimaginable de torturas sexuales. Aquellos que además conozcan los textos del Marqués reconocerán los discursos del mismo sobre el genocidio del pueblo perpetrado por el poder en nombre del desarrollo llevados hasta sus últimas consecuencias. En Saló, Pasolini mueve a los libertinos sádicos en el tiempo y en el espacio, y cuatro hombres son alentados por las autoridades fascistas para satisfacer sus más depravadas proclividades.
Secuestran varios jóvenes y les encierran en un palacio suntuosamente decorado, donde la locura, la tortura, el abuso de poder, las vejaciones y la muerte se convierten en norma. La narración rescata la estructura de círculos del infierno de Dante Alighieri y está relatada en cuatro capítulos denominados
“Círculo de manías”,
“Círculo de mierda”,
“Círculo de sangre” y un epílogo, a través de los cuales transcurre un horroroso festín de aberraciones: del incesto a la necrofilia, pasando por la coprofagia, la urolagnia, el bestialismo, la pedofilia o la gerontofilia, sin olvidar un notable surtido de torturas, como la castración, la infibulación, la extracción de ojos y lenguas, la amputación y quema de pechos, nalgas o manos.
Cabe decirlo como advertencia, porque la película es
explícita y brutal a la hora de mostrarnos toda su crueldad: un lento descenso a los infiernos, una magistral representación de la parte más oscura del alma humana, tal vez desagradable de ver y difícil de aceptar pero no por ello menos real; aunque, habiendo leído la novela, tampoco se le pueda negar a Pasolini cierta capacidad de síntesis en el recreo de determinadas prácticas, ni dejar de agradecer la distancia suficiente con la que aborda algunas imágenes, sobre todo para escenas particularmente agrias hacia el final de este trabajo.

A estas alturas cualquier buen observador habrá deducido que se trata de una película muy extrema que logra herir la sensibilidad de los estómagos más duros y las mentes más abiertas. Personalmente, me fue imposible verla completa, de hecho la primera vez que la puse no aguanté más allá de la primera media hora, e iba retomándola en determinados momentos, alejados en el tiempo y en pequeñas dosis, pues siempre lograba colmar pronto el límite de mi resistencia. No deja de ser curioso, sin embargo, que a la mayoría de personas con las que he podido comentar este film (y a mí también), nos resulte más repugnante ver a alguien obligado a comer mierda (eso sí, con cucharilla de plata) que muchas de las vejaciones insoportables que en la película se manifiestan.
La película estuvo protagonizada por algunos actores profesionales, modelos, y actores no profesionales. Los 4 señores fueron Paolo Bonacelli, que interpretó al
Duque (poder político, uno de los actores profesionales, que ha actuado también en “El expreso de medianoche” como Rifki), Giorgio Cataldi, como el
Obispo (o poder eclesiástico, solo ha hecho una película más), Umberto Paolo Quintavalle, como el
Magistrado (poder judicial, un escritor que no ha trabajado nunca más en el cine) y Aldo Valletti, como el
Presidente, (poder ejecutivo, escritor y amigo de Pasolini). Los actores que interpretan a las víctimas, estaban elegidos entre modelos juveniles, para que no tuvieran problema en salir desnudos, y tenían entre 14 y 18 años, siendo quizás este uno de los elementos que más hayan contribuido al rechazo o el escándalo. Todo esto se encuentra aderezado con una fotografía de localizaciones interiores bastante buena, que convierte a la mansión donde se desarrollan los hechos en un templo de depravación. La música, compuesta por
Ennio Morricone, es en mi opinión uno de sus mejores trabajos, destacando el tema principal y el tema a piano de cuando va a empezar el final, indiscutiblemente bellos.
Pero, ¿hay algo más tras las crudas imágenes? La respuesta es sí. Una fortísima influencia de la filosofía de Nietzsche (al igual que en las ideas fascistas) impregna toda la película. En la mansión donde se desarrolla la acción los esclavos sexuales tienen prohibido cualquier tipo de manifestación de carácter religioso, siendo está penada con la muerte. Dios ha muerto, los fascistas han tomado su trono y se erigen como superhombres sobre el resto de los seres, sintiéndose con derecho a usarlos para satisfacer sus deseos inmorales y abominables, de la cual se deduce que poder absoluto otorga libertad total sobre el resto de hombres, lo cual desemboca en decadencia moral. En fín, SALÓ,
¿film de carga ideológica o simple perversión visual? En mi opinión lo primero, pero considero que Passolini se deleita enfermizamente en muchas de las escenas y diálogos, creando un ambiente demasiado atormentado y desapacible. Si quieren salir de dudas les aconsejo a que la vean y que se atrevan a situarse a uno de los lados de esa delgada línea que en esta ocasión separa el arte de lo obsceno.
Lúgubre final para un cineasta.
Pasolini nació en Italia en 1922. Con siete años Pasolini empezó a escribir poemas y publicó por primera vez a los 18 años cuando estudiaba en la Universidad de Bolonia. Cuando nace la República de Saló Pasolini tenía entonces poco mas de veinte años, su padre era soldado y un conocido heroe por haber salvado la vida de Mussolini en una ocasión.
Desde 1957 hasta principio de los 70 Pasolini siguió publicando más poemas y ensayos, e incluso un libro de versos, varias novelas y dramas. En 1970 inicia la llamada trilogía de la vida compuesta de tres films: El decamerón(1971), Los cuentos de Canterbury(1972) y Las mil y una noches(1974). Films que escandalizaron a la sociedad europea en mayor o menor medida. Y tras semejantes films, llegó su último film, Saló o los 120 días de Sodoma, que estrenó en 1975, y que fué su último trabajo, porque tras el mismo falleció.
El 2 de noviembre de 1975, Pier Paolo Pasolini era asesinado en Ostia, cerca de Roma, poco antes del estreno de la película. Ser un intelectual incómodo, comunista confeso, hecho que unido a su declarada homosexualidad le convertía en blanco perfecto de los sectores de la derecha conservadora más obstinada, aunque se atribuyó su muerte a un joven que al parecer lo embistió con su coche, porque el director le había hecho proposiciones indecentes, según confesó, y que le empujaron a asesinarlo. En el año 2005 el supuesto asesino de Passolini hizo unas declaraciones de que él nunca mató al director, sino que en realidad fueron tres jóvenes, que al parecer eran parte de una conspiración para acabar con la vida de Pier Paolo Passolini. Unas declaraciones muy polémicas y de las que pienso hay algo de verdad detrás, una verdad que probablemente se conocerá al transcurrir los años. Passolini era antes de su muerte un intelectual ampliamente reconocido y gozaba de una posición económica acomodada pero, como he comentado, la polémica que le rodeó en vida se agudizó en los últimos tiempos, y la Italia «oficial» de la época acabó por hacerle pagar.
La primera palabra que se me viene a la cabeza al recordar las imágenes de esta película es
"IMPACTANTE".
Entre las cuales me impactó profundamente:
Las narraciones que las "madames" contratadas a tal efecto cuentan a los integrantes del castillo para crear el ambiente erótico exigido. Ver a esas mujeres decadentemente maquilladas, contribuyendo al mercado de la carne de unos adolescentes, con historias repulsivas, a fin de contribuir al placer de los sádicos es algo ciertamente turbador para todos aquellos que no crean que la pederastia sea algo sano y bonito.

La escena en donde meten en una masa de comida varios clavos y obligan a una bella joven a comerse la bola de masa, mientras los clavos le destrozan la boca por dentro.
BRUTAL.

El Presidente, el Duque, el Obispo y el Magistrado deciden
casar a sus cuatro respectivas hijas, en una bizarra y libertina ceremonia.
La del banquete con heces como plato principal: la famosa escena en donde los jóvenes a punta de fusil son obligados a comer montañas de excrementos humanos. Escena difícil de olvidar, no por el gore en sí, sino por su inhumanidad e insensibilidad.
Escena final: Orgía sangrienta, un catálogo de tortura, desde cráneos desollados, extracción de ojos y lenguas, hasta la amputación y quema de pechos, nalgas o manos.
