Inland Empire
Periodista Indignado: - ¿Algo de esto tiene sentido?
Un Lynch absolutamente flemático: - Por supuesto que sí. Todo
Intercambio de palabras tras la proyección de INLAND EMPIRE en el Festival de Venecia 2006
SINOPSIS: La historia de un misterio en un mundo dentro de otros mundos, que se revelan alrededor de una mujer. Una mujer enamorada y en problemas. Un suburbio de Los Ángeles. Una mujer desaparecida. Un misterio sin resolver.
CRÍTICA ÍNTIMA: Lo mejor y lo peor de Inland EmpireTodas las veces que veo alguna película de Lynch, ya sea las clásicas (Erasehead, El Hombre Elefante, Terciopelo Azul) o las más modernas (Lost Highway Muholland Drive), me da la sensación de ser éste un hombre que hace cine porque deseaba que los dibujos de sus pinturas se pusieran en movimiento.
David Lynch no sólo es director y guionista, sino que también ha trabajado como productor, fotógrafo, dibujante y compositor. Y es que, ¿quién no ha oído hablar de sus películas, ya sea para bien o para mal?
Recuerdo la expectativa que armó
Inland Empire antes de su aterrizaje en los cines. Por los antecedentes de su realizador, por el reparto de lujo, y por el material del que partía, la película dio que hablar desde mucho antes del estreno. Demasiado. Luego de ver Inland Empire por una segunda vez en 4 años, las emociones fueron las mismas,
se balancea peligrosamente entre lo incoherente y lo innovador, manteniendo la proporción de milagro.
Encontrar el argumento oficial de ‘Inland Empire’ es algo sencillo: Nikki, actriz casada, recibe la oferta de trabajo en una película dirigida por Kingsley. Su coprotagonista se llama Devon. Nikki interpretará a Sue, mientras que Devon será Billy. Terminan en la cama y comienzan a usar los nombres de sus roles en el filme. A partir de este punto, es imposible dilucidar si Nikki es Sue o Sue es Nikki. Imposible o innecesario, según se mire. Sin embargo, la película de Lynch aspiraba a ser mucho más ambiciosa que todo eso. Se supone, vamos, viniendo de él. Porque ciertamente lo que vemos, lo que Lynch nos entrega, comparado con sus trabajos anteriores, es muy decepcionante.
Metraje excesivo, egocentrismo descontrolado y un montaje erráticoVamos a empezar con lo peor. El cineasta rodó sin tener una idea previa y con la libertad que le ofrecían las pequeñas cámaras digitales. Durante más de dos años, y apoyándose en la sólida labor de
Laura Dern, Lynch rodó la historia de “una mujer en apuros”. En suma, Lynch utiliza las nuevas tecnologías para realizar un proceso de “escritura automática” que rara vez hemos visto en el cine. Esta opción de la “escritura automática”, sin embargo, se ha realizado en otras disciplinas artísticas muchas veces con excelentes resultados. En el caso de ‘Inland Empire’, creo que David Lynch fracasa en su intento porque la libertad con la que ha rodado más de una escena MUY intrigante y seductora ha quedado traicionada en el proceso de montaje. Voy a intentar explicar por qué.
‘Carretera perdida’ y ‘Mullholland Drive’ son películas primas hermanas de ‘Inland Empire’: en las tres, la figura de el/la protagonista queda rota, repetida. Eso da lugar a estructuras narrativas diferentes. En el caso de
‘Carretera perdida’ es la enfermedad mental llamada fuga psicogénica la que nos da una explicación sobre el inesperado “cambio” del protagonista. En
‘Mullholland Drive’ se recurre a una explicación de la mecánica del sueño bastante menos interesante. Pero, en estas dos películas, a diferencia de ‘Inland Empire’, la información, lo novedoso, lo que introduce sorprendentes elementos de interés en la trama, está adecuadamente dosificado. Sobre todo en ‘Carretera perdida’, Lynch juega con las convenciones del género y con lo que descoloca al espectador con gran habilidad. Lamentablemente, éste no es el caso en ‘Inland Empire’.

La película arranca con cierto interés, contándonos la historia de una actriz de Hollywood que vuelve a actuar en una película de prestigio. Alrededor de ese rodaje se va creando un aura de misterio, de maldiciones, de leyendas polacas, de celos que bordean en el homicidio y, de repente, sucede lo inesperado (no voy a entrar en spoilers). Hasta ahí, todo bien. Pero, en vez de saber administrar la tensión de ese giro inesperado, David Lynch se lanza a una orgía de escenas desconectadas, a abrir nuevas subtramas, a multiplicar por mil la presencia de personajes absurdos… Y ya nada consigue crear el mismo efecto que la sorpresa inicial: mediante la pura saturación del sinsentido se consigue que nada sea novedoso. Pero los problemas continúan.
El problema fundamental de ‘Inland Empire’ es de montaje. Si el sinsentido en el que se mete Lynch a mitad de película es tan grande como desestructurado, el montaje va a traicionar mucho la idea inicial de “escritura automática” de Lynch. A partir de la hora y media de esta desmesurada película lo que se va a hacer es repetir las tramas/escenas una y otra vez, sin ninguna progresión (la “confesión” que le hace Laura Dern a un polanskiano señor de gafas es especialmente insoportable) en un intento de buscarle un “sentido” a la película a puro golpe de asociación de imágenes. Todo es tan artificial como tedioso. Y estos problemas se hacen cada vez más graves conforme Inland Empire llega al final de sus tres desmesuradas horas: se intenta retomar todo lo expuesto, se hacen flashbacks de la intrigante y afortunada escena inicial donde una vieja polaca explica a Laura Dern “el origen del mal”. Se intenta dar una especie de coherencia y sentido a lo que jamás lo tuvo durante el rodaje. Y todo huele a falso. Y lo más ridículo aún: Lynch intenta, a golpe de música, crear un clímax emotivo con personajes que prácticamente no habíamos visto a lo largo de tres horas. Claro, no lo consigue: estamos en las antípodas del famoso “Dick Laurent is dead” de ‘Carretera Perdida’.

Quizá lo que más evidencie el fracaso de Lynch sean los planos de las tres personas con máscaras de conejo en un cuarto de estar. Lo primero: se trata de un gastado recurso muy de “escuela de cine”, Lynch es mucho más interesante a nivel de imagen que todo eso. Lo segundo: estos planos provienen de una serie de cortometrajes titulada ‘Rabbits’ que, posteriormente, Lynch incorporó, porque sí, al montaje de Inland Empire con recursos tan tontos como que Laura Dern llame a un sitio y agarren el teléfono los conejos o que Laura Dern entre en una habitación vacía que era el decorado en el que estaban éstos. En fin, lo que ya comenté: un pésimo montaje intentado dar coherencia y unidad lo que no la tiene y, al final, consiguiendo una obra farragosa y caótica que es posible que ni siquiera guste a los admiradores de ‘Carretera perdida’.
Formato DV, la estupenda Laura Dern y un prologo prometedorPero vayamos ya a lo mejor de la película, que no quiero dar una idea equivocada. Quiero hacer una mención al vídeo digital. En el mundo en que vivimos, cada vez más personas tienen una cámara mini DV o un móvil que graba vídeos. La cantidad de imágenes se ha multiplicado y, con ella, los contenidos, lo que se considera novedoso o extraño. Y muchas de esas cosas se han rodado en mini DV. Lynch ha tenido la sabiduría y la valentía de entenderlo y ha rodado en un formato DV que no pretende pasar por cine. Antes bien, las imágenes están reventadas, estalladas, sin tener miedo a cierto feísmo, y sólo los muy puristas podrán decir que lo que Lynch ah hecho no tiene ningún interés visual. Si tan sólo se hubiese preocupado por saber estructurar su historia, probablemente estuviésemos ante una intrigante película que apasionase a sus defensores y radicalizase aún más a sus detractores.

Lynch se rodea de actores de prestigio y calibre para esta película, pero la que lleva en sus hombros esta cinta es la guapa y magnifica Laura Dern, es la que carga con todo el caos. Su actuación es
impactante y desgarradora, transmitiendo la situación tan delicada que vive su personaje sin caer en la sobreactuación, pasando por diferentes roles durante todo el metraje, mostrando la angustia y el sufrimiento que lleva una persona por dentro. Porque en definitiva, de eso es lo que trata esta Inland Empire, de una mujer en problemas, que se ha perdido dentro de ese complejo mundo que es el alma humana. Si bien Inland Empire supone redescubrir a una inmensa actriz, ella debe haberlo pasado bastante mal construyendo un personaje que va dando tumbos a lo largo de todo el metraje, siendo cosas muy diferentes cada vez, mareándose por gracia de un guión inexistente. Lynch perdió una buena oportunidad, a ver si se ha dado cuenta.
La primera parte del film es la magistral pieza típica del genio de Montana: mundos oníricos, extraños personajes, dobles (y terceras) personalidades, la confusión de la realidad y la ficción... Todo parece ser parte de un complejo engranaje de sueños y pesadillas, con miles de detalles que se escapan al ojo pero que se mantienen en la mente. Pero eso, lamentablemente, "solo" llena la primera hora y media de película. En cuanto a la parte técnica, tenemos unos primeros (primerísimos) planos que nos hacen ver los mismos poros de la piel de los personajes, una fotografía que otorga suciedad y falsas apariencias a los escenarios, ajustes con las luces imposibles y un acabado técnico que da una sensación de proximidad inquietante, como si estuviéramos viviendo el sueño/pesadilla en el que está sumergida la protagonista.
En fin, decir a estas alturas que David Lynch tiene un sello propio no es una obviedad, es una verdad universal. Y es que el término "Lynchiano" es aplicable a todas y cada una de sus obras, desde las más simples hasta las más complejas. Posee una innegable potencia visual, desgarradora, oscura y siniestra. Podríamos decir, según estos términos y como cabía esperar, que su Inland Empire es otro ejercicio Lynchiano. El problema, quizás, es que lo es de una manera demasiado excesiva. Por mi parte, como seguidor de este gran director, espero con ansia un nuevo proyecto menos avaricioso y más en la línea de las pequeñas joyas que nos ha dejado para la historia del cine. Porque Lynch vale eso... y mucho más.
NOTA: 4/10