HUNGER (2008)
"Alguien tiene que ser el primero"
FICHA TÉCNICATÍTULO ORIGINAL: Hunger
AÑO: 2008
DURACIÓN: 92 min.
PAÍS: Irlanda
DIRECTOR: Steve McQueen
GUIÓN: Steve McQueen, Enda Walsh
MÚSICA: Leo Abrahams, David Holmes
FOTOGRAFÍA: Sean Bobbitt
REPARTO: Michael Fassbender, Liam Cunningham, Liam McMahon, Lalor Roddy, Stuart Graham, Brian Milligan, Dennis McCambridge, Helena Bereen, Nadia Cameron-Blakey
PRODUCTORA: Coproducción Irlanda-Reino Unido; Blast! Films / Channel Four Films / Film4
GÉNERO: Drama carcelario.
PREMIOS- Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor Ópera Prima.
- Premio Cámara de Oro de
Un Certain Regard en Cannes al director Steve McQueen.
- BAFTA: Premio Carl Foreman a Steve McQueen como el director más prometedor de 2009.
- Festival de Venecia: Premio Guzzi para Steve McQueen.
SINOPSISDescribe la vida en la Maze Prison, una cárcel de máxima seguridad de Irlanda del norte, a través de los acontecimientos que tuvieron lugar en 1981 con motivo de la huelga de hambre del IRA, liderada por Bobby Sands.
CURIOSIDADES- Contiene la secuencia sin cortes y cámara fija más larga de la historia: 16'50 minutos. Para rodarla, el actor que interpreta al cura (Liam Cunningham) se fue a vivir con el actor que interpreta a Bobby Sands (Michael Fassbender), llegando a preparar la escena 13 veces al día, puesto que se trata de un largo diálogo entre los dos personajes.
- Michael Fassbender, que interpreta el papel del activista del IRA Bobby Sands, tuvo que adelgazar 16 kilos para rodar las escenas finales. Para ello, daba largos paseos, se ejercitaba con un vídeo de yoga y sólo comía una lata de sardinas cada noche. De todas formas, siempre estuvo bajo supervisión médica.
- Uno de los que hacen de médico en la película lleva tatuadas en sus dedos las letras "U.D.A": Ulster Defence Association, una organización paramilitar de Irlanda del Norte.
CRÍTICACon un nombre tan legendario en la historia del séptimo arte, Steve McQueen (Londres, 1969) parecía predestinado a formar parte de la industria del cine, a pesar de sus dotes como futbolista y sobre todo como artista (escultor). McQueen, que no tiene nada que ver con el actor americano, se ha definido a sí mismo como un seguidor de la
nouvelle vague y de las películas de Andy Warhol. Sus dos primeras obras “Bear” (1992) y “Deadpan” (1997) son en blanco y negro y sin sonido, dos datos importantes que van a reflejarse en éste, su primer largometraje internacional, pero aún desconocido por buena parte del gran público.
“Hunger” es un ejercicio de minimalismo, arriesgado pero exitoso, así como un prodigio de estructura, en el que se alterna la presentación de personajes para narrar los acontecimientos que tuvieron lugar en la prisión de Maze (Irlanda del Norte) en 1981. La película comienza mostrando el día a día de un guardia de prisiones británico. Con gran estilo narrativo, McQueen hace una presentación sutil de uno de los personajes de la historia, escogiendo los detalles más trascendentes aunque al principio puedan no parecerlo: unas manos sumergidas en agua caliente, unas migas que caen sobre una servilleta y son tiradas al suelo y un ritual de seguridad para comprobar que no hay bombas bajo su coche. Notamos en su mirada que algo no va bien, descubrimos sangre en sus nudillos y le observamos fumando y sudando, en mangas de camisa, bajo la nieve.

Otro personaje entra en escena. Es un nuevo prisionero del IRA que se niega a ponerse el uniforme carcelario, así que los guardias escriben “no conforme” en su ficha y le dejan desnudo, pertrechado sólo con una manta. Seguimos a este preso hasta su celda, un repugnante cubículo con las paredes pintadas con mierda de arriba abajo y, en medio de la pocilga, otro preso casi paleolítico, con larga melena y descuidada barba. Algunos detalles radiofónicos y en forma de mínimos mensajes de papel nos van situando en el momento histórico en el que nos encontramos: las luchas y presiones protagonizadas por los presos del IRA, que reclaman ser considerados presos políticos por el gobierno de Margaret Thatcher y que, para ello, han sostenido una frustrada huelga de hambre y, ahora, lideran una huelga de limpieza y, por eso, las heces decoran sus celdas. La respuesta de las autoridades de la prisión es brutal, violenta, extrema. Sin embrago, en estos primeros compases el director no parece posicionarse, pues primero nos puso en la perspectiva del guardia británico y, poco después, nos enseña la conmoción de un joven policía, que llora desconsolado ante las atrocidades detrás de una pared.

Tras casi una hora de película, con apenas alguna frase aislada, llama la atención el absoluto aislamiento de los personajes, que apenas interaccionan o se comunican, pero que intuimos claramente como parte de un grupo, lo cual, se manifiesta en las escenas conjuntas de los policías y en una de las mejores escenas de la película, la reunión en misa de los presos, que no hacen caso al pobre cura, sino que se pasan mensajes unos a otros. Llegamos así a la escena central y clave del largometraje: un largo diálogo de 16’50 minutos, rodado con cámara fija y sin cortes, en el que el cura y uno de los cabecillas del IRA, Bobby Sands, que hasta entonces no había tenido apenas protagonismo, discuten sobre los planes del segundo de comenzar una nueva huelga de hambre, esta vez en serio, así como las motivaciones y las repercusiones que estos actos llevarán consigo.
Es una escena muy complicada, pero que es llevada con soltura por ambos actores y que cuenta con unas reflexiones ciertamente interesantes relacionadas con la infancia del activista.
La última parte muestra la huelga de hambre de Bobby Sands con una vuelta a los silencios, a la dureza, a la sencillez y al minimalismo.
La película se recrea en el silencio, en las pausas, en la tranquilidad. No hay música, ni falta que hace. Poco hay que decir ante las espeluznantes imágenes que van a sucederse. Todo lo contrario al cine palomitero. Por ello, entre otras razones, hay que ver esta película. Si en un lado de la cuerda se sitúan los directores comerciales, que son sus millones, sus explosiones, sus efectos especiales, tiran firmemente de un lado de la soga cinematográfica, necesitamos directores que tiren desde el lado contrario: el incómodo, el personal, el innovador. Así el pañuelo queda situado en el centro y todos contentos.
Destacar el impecable trabajo de Michael Fassbender (habrá que seguirle la pista) y el respeto a “los mayores”, con claras referencias a las fuentes cinematográficas, sobre todo las carcelarias.
Sólo para espectadores pacientes, capaces de saborear una película cocinada a fuego lento.
Un
8'75