127 HORAS
"Upppsss"
FICHA TÉCNICATÍTULO ORIGINAL: 127 Hours
AÑO: 2010
DURACIÓN: 93 min.
PAÍS: EE.UU.
DIRECTOR: Danny Boyle
GUIÓN: Simon Beaufoy y Danny Boyle (basado en la biografía de Aron Ralston)
MÚSICA: A.R. Rahman
FOTOGRAFÍA: Anthony Dod Mantle, Enrique Chediak
REPARTO: James Franco, Kate Mara, Amber Tamblyn, Clemence Poesy, Treat Williams, Kate Burton, Lizzy Caplan
PRODUCTORA: Fox Searchlight Pictures / Pathé
GÉNERO: Drama. Aventuras. Basado en hechos reales.
SINOPSISDramático relato centrado en la figura del alpinista Aron Ralston, quien tras sufrir un accidente de montaña recorriendo en solitario un remoto cañón del sureste de Utah, en Estados Unidos, se vio obligado a amputarse su propio brazo para poder sobrevivir.
CRÍTICADanny Boyle (Reino Unido, 1956) es uno de esos directores a los que no se les podrá achacar la falta de personalidad o el ser un director maleable a la hora de realizar la última película taquillera del momento. Esto último, es decir, la excelente recaudación en taquilla, lo logra gracias a un inteligente marketing (que consigue a base de ahorrar innecesarias cantidades de dinero en la realización de sus largometrajes, generalmente “baratos”) y a la expectación que causan sus películas gracias al boca a oreja, porque al cine de este británico nervioso le puede sobrar cualquier cosa menos la indiferencia en el espectador, pues genera pasiones y aversiones a partes iguales.
A todos aquellos a los que les hayan atraído sus anteriores trabajos, esta es su película, porque lleva el gran sello de la casa: ese poderío visual, esa vivacidad en los planos y composiciones, el nerviosismo en la manera de narrar y la orgía sensorial, heredada o emparentada con los videoclips y especialmente con el mundo del skate. Para lograr esa chispa inconfundible cuenta, en primer lugar, con un frenético montaje, que elimina cualquier sensación estática consecuencia de la lamentable situación del personaje que no puede moverse durante 127 horas al tener su brazo aprisionado bajo una pesada roca, en segundo lugar, con una animada explosión de colores en una remarcable fotografía de Anthony Dod Mantle (conocido por sus incursiones tanto en el cine Dogma “Festen”, “Dogville”, “Anticristo”, como en el propio cine de Boyle, “28 días después” o “Slumdog Millionaire” por la que ganó el Oscar en 2009) y, en tercer lugar, con una banda sonora bastante ecléctica y llamativa de A.R. Rahman (que también consiguió el Oscar por “Slumdog Millionaire”), y que, más que acompañar la trama, la moldea a su voluntad, convirtiéndose en protagonista en diversas ocasiones (magnífico el comienzo y el final a cargo de Sigur Ros, así como la colaboración de Dido).

De lo anterior se deduce que nos encontramos con el Danny Boyle elevado a la enésima potencia, es decir, ese que hacía de las suyas en la criticada “La playa”, con momentos de videojuego incluidos, o en “Sunshine” con una parte final algo confusa, o con las secuencias más delirantes de “28 días después” o “Slumdog Millionaire”. Por ende, los que han salido escaldados de los ensayos postmodernos del británico, terminarán bastante decepcionados o descolocados con esta obra si no se someten sin remisión a las premisas visuales efectistas y algo alocadas y se dejan agarrar de la solapa desde unos títulos de crédito que ponen las cartas sobre la mesa bajo los acordes de “Never hear surf music again” de Free Blood, hasta un desenlace en el que acabaremos exhaustos y sin aliento.
Destacar la actuación de James Franco, que lleva sobre sus hombros la casi totalidad de la trama, aunque no toda a diferencia de Ryan Reynolds en “Buried”, y al que hay que elogiar el temple hasta en las escenas más conmovedoras, sin pasar la línea de la exageración en ningún momento, sino que consigue una interpretación contenida que sólo traspasa la pantalla exactamente en el momento en el que debe de hacerlo y, en ese momento, esos ojos vidriosos, esa mirada perdida hacia la esperanza del que está punto de ser vencido en la batalla, remueven de sus asientos hasta al espectador más apático.

Las comparaciones con la citada cinta de Rodrigo Cortés son inevitables, aunque odiosas. Como puntos en común sólo encuentro la angustiosa situación que vive el personaje principal, que se desborda hasta la platea o el salón de casa y hace que todos terminemos con el corazón en un vilo y algo de ansiedad y taquicardia. Pero hay dos diferencias esenciales, entre otras muchas, la primera que en “Buried” el director nos entierra bajo 6 listones de madera y de ahí no podremos salir (sin recuerdos, personajes secundarios, flashbacks o historias paralelas), mientras que en “127 horas” se alterna la historia principal con otras subtramas algunas muy logradas y otras un poco tramposas, y la segunda diferencia es la forma de dirigir, que no se parece en nada, más tirando hacia la planificación estratégica e inteligente heredada de los clásicos en el primer caso y más hacia el vibrante pastiche postmodernista en “127 horas”. Por ello, no creo que necesariamente estas películas vayan a encontrar los mismos adeptos, pues a algunos les gustarán ambas y a otros puede que sólo una.
Finalmente, para aquellos que están esperando ver la película sólo para echar el ojo al momento “gore” de la aventura, que tanto ha dado que hablar con rumores sobre desmayos en las salas de cine presuntos o verdaderos, no negaré que la tendencia es a apartar la vista ante el sufrimiento del alpinista, pero aún dirigiendo la mirada hacia la escabechina, un espectador medio que haya visto películas de terror o violentas de las de ahora, no sentirá tanto rechazo como se publicita.
Para los que quieran emociones extremas y un fuerte hálito de vida.
Lo mejor:
- La dirección y el montaje que te llevan por una montaña rusa de sensaciones sin tregua hasta dejarte exhausto.
- La fotografía y la banda sonora.
- Se hace muy corta (buena señal)
- James Franco, tremendo como actor (y de lo otro también)

- El momento "show televisivo"
Lo peor:
- Cierta irregularidad.
- Algunas trampas en las tramas subsidiarias.
- No apta para espectadores conservadores en la técnica cinematográfica, ni para los fácilmente impresionables.
Un
7'75