En la ciudad sin límites
SINOPSIS:
Víctor (Leonardo Sbaraglia) llega con su novia a París, donde toda su familia está reunida en torno a su padre enfermo (Fernando Fernán-Gómez), un importante empresario al que le han diagnosticado un tumor. Un día, sorprende a su padre intentando escapar de la clínica. Víctor, conmovido por la soledad del anciano, intenta ganar su confianza y conviertirse en su cómplice.
COMENTARIO:
Ni la conocía, y al llegar a casa puse la tele y vi que estaba empezando. Iba a cambiar y mi padre me dijo que la dejara, que es buena. Entonces la dejé y, bueno, fue una suerte.
La película se presenta con un misterioso comienzo: Max (Fernán Gómez) sube al tejado del hospital en el que está internado y arroja un botón al vacío. Nadie sabe por qué.
Luego simplemente se nos muestran las partes que componen la película, una familia aparentemente bien hecha y relativamente feliz.
Lo realmente genial de esta película es que combina de una forma magnífica un drama familiar y la intriga del comportamiento de un hombre mayor que ya roza la muerte, hasta que al final se consiguen incluso unir estos dos aspectos tan diferentes. Encontramos amor y desamor, fantasía y cordura, misterios y respuestas. Todo parece de una extrema sencillez, pero desde las actuaciones; donde me encuentro con un Sbaraglia que, a pesar de ser lo primero suyo que veo, se convierte en un grande para mí; a Fernán Gómez, ese sí que ya sabía que era un grande, pero se reafirma aun más; a Chaplin (Geraldine), que logra ser tan repelente o más de lo que manda ser; y unos secundarios que están muy bien en sus papeles; hasta el argumento, con su guión, que enganchan complicándose de una forma tranquila, sin giros bruscos, mejor llamados armónicos cambios y que cuenta también con hábiles diálogos; pasando por una música brillante, con dos patrones, una para la intriga, que recuerda sin ninguna duda al estilo de Zimmer (Una orgía de sonidos en una escena en que el chico entra por las puertas del hospital, no tiene nada, pero la música lo hace todo) y otra para el dramón, un conjunto de violines, violoncelos y semejantes que acompaña y sazona un tremendo final, un final de lagrimita.
En cuanto a escenas me quedaría con muchas, pero el final es sin duda un clímax perfecto, la carta que dejó el padre son sentimientos hechos letra. También hay otras muchas escenas muy buenas de enfrentamiento con la madre o de amistad con el padre, sin olvidar los momentos de amor que quedan como anillo al dedo.
No me quiero adentrar en el argumento porque los problemas de la familia son pura intriga y no me gustaría desvelar mucha cosa.
Vaya, no me ha quedado la crítica como quisiera, pero bueno, lo esencial se entiende, que me ha fascinado.
Lo dejaré en que ha sido una de las primeras sorpresas de este año, ¡y por los pelos no la veo!. Os animo a echarle un vistazo

8'5/10