Woody Allen es uno de mis más admirados directores y el único creo que me he visto todas sus películas (menos la del año pasado con el Banderas que la veré en breve) aunque por mi mala memoria recuerde ya ligeramente sus obras clásicas (les debo un re-visionado).
Mucha gente coincide en decir que el director ha vuelto, que es de sus mejores pelis junto a los clásicos y aunque como digo por mi mala memoria no puedo comparar objetivamente unas y otras, yo diría que nunca se fue, que pueden ser más brillantes o menos pero siempre ha hecho un cine interesante demasiado castigado por esa espada de damocles comparativa y seguramente algo injusta con sus primeros trabajos.
De hecho aunque tiene un aroma a clásico imposible de negar a mi me parece que va en sintonía con sus últimas obra donde nos habla sobre la insatisfacción personal y el recalcar en esta etapa de su vida la necesidad de hacer lo que nos apetece con quien nos apetece.
Para ello nos sitúa en París con un matrimonio (
Owen Wilson y
Rachel McAdams, geniales ambos en sus papeles, a destacar el primero que ha hecho ya alguna cosa más que decente pero al que estamos acostumbrados a ver en papeles chorra en pelis idem y el director sabe sacar en esta lo mejor de él) que está a punto de casarse pero viajan a la ciudad por motivos laborales del padre de ella y se acoplan al plan.
Él un escritor de guiones de cine que ahora está enzarzado en una novela y ella odiosa hasta más no poner por no apoyarle a él en nada, hacerle un feo tras otro, manipuladora y pedante. De nuevo el director (acusado de misogínia en más de una ocasión) saca en "sus" mujeres la parte más oscura (y real por desgracia muchísimas veces) del sexo femenino. Es la típica pareja de la que te preguntas que por qué están juntos. Lo mismo se preguntan los suegros que son aún más detestables que la hija.
Por si no la odiamos ya suficiente se une a sus paseos parisinos
Michael Sheen y su mujer, con el cuál la pareja del protagonista hace palmas cada vez que abre la boca y besa el suelo por donde pasa. Intelectualoide que parece saber de todo y que deja un rastro de pedantería a cada paso que da. Woody nos muestra que se puede ser inteligente sin necesidad de ser pedante y la rabia que pueden llegar a dar este tipo de personajes.
El planteamiento de la cinta y el transcurso de la misma se basa en los paseos del protagonista por la noche parisina, buscando inspiración para sus libros y aunque como digo es el hilo conductor de la cinta, se sepa a los 10 minutos y no resulta realmente un spoiler, lo comentaremos oculto entrando en detalles sobre ello respetando que el director así haya promocionado la cinta no contando nada de ello en sinopsis, trailers y todo el mundo parece que lo esté respetando....
Y es que aunque la primera vez parece fruto de la borrachera, cada noche pasadas las 12 y yendo a un punto concreto un coche lo recoge y lo traslada a sus amados años 20, donde conocerá a gente como Ernest Hemingway, F. Scott Fitzgerald, Picasso entre otros. Especialmente me gustaron los momentos de Dalí (exagerado acento catalán del Adrian Brody que parecía Punset, tengo curiosidad de saber como habrá sido en la V.O.) con los surrealistas Buñuel y cía.
No olvidar a la preciosa Marion Cotillard que es sencualidad pura en cada escena.
La verdad que me sentí algo ignorante y me repetí a mi mismo lo que tantas veces me digo de "tienes que leer más" por conocer a casi toda la gente de nombre pero poco más, no conociendo sus vidas, sus obras, ect. Al que si reconocí nada más verlo por su tamaño y por estar sentado dibujando en el Moulin Rouge fue a Toulouse-Lautrec.
Evidentemente pocos espectadores esperarán que nos hablaran del tema del viaje en el tiempo más técnicamente y en plan ciencia ficción y no es la cinta para ello ni queda coja en ningún momento en este sentido.
La reflexión que nos ofrece Allen en la cinta (y la únca frase aprovechable que dice el pedante) es que nos creemos que el pasdo pasado siempre fue mejor. El protagonista adora el París de los años 20 y seguramente los que vivían en los años 20 adorarían otra época anterior y así pasará siempre, por el miedo del enfrentarse al presente y la nostalgia y como digo idea seguramente equivocada de que el pasado siempre fue mejor.
Se nota la mano del director y el cariño que tiene por las ciudades donde rueda (como hemos podido ver tantas veces con su querida New York o incluso años atrás con Barcelona) y arranca la cinta con un largo paseo por las calles y monumentos parisinos y cada secuencia de toda la pelicula respira admiración por sus calles.
Una comedia que personalmente no me ha causado carcajadas (no las saco a menudo de todos modos) pero cargada de mimo e ingenio. Un
7