EL ÁRBOL DE LA VIDA (THE TREE OF LIFE) (2011)
"La única forma de ser feliz es amar"
FICHA TÉCNICATÍTULO ORIGINAL: The Tree of Life
AÑO: 2011
DURACIÓN: 138 min.
PAÍS: EEUU
DIRECTOR: Terrence Malick
GUIÓN: Terrence Malick
MÚSICA: Alexandre Desplat
FOTOGRAFÍA: Emmanuel Lubezki
REPARTO: Brad Pitt, Sean Penn, Hunter McCracken, Jessica Chastain, Fiona Shaw, Crystal Mantecon, Pell James, Joanna Going, Kari Matchett, Michael Showers
PRODUCTORA: Fox Searchlight Pictures / Riverroad Entertainment
GÉNERO: Drama
SINOPSIS Años 50. El film narra la evolución de Jack, un niño que vive con su madre (Jessica Chastain), que encarna el amor y la bondad, mientras que su padre (Brad Pitt), que representa la severidad, es el encargado de enseñarle a enfrentarse a un mundo hostil. Sean Penn interpreta a Jack en la edad adulta. Por otro lado, se trata también la historia del Universo desde sus orígenes.
CRÍTICAQue Terrence Malick no es un director de cine al uso, ya no se le escapa a nadie. El hecho de que en 40 años haya rodado sólo cinco películas, y no cinco películas convencionales, denotan que es un director peculiar, que quiere hacer las cosas a su modo y eso, por supuesto, se refleja en su cine. Actualmente tiene dos nuevos largometrajes proyectados para 2012 y 2014, un drama romántico "The Burial" y un documental sobre el universo "The voyage of time", que seguirá la línea de lo que se ve en esta obra que nos ocupa, que dedica, nada y más y nada menos, que 16 minutos a la creación del universo, con imágenes espectaculares que parecen sacadas de un documental de la BBC.
Parece que la idea inicial de "El árbol de la vida" surge después de rodar "Días del cielo", cuando Malick empezó a barruntar un ambicioso proyecto llamado "Q", que después fue abandonado, o al menos, congelado, hasta que unió todas la piezas necesarias para afrontar este, su más controvertido trabajo. Ganadora de la Palma de Oro del 64º Festival de Cannes, es público y notorio que en el propio festival cosechó aplausos y abucheos a partes iguales, porque nos encontramos con una obra que no puede dejar indiferente a nadie. Incluso algunos de los partícipes en la cinta, como Sean Penn, parece que en las ruedas de prensa estaban bastante perdidos, preguntándose todavía qué habían interpretado y cuál era el sentido de su personaje.
No llega a tanto la película de Malick, es decir, que no es una película compleja en cuanto a guión o que no pueda ser comprendida tras la primera aproximación a la misma. No estamos ante un David Lynch, ni ante un Nolan, ni mucho menos. Pero sí es cierto que se trata de ese tipo de películas que, afortunadamente, te obligan a mantener un enconado debate después de su visionado, porque son muchas las preguntas que plantea y el propio tema, que camina por los derroteros de la religión, se presta a divagar sobre el sentido de la vida humana, las creencias o nuestro papel en el mundo.

Lo que nos cuenta es muy simple. Jack (Sean Penn) se enfrenta a los recuerdos de su vida, que tienen que ver con su vida familiar en los años cincuenta en Texas, con una madre dulce y cariñosa (Jessica Chastain), un padre autoritario y severo (Brad Pitt) y unos hermanos con los que pasa su infancia entre juegos y travesuras. Hasta aquí, todo normal. El problema es que no es una película de inicio, nudo y desenlace, sino de pinceladas narrativas, en la que apenas se desarrollan diálogos coincidentes en un momento temporal, sino más bien frases sueltas y reflexiones, con un uso continuado de la "voz en off".
Lo que más llama la atención en "El árbol de la vida" es la forma de narrar y de dirigir. Malick no rueda planos, baila, anda, avanza. Es como si la película estuviera en constante movimiento hacia delante, lo cual me parece un acierto si pensamos que la propia película trata sobre la evolución del universo y, más concretamente, del hombre dentro del mismo. La fotografía es soberbia. Cada plano es un deleite. De hecho, seguro que para algunos espectadores esto llegará a ser un lastre, porque tanto mimo visual puede irritar a nuestras pupilas, que no descansan en ningún momento. Y más si sabemos que la labor de montaje ha debido ser mastodóntica, pues la película intercala constantes flashes de espectaculares imágenes, algunas de las cuales se repiten tomadas a la inversa, creando un poema visual poco común.
Los efectos especiales corren a cargo, ni más ni menos, que de Douglas Trumbull, que ha participado en proyectos como "2001: Una Odisea en el espacio", "Encuentros en la tercera fase" o "Blade Runner". Esta herencia cinematográfica queda patente en esta obra, pues en los 16 minutos que dura la recreación del big bang, el surgimiento de la Tierra y la aparición de la vida en ella (con dinosaurios incluidos, una licencia criticable), vienen en seguida a la cabeza algunos momentos de la mítica película de Kubrick, incluida la excesiva parsimonia con la que todo ello se desenvuelve, que lastra un poco el ritmo de la película, aunque la hace resplandecer en espectacularidad y, por qué no, en pretenciosidad. Eso sí, ver esas imágenes tan bellas, creadas a base de elementos químicos, pintura, humo, CO2, líquidos, luces y fotografía en alta velocidad, es impagable.
Junto al apartado técnico ya mencionado, no debemos dejar de mencionar una banda sonora que combina a la perfección música clásica (Smetana, Respighi, Mahler, Brahms, Berlioz), con las piezas compuestas por Alexandre Desplat, que encajan muy bien con los sonidos de la naturaleza, a la par que crean un ambiente "eclesiástico" muy apropiado.

Pero metámonos más en harina (aviso a los que quieran ir vírgenes a su visionado, que lean hasta aquí, aunque no voy a poner ningún spoiler). Malick ha dirigido una película que, detrás de la historia de una familia concreta, habla en realidad de la fe y de la creencia en Dios. Desde los primeros compases ya nos pone las cartas sobre la mesa, porque nos dice que sólo hay dos formas de afrontar la vida. La de la gracia de Dios y la de la naturaleza. La primera no es autocomplaciente, puede ser rechazada, dejada de lado. La segunda sólo busca autocomplacerse, hay que respetarla, seguir su forma de ser. Y la verdad es que este punto de vista, para una persona que no es muy creyente, es, al menos, original y te hace plantearte ya muchas cosas, en unos pocos minutos.
La película es una constante conversación con Dios, o más bien un interrogatorio dirigido al mismo ("¿por qué?", "¿dónde estabas?", "¿qué somos para ti"?). Reflexiona sobre el nacimiento de la fe, el pecado, la muerte, la vida en la Tierra y después de fallecer... es decir, temas peliagudos desde que el hombre es hombre. Pero qué queréis que os diga, estemos de acuerdo o no con sus ideas, me parece valiente al exponerlas y al tratar de hacer una película que explique qué es un ser humano, de dónde venimos y a dónde vamos. Va a ser tachado por muchos de pedante al querer dar una lección que le queda grande a todo humano en particular, al tratar de acercarse a la grandiosidad misma de Dios y del universo, pero es que no se trata de juzgar a Malick moralmente, si ha sido demasiado ambicioso o no, sino que se trata de juzgar los resultados plasmados en una obra cinematográfica. Y creo que la jugada, aunque arriesgada y titánica, le ha salido casi redonda.
Aparte han de quedar los debates sobre la trascendencia y la metafísica. Uno puede comentar, debatiendo con los familiares o amigos, que él no cree en la vida después de la muerte, pero no debemos llevar esta crítica al terreno de la película, porque no creo que Malick trate de imponer la fe, ni de influir en nadie sobre su particular visión del mundo moderno en el que vivimos, sino que nos enseña una forma de vivir en este mundo, que es igualmente válida que la otra que deja a un lado. La de pensar que no existe otra cosa que la evolución natural del universo, sin más allá ni altos poderes.

También ha acertado Malick al elegir el reparto. Brad Pitt está mejor que nunca, estremece en sus momentos de padre rígido, exigente y autoritario e irradia ternura cuando se asombra ante el nacimiento de sus hijos (me ha gustado ese gesto con la boca, que me recuerda al Marlon Brando de El Padrino). Jessica Chastain, además de guapa, está muy bien, tanto en las secuencias más dramáticas como en aquellas en las que ha de ser cariñosa y comprensiva con sus hijos. Sean Penn, a pesar de no enterarse mucho de la cosa, está correcto. Y el niño protagonista cumple perfectamente.
En conclusión, película muy recomendable, que asombrará a unos, decepcionará a otros y seguro que despertará discusiones. Y vayamos incluyéndola en las nominaciones a los Oscars.
Un 8/10