Mientras duermes

SINOPSIS:César trabaja de portero en un edificio de apartamentos. Puede que no sea el mejor trabajo del mundo, pero la verdad es que no lo cambiaría por ningún otro, ya que su trabajo le permite conocer a fondo a todos los inquilinos del inmueble, sus movimientos, sus hábitos. Desde su posición resulta fácil controlar sus idas y venidas, estudiarles, descubrir sus puntos débiles, sus secretos. Si quisiera podría incluso controlar sus vidas, influir en ellas como si fuera Dios, abrir sus heridas y hurgar en ellas. Y todo sin levantar ninguna sospecha....
CRÍTICA: La mano que mece la fregona...... es la que domina el mundo. Fue en 1992 cuando Rebecca De Mornay se ganó su reseña en la historia del cine al encarnar con suma eficacia a Peyton Flanders en el thriller de suspense 'La mano que mece la cuna', donde con una frialdad inmaculada era capaz de comerse una manzana tras haber presenciado la dolorosa muerte nada fortuita de una visita inoportuna. Lo suyo era una venganza personal hacia quien consideraba era la responsable de haber perdido todo lo que le importaba en esta vida, un plan maquiavélico urdido con maestría para hacerle pagar la cuenta, en resumen. Lo de César es distinto, es algo más digamos... perturbador. Y esa es la clave. Porque no es nada personal, porque no hay causa y efecto. César, simplemente, es infeliz. Y este personaje al que Luis Tosar encarna con la maestría de quien hace ya tiempo que se ganó algo más que una reseña en la espasa del cine inscribe su nombre en ese mismo listado de personajes de dudosa moral que encabezan Norman Bates o Hannibal Lecter no sólo por evidentes méritos propios, sino también porque lo que le rodea es la mejor película de Jaume Balagueró. Si, 'Mientras duermes' es desde ya un pequeño clásico instantáneo.

Uno de los mayores hándicaps del que adolecen no pocas producciones es que en ocasiones tratan de justificar o explicar aunque sea de forma burda y ridícula según que cosas que en verdad no tienen importancia alguna, no al menos dentro del contexto de la historia. Siempre se me ocurre el mismo ejemplo (y es más que posible que si rebuscan en alguna de mis críticas lo vuelvan a encontrar), ¿por qué Bill Murray revivía una y otra vez el Día de la Marmota? ¿Importa? La Peyton Flanders de Rebecca De Mornay tenía un motivo que justificase sus acciones. ¿Lo tiene Luis Tosar? ¿Hay algo que justifique el por qué, tal y como el propio personaje dice, es como si hubiera nacido sin la capacidad de poder ser feliz? De Norman Bates lo supimos, pero ¿acaso se supo el por qué a Hannibal Lecter le gustaban los sesos de Ray Liotta, entre otras delicatessen que bien podríamos encontrar en el establecimiento del Sr. Clapet? Resulta más escalofriante cuando no hay motivo, como decía Billy Loomis al final del primer y auténtico 'Scream'. Y así, el César de Luis Tosar resulta escalofriante...
Porque la felicidad de los demás se convierte en el motor de su odio, en la fuerza que irrumpe en su retorcida mente para darle algún tipo de sentido a ese "hombre hueco", vacío, al que hacía referencia 'El hombre invisible' de Verhoeven en su título original, vacío, un recipiente sin alma relleno tan sólo de perversa maldad como el virus de Soderbergh: si él no puede ser feliz, hagamos que los demás tampoco lo sean. Porque en el país de los ciegos el tuerto es el rey, y como bien sabemos una media sonrisa picarona bien encuadrada es capaz de transmitir más inquietud que una horda de zombies hambrientos. Porque César no es Jason Vorhees, tampoco una mujer blanca y soltera, evidentemente; ni que decir tampoco es Max, ese otro portero de reciente vida en los cines españoles a quien aun sin haber visto me atrevería a decir que no le alcanza ni como para ser digna de comparación. Lo suyo no es el cuchillo, el martillo o la sierra, lo suyo es más sutil, diabólico, y procede de esta misma dimensión en la que nos encontramos. Porque resulta tangible, creíble, humano y porque al igual que ponía en evidencia el Henry de John McNaughton no hay nada más perturbador que la cruda realidad. Y por si fuera poco Marta Etura sí es de verdad la víctima perfecta, con esa sonrisa tan irritantemente irresistible. Si es que son ellas las que van provocando... ¿qué no?
En estos aspectos es donde 'Mientras duermes' encuentra su principal valía, su fuerza, su razón de ser y su futuro prestigio como lo dicho en el primer párrafo, una condición de clásico instantáneo que no he necesitado reposar mientras duermo para ratificar (veremos si para contradecirme... algún día). Su felicidad, la de la película si le otorgamos la oportunidad de poder ser, proviene de nuestro malestar, un incómodo malestar cómplice y que no obstante poco tiene que ver con la retahíla de sobresaltos típicos de todo slasher donde uno siempre se acuerda de la madre de un gato tanto como en el campo de fútbol de la del árbitro. Nuestra angustia es su recompensa, y la vía es el constante, progresivo y gradual enrarecimiento de una atmósfera turbia pero cotidiana, normal, donde la acosada no acaba saltando de azotea en azotea perseguida por los integrantes de una comunidad de vecinos furiosos. Seamos serios, y 'Mientras duermes' lo es, tanto que no es un filme de terror, no es el alocado divertimiento que eran los dos 'Rec' ni los fallidos ejercicios de estilo de 'Darkness' o 'Frágiles'. Es un thriller, pero no sólo es un buen thriller; además es una buena película, y eso sí tiene nombre.
La maldad sí tiene rostro, y esta puede ser la de cualquiera. Balagueró encuentra en Luis Tosar la figura que necesitaba para que sus innegables aptitudes obtuvieran algo más de premio que sus intenciones y pasar el rato, y ahora el mal además tiene corazón, un corazón del que nos hace ser partícipes al obligarnos a sufrir con él. Porque lo verdaderamente poderoso de 'Mientras duermes' es que convierte al espectador en cómplice de los actos de César al situarnos a la altura de sus ojos (y de su corazón) para observar la realidad como él la observa, y de tal manera que igualmente disfrutemos viendo como se le borra la sonrisa de aquel que tenemos sentado al lado en la butaca de nuestra siembre bien amada sala de cine. Eso es el verdadero terror, aquel que se introduce en nosotros sin que apenas nos demos cuenta, el que se introduce en nuestros hogares bajo la apariencia de una mano amiga. No es perfecta, porque nadie lo es, y puede que el temor a sentirme inhumano tras el brochazo final o a no encontrar otra igual en algún tiempo me haga aferrarme a ensalzar 'Mientras duermes' como uno de los mejores filmes de género del año. Puede. El miedo es una herramienta poderosa, mucho. Y bien lo sabe César. Porque César sabe donde hacerte daño... y aquí sí, así aquí no hay quien viva, precisamente.
Nota:
7.7Lo Mejor:
- Luis Tosar
- El temple de Balagueró tras las cámaras
- El in crescendo de la historia, culminado con un final realmente perturbador
Lo Peor:
- Algunas pequeñas deficiencias en su guión que le restan solidez