Cinco metros cuadrados

SINOPSIS:Álex y Virginia compran un piso, sobre plano, a las afueras de una gran ciudad en busca de precios más económicos. Reúnen sus ahorros para pagar la entrada, más una hipoteca a cuarenta años. La casa de sus sueños: dos habitaciones, cocina, salón con chimenea… Y sobre todo, lo que acaba por convencer a Álex: una terraza. Pequeña, de cinco metros cuadrados, pero con unas vistas maravillosas. Cuando sólo faltan unos meses para la entrega de los pisos el edificio está aún sin terminar. Un buen día, precintan la zona y paran las obras...
CRÍTICA: No sin mi casa¿Por qué siempre que vemos una película española tendemos a recalcar que es una película española? Ya sea para lo que sea aunque no sea para nada en particular es algo que suele surgir de forma natural, espontánea, como cuando hubo una época en la que erróneamente había quien consideraba oportuno añadir la orientación sexual de una persona a la hora de ser presentada. Es más, casi siempre la nacionalidad antecede a cualquier filme que no provenga de esa patria de adopción que nos hace sentir que Brooklyn es más nuestro que Vallecas y el perrito caliente más típico que el jamón de Teruel. ¿Acaso importa? En ocasiones si, y hacer uso de su nacionalidad sirve de verdad a la causa... como es el caso, donde una terraza del tamaño del título se erige en un adalid de ese derecho fundamental al que ni Rubalcaba ni Rajoy parecen capaces de situar en su sitio, si me permiten la indiscreción.

Si bien el cine es cine hable en el idioma en que hable es innegable que la cultura local influye, y mucho, en lo que sea que se ruede y en cómo se muestre en la gran pantalla por más que los sentimientos sean internacionales, una de las pocas cosas que en verdad son de todos y de nadie a la vez. Por eso a veces conviene matizar que el "española" ni está empleado de forma gratuita... ni especialmente de forma despectiva, acepción que podemos dar por sentado suele ser la más habitual entre un público al que le cuesta conectar con lo que le debiera de ser más propicio hacerlo, aun sin negar que lo más propicio en alguna que otra ocasión indigna de mención sea precisamente desconectar.
'Cinco metros cuadrados', CMC para los amigos, no sólo es una película española sino que además lo es con orgullo, el mismo que esgrime sin ocultarse en beneficio de posibles ventas internacionales y por el que más de uno la rechazará de inicio sin darle la oportunidad de ser rechazada por méritos propios, si acaso y llegado el caso, y haciendo malo el dicho aquel de que pagan justos por pecadores. Y lo es desde el punto de vista de que toma un pedazo de la realidad que nos rodea, la de esta tierra que ha algunos nos gusta considerar algo llamado España, y la interpreta de una forma tan cercana a nosotros que parece como si fuera, durante el 90% de su metraje, tan real como la de verdad de la buena, la que al sacar la mano por la ventana podemos tocar. ¿Cuántas veces vemos alguna que otra película sin entender según qué cosas? ¿Cuántas veces, por ejemplo, nos hemos preguntado que si de verdad será tan estúpida como parece la vida en los institutos norteamericanos?
El problema de 'Cinco metros cuadrados', donde ya ni es amiga ni CMC, es que es tan cercana en cuerpo y alma que lo que luce como drama en la gran pantalla es accesible como tragedia en la vida diaria, una de tantas en la que un final que se sale por la tangente y haría las delicias del Joliwoó más rancio no tiene por qué salir al rescate de su en esta ocasión excelente protagonista, un Tejero que demuestra que además de dar el pego como portero en televisión también puede actuar, si se lo propone, que lo suyo con Malena Alterio es algo más que química, y que junto a José y Luis son una terna, palabra que hoy sí que uso como es debido, muy decente para dar la cara ante el cabezón. Cuando a una la catalogan como la gran triunfadora de algo, ya sea donde sea aunque más si el asunto suena tan serio como Málaga, peligroso se queda corto ante las posibles expectativas que puedan surgir de la alfombra roja; 'Cinco metros cuadrados' cumple, tal vez sin rematar, sin merecerse ese "gran"... pero que nos quiten lo bailado.
CMC, y aquí sí es una amiga, es una producción dueña de una inteligente puesta en escena, con buena caligrafía, un reparto ejemplar, un ritmo muy fluido y un montaje muy hábil a la hora de ignorar perfectamente los tiempos muertos de un guión muy conciso, claro y medido que dan lugar a una narración donde no hay nada de grasa, superfluo, y a la que tan sólo le sobran los últimos minutos, un final no muy amigable demasiado efectista y condescendiente que resquebraja la sensación de falso docudrama conducido por mano sobria que hasta ese momento predominaba, y que nos devuelve antes de tiempo a la realidad de una sala de cine. Lástima que Max Lemcke no haya sabido cerrar con la misma solvencia con la que ha sabido desarrollar un filme siempre interesante del que no obstante podemos seguir extrayendo una más que temible moraleja "como la vida misma": que al igual que ya ocurriera con 'Margin Call' o 'The Company Men' nadie sigue sin saber dar un final creíble y convincente a la llamada (y padecida) crisis...
Nota:
6.8Lo Mejor:
- Fernando Tejero actúa, y además bastante bien
Lo Peor:
- Sus últimos minutos, demasiado hollywoodienses (y que le restan credibilidad)