Bueno, después de que hayan pasado unos días de su visionado creo que ya estoy en disposición (creo) de realizar un comentario con unos mínimos de decencia y buen gusto. Ferrara, del que sólo había visto la infame Secuestradores de cuerpos (que ahora, echando un vistazo, he visto que estuvo nominada a Palma de Oro en Cannes ese año, el 1993), propone al espectador una alegoría de lo mugriento, de la decadencia, de lo enfermizo como forma de expresión, y no tenía a nadie mejor a quién recurrir para personificar a tal cúmulo de adjetivos peyorativos que a Harvey Keitel en, posiblemente, uno de los papeles más redondos, contundentes e inolvidables de su carrera (inolvidable rivalizando, claro, con el Sr. Lobo de Pulp Fiction).
El hecho es que lo acaba consiguiendo, haciendo de Teniente corrupto una película desagradable, no apta para no acostumbrados a este tipo de cine de vertiente más visceral. Además, la fotografía sucia, los ambientes sórdidos (mayormente nocturnos) y la fauna con la que se junta el personaje de Keitel dan más fuerza al desarrollo climático y decadente de la película. Una película que, dejando de lado este aspecto y la colosal actuación del protagonista, no me ha dejado un poso demasiado sólido como para seguir recordándola como algo grande y recordable. Y es que me resulta una película cansina, muy cansina. No sólo porque me acaba fatigando ver las chorrocientas veces que Keitel esnifa, fuma o se mete por el orto la droga, sino porque el desarrollo de la película me es del todo indiferente. El porvenir del teniente me la suda, para hablar en cristiano. Tampoco acabo viéndolo como un descenso a los infiernos: el prota ya está en ellos. No se trata de una película que nos muestre el declive de una persona, porque en el momento en que le conocemos ya no es más que una sombra. Por otro lado, el tema de la religión (que creo que está muy presente en el cine de Ferrara) escenifica un punto de inflexión tanto en la película como en la conducta del, en un principio, ateo protagonista. El desencadenante monjeril aparece en forma de nuevo caso a investigar y se establece como trama secundaria de la película, aunque nos la hagan pasar por principal. Pero nada me sorprende, nada me desgarra ni me hace sufrir y temer por nadie de la película (que posiblemente sea intención del director, vale, pero es algo que, subjetivamente, hace que una película no acabe de llenarme). Ni siquiera el buen final me ayuda a decir: joer, no está mal la película de marras. Supongo que, como Xirry, no es mi tipo de película y aunque no me gusta escudarme tras factores subjetivos, la verdad es que no he entrado en ella más que durante los 10 primeros minutos y muchos de los planos (dilatados en exceso, sobretodo cuando se está drogando) me aburren soberanamente. La cosa quedaría en un 5.5, y como se ve en mi primera respuesta al hilo, las altas expectativas me han acabado jugando una mala pasada.