EL HOMBRE CERILLA
Sinopsis
Simone, un niño de once años, vive en el campo con su atrabiliario padre, que constantemente lo castiga prohibiéndole salir de casa. Sin embargo, el afán de aventuras del chico es tal que acaba fugándose. Emprende entonces la búsqueda de un ser mítico, el Hombre Cerilla, que puede hacer realidad sus deseos más profundos. Para encontrarlo contará con la ayuda de sus estrambóticos amigos: Armando Armario, Luz Ciérnaga, Oscar Oscuro, el Tío Disco y Manos Grandes; a los que se unirá Lorenza, una coqueta niña de trece años, que pasa las vacaciones en el campo. Pero Simone tiene un enemigo, el despreciable Rubin, que no dudará en seguirles la pista.
Crítica
Quien juega con fuego se quema
Hablar de la primera película de un director en la que tanto esfuerzo ha invertido y que anda en la cuerda floja a punto de caerse, es complicado. El cine de autor es muy personal, pero no deben olvidar que cuentan historias para un público muy distinto y a veces muy exigente. “El hombre cerilla” es un reto personal del director, ganador de los premios David Di Donatello 2010 como Mejor Director y Mejores Efectos Especiales. Y la verdad es que la película lucha constantemente por mantenerse encima de la cuerda, pero no lo consigue.
Simone (Marco Leonzi) es un niño de once años que vive en el campo con su malhumorado padre (Francesco Pannofino). Siempre buscando la aventura, el niño se fuga constantemente en busca del Hombre Cerilla, quien dice que cumple los más profundos deseos. Para conseguirlo, se ayudará de sus estrambóticos amigos: Armando Armario (Danielle de Fabiis), Luz Ciérnaga (Anastasia di Giuseppe), Óscar Oscuro (Matteo Lupi), el Tío Disco (Giuseppe Mattu) y Manos Grandes (Franco di Sante), a los que se unirá Lorenza (Greta Castagna), una niña de 13 años de la que Simone se encandilará.

La primera película del director, guionista y montador (todo en este filme) Marco Chiarini es como el trabajo final de un estudiante de comunicación: uno pone todas las ganas en ello, en un proyecto personal, con una historia propia y cuyos evaluadores, en este caso, son el público. Con pocos medios técnicos, pero con muchas ganas Chiarini ha creado una historia que baila entre la comedia y la tragedia, entre lo infantil y lo adulto. Ese paso que todo niño siente cuando decide deshacerse de los viejos muñecos e ilusiones que le acompañaban cuando era un niño.
El personaje sigue buscando al Hombre Cerilla, una encarnación de los retos que nos proponemos y del esfuerzo que hacemos por conseguirlos. El guión trata de llevar a cabo el paso hacia el adulto sin olvidar los sueños que tenemos, pero se olvida de darle credibilidad. Puede que la falta de medios ayude a eso, pero no es sólo eso. Es la historia, los personajes inventados, las escenas poco conclusas lo que hace que el film se desparrame y no vaya hacia ningún lado. Cierto es que también intenta conmover a través de la pérdida de la madre de Simone, pero no consigue simpatizar con el espectador.
Las escenas en que escuchamos la voz en off del niño y salen imágenes animadas son lo que le dan aíre fresco a la película, ayudándola a mantenerse en la cuerda floja. Pero todo lo demás la desarma, sin ni siquiera darle la opción al espectador de esperar nada más de ella. Viajamos del mundo real al imaginario sin saber, a veces, qué separa uno del otro por la poca verosimilitud de la película. Hay dos escenas claves, bien formadas y muy descriptivas en las que nos damos cuenta que el mundo irreal se está acabando para Simone y esas sí funcionan, porque son creíbles.
El problema de “El Hombre Cerilla” es que no consigue ni enternecer, ni hacer reír, ni llorar completamente. El cambio de ánimo es tan rápido, según la escena, que descoloca al espectador produciendo en él un desorden emocional que no acaba de cuajar, como la película.
Nota: 3/10