UN FUTURO IN-FLUÍDO
¿Es el futuro algo que en realidad nos preocupa? Quizá es por el mismo miedo a la incertidumbre, a lo que no conocemos, o a lo que nos atemoriza, pero deseamos saber de cualquier forma. La lectura de cartas, tarot, café, la mano… esa terrible necesidad de saberlo todo, de prepararnos para lo que sigue sea bueno, sea malo.
El futuro es un tiempo de incógnitas en el que todos esperamos tiempos de prosperidad, pero algunos menos humanistas vislumbramos ese futuro como una metrópoli llena de autos voladores, pantallas de plasma líquida, vestuarios plateados y extraños, raros instrumentos de comunicación, y extrañas formas de convivencia. No digo que no sea posible, pero seguramente estamos muy lejos de ello.
Si la ciencia ficción, se alejara por igual, seguramente se alejaría también de su particularidad para mostrarnos universos atípicos y ficticios de lo que podría pasar cuando el futuro nos alcance. En el cine la ciencia ficción ha llegado y nos ha llevado a explotar nuestra imaginación en imágenes preciosistas en las que casi todas nos plasman un futuro icónico, subversivo y minimalista –muy pocas realmente nos lo muestran como decadente y oscuro, siendo que las probabilidades son aún mayores-.
En Aeon Flux (EUA-2005), se nos muestra un futuro en el año 2415 del tipo primero, en la que la humanidad sufre el ataque de un terrible virus, reduciendo la población a cinco millones de personas amuralladas en la ciudad utópica de Bregna donde secretamente la clonación es el modo de reproducirse; esta está controlada por la dinastía Goodchild, al igual que los habitantes, excepto el rebelde grupo anarquista de los Monicans del cual forma parte Aeon Flux (Charlize Theron), una extraordinaria asesina con habilidades sorprendentes y con muchas ganas de vengar la muerte de su hermana.
Si dijéramos que la película vale la pena por las secuencias –que son casi todas- en las que podemos apreciar a la protagonista enseñando de más y con trajes entalladísimos, estaríamos desviando la crítica para tapar un guión que deja mucho que desear y entonces mejor recomendaríamos la revista H, HF, o hasta Playboy. Charlize se ve espectacular, pero el guión no nos deja apreciarla, por mucho que nos intentemos desviar.
Aeon Flux surgió de una serie de televisión animada de MTV, con el mismo nombre, del creador surcoreano Peter Chung emitida desde 1995. Al inicio fueron seis cortos seguidos de cinco episodios individuales. Convertido en serie de culto se realizaron otros diez episodios; debido al éxito, se crearon los respectivos comics, y finalmente siguiendo los cánones de cine actual, nos llega su adaptación a la pantalla grande.
Quienes pudieron ver algunos de los capítulos de la serie, entenderán por mucho a que se debe que la cinta no logra alcanzar los niveles de perversión imaginativa y fáctica… ya que la subversión y anarquía del personaje aquí se nota distante y olvidada. Aeon aquí es redimida y glorificada una escena tras otra sin mostrarnos el verdadero leit motiv, ya no del personaje, sino de la trama misma.
Esta cinta adolece de muchos pecados narrativos a la hora de las secuencias de acción, y aunque el estilo visual y la dirección de arte resulta eficaz y hasta onírica, eso no da pie a soportar la insipidez de la directora Karyn Kusama al contarnos desproporcionadamente en una escena algo y en la otra algo totalmente distinto con todo y querer hacerlos uno a la brevedad posible pero resultando en inconexo. Ni siquiera hay explicaciones lógicas ni coherentes de quienes son algunos personajes.
La trama como llega se va. El que las series de culto o comics influyan para la realización de este tipo de cintas, no debe sino mejorar la calidad de estas, puesto que no hay excusa alguna para no hacer de ello una historia sólida, pero aparte de todo fluida. Por lo menos podríamos esperar un futuro con más futuro en este terreno.
Por Ángel Negrete