EL CÓDIGO DEL OPORTUNISMO
Tras meses de espera y expectativa, finalmente se exhibe una de las cintas más controversiales en lo que va del año, por el hecho de estar adaptada de una novela que rápidamente se convirtió en best seller, pues además estaba marcada por los comentarios a favor y en contra a causa de la cercanía que el autor tomaba con respecto a la aseveración de hechos “reales” que ponía en entredicho la fe religiosa de la humanidad, aún cuando siempre especificó que se trataba de una novela, una de ficción.
El código Da Vinci (The Da Vinci code, EUA-2006), que tuvo su estreno particular en la apertura del Festival de cine de Cannes, Francia; tres días después abarrota las salas en su estreno a nivel mundial, donde enfrentaron al público a un thriller de misterio y drama con una duración de 2 horas y media aproximadamente. El director de esta oportuna y oportunista recreación en pantalla es el laureado Ron Howard a quien recordamos por Una mente brillante, aunado al guionista Akiva Goldsman y al productor Brian Grazer quienes también lo acompañaron en esa cinta.
Para quienes leyeron el libro, prácticamente la historia es la misma: El catedrático y afamado simbologista Robert Langdon (Tom Hanks) se ve obligado a acudir una noche al Museo del Louvre, cuando el asesinato de un conservador deja tras de sí un misterioso rastro de símbolos y pistas. Con su propia vida en juego, Langdon, ayudado por la criptógrafa Sophie Neveu (Audrey Tautou), descubre una serie de asombrosos secretos ocultos en la obra de Leonardo Da Vinci, secretos que apuntan a una sociedad secreta encargada de custodiar un antiguo secreto que ha permanecido oculto durante dos mil años, y que podría tambalear los cimientos de la humanidad
Sumados a estos dos protagonistas encontramos a un reparto bien armado que incluye a Jean Reno, Ian McKellen, Alfred Molina y Paul Bettany entre otros. A pesar de la selección, vale decir que el esfuerzo actoral por parte de los involucrados no va más allá de mostrarnos las facetas más sencillas en este tipo de género, no desglosándose para encontrar mayores matices a sus actuaciones que se notan calculadas y articuladamente planas; sobre todo Tautou quien se queda muy por debajo de papeles previos realizados en Francia como en Amélie y Amor eterno, mostrándose en esta ocasión, parca en reacciones y acciones ante los medidos acontecimientos de la trama.
La adaptación del guión aparte de Goldman, estuvo a cargo del autor de la novela, Dan Brown, que quizá pudo haber cuidado la integridad de la obra en cuestión, pero definitivamente la adaptación no está bien lograda, pues todo se torna lento desde un inicio sin que la historia única tome el cause correcto dentro de la estructura narrativa; no previéndonos de ningún clímax específico y contundente en ningún momento.
Un defecto muy grande es de destacar, y sin dejar de ser defecto incluso pudiéramos justificarlo; pues antes que estar ante un thriller de ficción muchos podrán darse cuenta de que quizá se trate de una lección de historia; pues quienes no estén contextualizados con el libro del autor o con cada uno de los eventos históricos no podríamos entenderlos de buenas a primeras si en la cinta no nos dan una breve explicación de lo sucedido. Los guionistas optaron por hacerlo a sabiendas de que sería un problema inocuo el sentar que los espectadores conocen o han investigado acerca de las obras pictóricas de Da Vinci, El Priorato de Sión, El Santo Grial o Los Templarios entre muchísimas más cosas.
El problema con lo anterior es que es exagerado el uso de las explicaciones, para que en la trama el personaje de Tautou entienda las elucubraciones de los inmiscuidos en este gran secreto por descifrar; y aunque las explicaciones están apoyadas en flashbacks –así como los recuerdos de los personajes, en una fotografía de Salvatore Tocino con bastante grano que desencaja con el resto de la cinta-; estos son demasiados y llegan a hartar.
Algo aplaudible a todas luces, es el montaje casi idéntico realizado por Dan Hanley y Mike Hill, que aunque se rodó en el Museo del Louvre, en París, fue necesario reproducir la Gran Galería, para tener un espacio más controlado y definitivamente para no dañar las pinturas con los múltiples flashazos de las cámaras o las luces de la producción, Esta reproducción y juzgando por fotografías originales del sitio, resulta similar en un gran porcentaje; hasta el grado de que se pintaron 150 cuadros que tuvieron que ser medidos cuidadosamente en el Louvre, reproduciendo además el piso del lugar.
Otro acierto es la música de Hans Zimmer, que logra afianzar los momentos tensos de una manera tenue y sobria sin cansar los oídos ni embaucarlos hacia engañosas notas; pero definitivamente no parece estar dentro de los niveles más cuidados y grandilocuentes que se le habían escuchado en cintas como Batman inicia, El ultimo samurai, La caída del Halcón Negro, Pearl Harbor, o Gladiador, entre otros.
El código Da Vinci es sin duda uno de los libros más conocidos y comentados de los últimos tiempos, por el hecho de procesar entre líneas la idea concebida acerca de que no existió el Jesús que la iglesia nos ha intentado vender, sino una versión menos celestial y por el contrario muy humana al haber tenido descendencia, adjudicándole estas ideas a Leonardo –quizá se esté revolcando en su tumba por ver su obra desvirtuada o quizá esté feliz porque alguien logró interpretarlo- La cinta nos maneja esa teoría para que nosotros tomemos una decisión, aunque es casi un hecho que la trama nos invita más al hecho de coincidir con la idea.
La cinta como toda adaptación se toma sus libertades; pero es un hecho que esa libertad también está encaminada hacia esas ganas de presentar un proyecto en el momento más indicado, pues si hubiesen dejado pasar más tiempo, la euforia por el libro hubiese pasado y quizá y solo quizá, el interés decaído. La consecuencia, es que tenemos ante nosotros un film bastante apresurado que como empieza se termina y que como llega se irá. Prepárense para presenciar el engaño más grande de la humanidad –en alusión a una frase de la cinta- y quizá también para aburrirse un poco.
Por Ángel Negrete