De profecías temporalesEl futuro de la humanidad, se ha estado maquilando individualmente en la mente de cada uno de los seres humanos que ansían tener el conocimiento certero de que es lo que puede depararles el futuro, a sabiendas de que pudiera ser funesto. Lo que sí, es que se trata de un futuro incierto que poco o mucho demanda a quienes habitan el globo terráqueo en este preciso instante, pues nunca será lo mismo que mueran las generaciones venideras, a que muera uno en la generación presente –por mucho que pensemos en dejar un mundo mejor para el mañana-.
Los miedos y los temores se han acuñado, desde el que nos acontecerá al día siguiente o en el futuro inmediato; y para ello ya sea que recurramos a los horóscopos, las predicciones de los astros, lectura de diversos métodos, o a las pitonisas o profetas, y acorde a estos últimos, las profecías son y han sido siempre en las que la mayoría ponen especial interés, porque desafortunadamente nunca pintan un mañana sólido lleno de esperanza y buenaventura, sino absolutamente todo lo contrario, como lo manifiesta uno de los últimos
remakes cinematográficos de este año:
La profecía (
The omen 666, EUA-2006).
Esta cinta se basa en
La profecia (
The omen, EUA-1976), una cinta de terror que se convirtió en un clásico del género, por un inteligente manejo de la mezcla de las profecías del
Libro de las revelaciones (
Apocalipsis) con toques ficcionados que en los 70’s causó furor. Esta versión fue dirigida por Richard Donner, y era protagonizada por Gregory Peck y Lee Remick, entre otros.
La trama es registrada con gran fidelidad en esta versión dirigida por John Moore, en la que
Kathy Thorn (Julia Stiles) “pierde” a su bebe al nacer, su esposo
Robert (Liev Schreiber) le oculta la verdad y sustituye a su hijo por un infante huérfano. El horror cunde en la familia en el quinto cumpleaños de
Damien (Seamus Davey-Fitzpatrick), cuando sucesos enigmáticos y trágicos comienzan a ocurrirle a quienes se topan directa o indirectamente con
Damien.
Robert, a causa de lo anterior, y creyendo que su hijo es el
Anticristo, tratará de impedir una profecía catastrófica matándolo.
La profecía original, de 1976, sorprendió en su momento por el tratamiento del tema del
Anticristo y por el uso de una violencia gráfica muy visible para su entonces, y remarcaba una tendencia que tres años antes había quedado concebida con otro clásico:
El exorcista (
The exorcist, EUA-1973), ambas producciones mantenían una característica en común, y es que utilizaban elementos sacros o religiosos para mantener sus historias lo que resultó conveniente; pero sobretodo convincente.
Hay poco acierto actoral, que hace que el espectador quede apaciguado ante los actos, pero el colmo de esta cinta está en el forzado actor infantil que interpreta a
Damien, pues con ese entre fruncir el ceño y poner cara de niño melindroso no nos inspira el miedo necesario que su mirada tenía, como en el caso de Harvey Stephens en la versión anterior.
Los baches argumentales son notorios durante la lógica secuencial de la cinta, pues es imposible que unos padres responsables no tengan interés alguno, ni preocupación evidente ante los extraños sucesos alrededor de su hijo, y es que resultaría preocupante tener un hijo que a lo largo de los días solo profiera dos diálogos casi monosílabos.
Hay detalles técnicos malogrados, pero la aquejante iluminación desmedida a momentos aturde significativamente. La tensión y el suspenso, por lógica evidente existe en esta producción, que casi utiliza los mismos planos, ángulos y movimientos de cámara de la anterior, pero los sustos son muy moderados desgraciadamente a causa de su lentitud narrativa. Es evidente que a tan solo 30 años de un clásico, rehacer la historia no era prudente ni necesario, pues destripan la historia por los elementos generales del
film, aunque para ser francos, estos resultados ya se habían profetizado, cuando la idea le llegó al estudio productor.
Por Ángel Negrete