CARS
¡A toda velocidad!Tal vez, en un lejano día de antaño, el sueño de Walter Elias Disney era el de convertirse en el rey de la animación y crear todo un emporio a su alrededor que versara sobre esta técnica. La historia la conocen muchos, Disney lo logró, el sueño se hizo realidad, y por encima de su historia, fueron sus historias las que se hicieron de un lugar en la mente de quien posaba sus ojos en ellas.
Definitivamente nunca soñó con el fin. No fue un fin anticipado, sino significativamente mermado por el paso de los años, de las nuevas técnicas, y del futuro que alcanzó al cine en términos de animación; así, la animación tradicional pasó de ser una gloria probada, a polvo esperando ser limpiado, teniendo a su lado ejemplos dinámicos cargados de originalidad como los que se presentan en la animación digital, que cada vez tiene su llegada al mercado más rápidamente, como la nueva propuesta de
Disney,
Cars. Una aventura sobre ruedas (
Cars, EUA-2006).
Seguro que tenemos que darle antes las palmas a
Pixar, la productora creadora de éxitos grandilocuentes y sonados como
Toy story,
Bichos…,
Monsters Inc.,
Buscando a Nemo ó
Los increíbles, que revolucionó el mercado de la animación en los tiempos difíciles en el que Japón colonizó vía el
animé. Ahora
Pixar, ha sido absorbida por
Disney, pero a juzgar por esta reciente cinta, eso es lo de menos, pues el talento no ha mermado. O por lo menos no del todo.
Cars… es dirigida y escrita por John Lasseter, teniendo como protagonista al novato y engreído aspirante a campeón de carreras
Rayo McQueen, que se extravía en una desolada carretera en la
Ruta 66. Su actitud arrogante se desvanece cuando llega a
Radiador Springs, una comunidad perdida en los mapas, que le enseña las cosas de la vida que había olvidado. Sus nuevos amigos le ayudarán a comprender el significado del éxito, pero sobretodo del amor y la amistad.
La historia no suena tan mal, de hecho nos suena a cantidad de historias que ya hemos visto una y otra vez, por lo que sobra decir que no estamos para nada ante un inteligente guión de Lasseter, de hecho se acerca mucho a la mediocridad, pues no hay giros sustanciales que nos hagan expandir la trama para que nos dé más vértices para sostenerla. Eso en gran parte se debe a las limitantes de usar como protagonistas a objetos inanimados que hablan y se mueven, lo que resulta difícil de asimilar si uno ya no es un niño que se pueda centrar en esos “pequeños” detalles.
La poca solvencia de un guión que respira nostalgia, se trastoca en una fábula simplezca que abusa de los lugares comunes y brinca por los mismos charcos. A pesar de que
Cars…, no es la gran película que todo mundo puede esperar, tampoco se puede decir que es mala; pero si resultará conveniente que quienes la vean y la aprecien sean niños de 10 años hacia abajo, pues el resto del público ni siquiera tendrá interés por acatar la moraleja.
La cinta es de coches, y todo lo que aparece ahí tiene que ver con coches, no vemos ningún humano desfilar entre las carreras de autos –que ni siquiera son el motor directo que mueve la trama-, y hasta los insectos son cochecitos (¿?). La animación definitivamente se encuentra por los cielos, anotándose otro 10 a sus anchas, pero la música de Randy Newman tiene el efecto perfecto para hacerla digerible, pues la cinta carece de encanto, y sobretodo de gracia., que recae en solo un personaje secundario, y sobretodo en los créditos finales como ya es costumbre.
Una cinta esperadísima que vio pasar sus días de una manera lenta, mientras la desesperación por los cinéfilos se hacia evidente. Una cinta que velozmente aumentará cifras en taquilla pero que desgraciadamente dejará con un mal sabor de boca a quienes esperábamos solidez del tipo de
Buscando a Nemo. Esta es una cinta que no supera a las anteriores de
Pixar ni en originalidad ni creatividad, salvo en expectativa, y que posiblemente en algunos pares de años pocos recuerden con agrado o benevolencia. El único consuelo que queda, es que el corto de animación que se proyecta antes,
Hombre orquesta (
One man band, EUA-2005), vale toda la entrada completa…
Por Ángel Negrete