Que yo sepa:
Título original del libro:
Pet semataryTraducción del título original:
Cementerio de mascotas (tomando en cuenta que
sematary no es la traducción correcta de cementerio sino
cemetery, y no existe una traducción concreta para esa palabra, pues es una palabra acuñada)
También titulado en algunos paises:
Cementerio de animalesTítulo original de la cinta:
Pet sematary (toma el original)
Traducción del título original de la cinta:
Cementerio de mascotas (la misma explicación)
Título en España:
El cementerio viviente (y cerca de la península)
Título en México:
Cementerio de mascotas (y Centroámerica)
Título en Argentina:
Cementerio de animales (en varias partes de Sudamérica)
Lo que vende en China, no precisamente vende en Guatemala; por tal razón siempre debe haber un título llamativo que identifíque a un sector amplio poblacional con un título aún siendo de la misma cinta, de tal manera que la diversidad de títulos radicará en la diversidad de culturas a la que ha de llegar la cinta adaptando el texto a su idiosincracia y forma de ver la vida ante su
modus vivendis. El título correrá con la suerte de un gran despliegue publicitario como es el caso de este tema en este foro y en muchos otros medios para que la gente sepa que se trata de una adaptación de un libro y cuando esté en cartelera la ubique facilmente. Los libros por su parte no pueden darse ese lujo pues resultaría algo bastante ambiguo, y si sabemos que las cintas cambían el título en función del impacto con los derechos comprados y darse la oportunidad de hacer modificaciones mínimas siempre con consentimiento expreso del autor -que poco importa ante una gran productora-; el libro carga con un peso muy significativo ante las leyes de derecho de explotación por el editor que adquiera los derechos, pues sería un délito constitutivo al haber modificaciones -a diferencia de una cinta que funciona como una adaptación-. Como la lectura no es un
hobbie que mueve al mundo es por demás inútil desubicar al lector con mil y un nombres que luego no identifique en las estanterías de librerías o bibliotecas. Al menos las leyes de derecho de autor y de imprenta en México así se manejan, y estoy casi seguro que en muchas partes del mundo -aunque debe haber honrosas excepciones-.
Imáginemos por un momento a Dan Brown dándose de golpes porque su libro
El código DaVinci se tituló en España:
Dos gilipollas tras el Santo Grial, o en México:
Las locas aventuras de Jesús con María Magdalena, o en EEUU:
Something about DaVinci & the conspiracy...
