Banderas de Nuestros Padres
SINOPSIS: Relato de la batalla de Iwojima, ocurrido en la Segunda Guerra Mundial en el año 1945, que pasó a la historia por una fotografía tomada cuando unos soldados colocaban una bandera americana en dicha isla.
Banderas de Nuestros Padres, al igual que otras películas estrenadas últimamente en España, como Babel o El truco final, está narrada de forma no lineal, con contínuos flashbacks que nos trasladan al desembarco y enfrentamiento el la isla de Iwojima. El hilo central de la cinta es una fotografía que se tomó cuando seis soldados americanos colocaban la bandera americana en una montaña rocosa de la isla. Este hecho insignificante para ellos fue interpretado como una heroicidad por parte del gobierno y ciudadanos estadounidenses, que vieron en este hecho una esperanza a la que aferrarse en una época de crisis que asolaba el país. Tres de esos seis soldados regresaron a casa y fueron aclamados como heroes y a la vez politizados por el gobierno.
Así la película nos explica por un lado lo que aconteció en Iwojima con los flashbacks de los tres soldados y la gira que éstos realizaron por diversas ciudades americanas alentando a los ciudadanos para que invirtieran en bonos y así el gobierno estadounidense poder financiar la guerra en la que estaban inmersos.
El inicio de la película con el desembarco en la playa de Iwojima es espectacular, aunque irremediablemente te viene la cabeza ¨Salvar al Soldado Ryan¨ y no llega a la maestría de ésta última. La comparación de las dos cintas es imposible obviarla. La fotografía de Tom Stern es magnífica, con esas tomas aéreas y clarososcuros que impregnan toda la película, en especial la batalla. La banda sonora no es espectacular ni mucho menos, está compuesta por simples acordes y notas, que me recordaron a ¨Sin Perdón¨ o ¨Los Puentes de Madison¨, destaco especialmente el tema que suena cuando los soldados preparan e izan la bandera y se toma la fotografía, que es precioso.
La otra parte de la narración, la de la gira que hacen los soldados para recaudar fondos para el gobierno, me pareció algo superficial. Me hubiera gustado más que Eastwood metiera más el dedo en la llaga de cómo el gobierno hace propaganda para su propio beneficio y usa artimañas de todo tipo.
En el reparto es donde creo que flaquea más la película. Los actores no me transmitieron lo que se suponía que sentían. Ryan Phillipe me pareció tan inexpresivo como siempre, y los otros dos Jesse Bradford y Adam Beach tampoco me transmitieron esa angustia y esos personajes marcados y atormentados por todo lo que vivieron en el campo de batalla. Paul Walker o Jamie Bell, para mí éste último el personaje del que se podría haber sacado más partido, tampoco cuajan en la interpretación. Creo que si hubiera escogido un elenco de actores más desconocidos, me podría haber identificado más con alguno de ellos.
Rodada y contada con el estilo lento y clásico que caracteriza al gran Eastwood.
Entiendo el porqué el director no ha querido criticar con más empeño al gobierno americano, porque Eastwood ha querido y conseguido a mi entender, rendir homenaje y tributo a todos los soldados caidos, no sólo en Iwojima, sino en cualquier otra guerra.
Espero con ansia la visión japonesa de la historia, donde posiblemente creo yo logrará alcanzar el grado de obra maestra que se comienza a intuir una vez vista el lado americano.