Transformers, dirigida por el nunca bien ponderado director Michael Bay, quien para fortuna toma el mundo de los Transformers y lo rediseña hasta convertirlo en un súper espectáculo de acción; pero que las cosas pasen de eso está muy lejos de verse a lo largo de los insufribles y exagerados 144 minutos del metraje.
Poco tarda la acción en aparecer en una espectacular escena en el el desierto, una escena que atrapa y que promete y que será una de tantas a lo largo del film, tantas que logran convertirse en demasiadas y eso ya se convierte en malo. Partiendo de la premisa absurda de las transformaciones de objetos en robots y viceversa –no busquen explicaciones que no las hallarán-, nadie espera que la película sea muy profunda. Menos aún siendo el director Michael Bay –autor de joyitas como La roca, Armageddon, Pearl Harbor y La isla –entre otras poquitas-, y después lo comprobamos; de profunda no tiene absolutamente nada.
Cuando lo anterior ocurre, es entonces cuando debemos encontrarle salvedades no en el guión sino en la forma externa de la cinta; todo el embrolle y barajuste que le acompaña superficialmente, y en este sentido podemos encontrar varios adeptos considerables en el que por principio de cuentas se agradece ver caras un tanto desconocidas que nos pudieran robar un poco de la atención de los personajes principales que son los Transformers.
Y de entre esas caras nuevas podemos encontrar a dos que se agradecen de inicio a fin, los rostros y cuerpos de las dos protagonistas femeninas Megan Fox y Rachel Taylor que están muy de adorno en la cinta apenas remarcando sus líneas imberbes, pero como adornos pasan la prueba y hasta con 10. Por otro lado y a falta de un buen guión inteligente y adulto, el film comienza a mostrar cuadradez toda vez que quiere parecer apto para toda la familia y puede serlo claro que sí, con tanta burla, broma, gags, y situaciones ridículas y espontáneas no le queda de otra más que aceptarse como tal… pero repito, porque no le quedó de otra.
Michael Bay gastó cientos de millones de dólares, y ni así logró una película interesante, donde los efectos especiales son realmente lo mejor y lo único bueno de la cinta (bueno, le damos un 9, el 10 ya se lo dimos a un empate anteriormente)-, ya que son técnicamente impresionantes, pero lástima, ya que también son narrativamente inertes. A los guionistas les debió haber parecido difícil decidirse por una sola trama que llenara las expectativas de todos tanto guionistas y productores como para los no previsibles espectadores, quizá es por ello que la trama se desarrolla paralelamente en tres líneas arguméntales que se combinan, y aunque ninguna logra estar de más, dos son netamente magulladas y desperdiciadas. Y la que no, tiene como protagonista a LaBeouf, de quien todos aplauden esfuerzos sorprendentes de actuación, cuando lo único que ha hecho es poner la misma cara de idiota ante situaciones diversas.
Como él hay tantos personajes vagos e inconexos que parecen de relleno sustancialmente, y es que al salir de la sala de cine, nadie recordará a los soldados… nadie sabrá que pasó con Rachel “10: La otra mujer perfecta” Taylor, y muchas cuestiones quedan obviadas sin que tuviera que ser así. A algunos, esto les pasará desapercibido por tanto espectáculo visual impresionante, que seguro confundirán con entretenimiento.
La edición resulta oligofrénica, pues las transformaciones son rápidas y bastante caóticas, con mucho movimiento por todos lados que no te deja apreciar por donde va la cosa; y peor aún, tanto esfuerzo y atención al detalle se desperdicia en secuencias de acción confusas y torpemente orquestadas, donde no hay sensación de propósito o suspenso, y donde es mucho más sencillo encontrar errores de continuidad en la pintura de los autos y los robots. Transformers resultará entretenida para mucha gente que no trata de buscar un balance entre el espectáculo y la narrativa, y lo peor, que desperdicia la oportunidad de fusionar nostalgia con modernidad, y eso se lo debemos a todos los que participaron en el proyecto.