EL VIOLINISTA EN EL TEJADO
Si yo fuera rico...
FICHA TÉCNICATítulo Original: The Fiddler on the Roof
Año: 1971
Nacionalidad: Estados Unidos
Dirección: Norman Jewison
Intérpretes: Chaim Topol, Norma Crane, Leonard Frey, Molly Picon, Paul Mann, Rosalind Harris
Guión: Joseph Stein
Música: John Williams (Canciones: Jerry Bock & Sheldon Harnick)
Fotografía: Oswald Morris
Productora: United Artists / The Mirisch Corporation
Duración: 181 minutos
ANÉCDOTAS Y/O CURIOSIDADES1) La versión teatral, que se estrenó en Broadway en 1964, estaba basada en la novela “Las hijas de Teyve”, del escritor ruso Sholom Aleichem que, como indica su nombre, era judío.
2) El violín que suena cuando sale el violinista en la película está interpretado, en la versión cinematográfica, por el gran músico Isaac Stern, también judío.
3) Con un presupuesto de 9 millones de dólares, sólo en la taquilla estadounidense recaudó casi 99 millones de dólares. Fue tal su éxito de crítica y público que su director, Norman Jewison, de origen canadiense y apellido judío, se animó a rodar un par de años más tarde otro musical que también resultó muy conocido y de mucho éxito, “Jesucristo Superstar”.
4) Rodada en los pueblos de Lekenik y Mala Garica, y en la ciudad de Zagred, todos ellos de la antigua Yugoslavia, los cuales son mencionados con agradecimiento al final de la película.
5) Ganadora de 3 Oscars, Fotografía, Sonido y a John Williams por la adaptación musical de la maravillosa Banda Sonora, tuvo otras cinco nominaciones más en las que no corrió igual suerte, las de Mejor película, director, actor (Topol), actor de reparto (Leonard Frey) y dirección artística. Topol, que es el único actor israelí que conozco, sí ganó aquel año el Globo de Oro al mejor actor.
6) Me sorprendió bastante ver a un jovencísimo Paul Michael Glaser, el televisivo Starsky, haciendo de estudiante ruso revolucionario.
SINOPSIS Y COMENTARIO PROPIOAmanece en el pequeño pueblo de Anatevka, pero no todos duermen porque, aunque parezca increíble, un hombre toca un violín encaramado en uno de los tejados. Teyve (Topol), el lechero del lugar, aparece en pantalla y, mirándonos directamente a nosotros, los espectadores, nos empieza a narrar una historia, la del lugar y sus gentes, y explicándonos que cada uno de ellos es como un violinista en el tejado, guardando el equilibrio a pesar de la dificultad, como metáfora a lo inestable que es la vida de un judío en la Rusia de los zares de principios del siglo XX. Es la historia de su familia y de sus gentes que puede definirse con una sola palabra: Tradición.
Y ahí es donde arranca realmente la película, con un potente y vitalista tema musical que nos presenta el pueblo y a sus habitantes en sus labores cotidianas y donde las imágenes están perfectamente “encajadas” entre las notas musicales. Sólo después aparecen los títulos de crédito sobre la silueta de ese violinista en el tejado que aparece al principio deleitándonos con un impresionante sólo de violín. Un inicio de película realmente espectacular.

Ambientada en los albores del siglo XX, cuando el clima político en la Rusia zarista empieza a estar más que caldeado y los clamores de una revolución popular ya casi se huelen en el aire, la película nos narra la historia de una pequeña aldea ucraniana donde judíos y rusos conviven pacíficamente aunque en una tensa calma, y nos presenta el día a día del lugar centrándose en la figura de Teyve, humilde trabajador que es padre de 5 hijas, tres de ellas casaderas. A su hija mayor, Tzeitel, la casamentera del lugar le ha encontrado como marido al carnicero del pueblo, hombre viudo, mayor y con dinero, pero ella de quién está enamorada es de Motel, un pobre y modesto sastre. A la vez, aparece en el pueblo Perchik, un estudiante de la Universidad de Kiev, moderno y progresista, a quien Teyve acoge en su casa para que dé lecciones a sus hijas, a cambio de techo y comida. Y por si esto fuera poco, Hannah, la tercera de las hermanas, empieza a hablar con un joven ruso, cristiano ortodoxo.
Filmada en el sistema de Panavisión y rodada en Tecnicolor, podremos contemplar una estupenda historia, vitalista, colorista y amena, con grandes dosis de inteligente humor en sus diálogos, sobre todo a cargo de la gran piedra angular de la obra, Topol, que ejerce de narrador y nos hace partícipes de sus charlas con Dios y sus pensamientos sopesando sus decisiones, y que nos regalará quejas como “Ya sé que somos el pueblo elegido, Señor, pero de vez en cuando ¿no podrías elegir a otro?”. Visualmente es una película perfecta en su ambientación, en los decorados, en los vestuarios, con una música realmente maravillosa que soporta y alberga estupendos y alegres números musicales. Con una gran fotografía de exteriores que es impresionantemente buena en los interiores.
Dividida en dos actos, el primero de ellos mucho más lúdico y festivo que el segundo donde la alegría le cede un poco más de espacio al drama. Por fortuna, el primer acto es mucho más largo que el segundo, porque a mí es el que más me gusta.
Quiero hacer dos puntualizaciones: 1ª, que salvo algunas excepciones, no me gustan los musicales. 2ª, que la película es muy larga.
Dicho esto, he de decir que a mí este musical me ha encantado. Sí que hubiera acortado un poco el metraje sobre todo quitando algunas canciones que no me han gustado mucho y que hacen que cuando ya estás en el 2º acto, donde decae un poco el espectáculo, empieces a pensar que ya es hora de ir acabándola, pero lo cierto es que no se me ha hecho larga, no mucho, y que me ha parecido un musical muy alegre, bastante divertido, y con algunos números de baile realmente espectaculares y entretenidos como el que se produce en la taberna, rusos y judíos juntos, o el de la celebración de la primera boda, en los que se puede disfrutar una extraña mezcla de música rusa y hebrea que, personalmente, me gusta mucho. También destacaría la escena del sueño que se inventa Topol para conseguir que su mujer acepte como pretendiente de su hija a un pobre sastrecillo. Y, por supuesto, el número en el granero de Topol cuando canta el archifamoso “If i were a rich man” (Si yo fuera rico... dubi-dubi-dubi-dubi-dubi-dubi-dubi-dú). ¡Grande Topol en toda la película! ¡Qué gran trabajo el suyo! Si hasta el comisario ruso le dice “Eres una persona excelente... a pesar de ser judío”.

A mí me parece que para los amantes de los musicales es ésta una película que no deberían perderse bajo ningún concepto. Y para los que, como a mí, eso de estar cantando y bailando a todas horas no les va mucho, pues entontes... deberían verla también.

A los que os animéis a ver esta película, que la disfrutéis.
