El exorcista
FICHA TÉCNICA:
Título Original: The Exorcist
Año: 1973
Nacionalidad: Estados Unidos
Dirección: William Friedkin
Intérpretes: Linda Blair, Max von Sydow, Ellen Burstyn, Jason Miller, Lee J. Cobb, Kitty Winn, Jack MacGowran, Arthur Storch, Barton Heyman, Gina Petrushka
Guión: William Peter Blatty (Novela: William Peter Blatty)
Música: Jack Nitzsche
Fotografía: Owen Roizman
Productora: Warner Bros. Pictures
Duración: 121 minutos
SINOPSIS: Basada en un caso real de posesión que tuvo lugar en los suburbios de Washington. Regan es una niña de 12 años que vive con su madre y que se siente mal; sufre extraños síntomas, incluyendo la levitación y una fuerza sobrehumana. Los doctores intentan tratarla en vano, así que cuando se descartan las explicaciones médicas, su madre recurre a un sacerdote con estudios de psiquiatría. Éste se muestra convencido de que el mal ha rebasado lo físico y afecta a los espiritual. Una vez seguros de que la niña está poseida, junto a otro sacerdote decidirá practicar un exorcismo.
CRÍTICA: La joven Regan de tan sólo 12 años reside en Londres con su madre, actriz de profesión. La plácida vida de la desestructurada familia, con abundantes fiestas nocturnas en su residencia, va a dar un vuelco cuando la inocente niña empiece a desarrollar una misteriosa enfermedad, y muestre un extraño comportamiento. Tras innumerables pruebas médicas con resultados inconcluyentes, la desesperada madre decide acudir al padre Karras, un sacerdote con conocimientos psiquiátricos. Él lo tiene claro: Regan necesita urgentemente una sesión de exorcismo, pues el mal intenta apoderarse de su indefensa alma.
Siempre recordaré el día en que fui al cine a ver ‘El exorcista’ (el montaje del director, con la inclusión de escenas anteriormente eliminadas). El público que abarrotaba la sala se partía de la risa -yo incluido-. Pocas veces había soltado tantas carcajadas en un cine. Pero, en el fondo no lo estaba pasando nada bien. Aquella era una risa nerviosa e incómoda. Porqué aunque era evidente que con el paso del tiempo el filme había perdido parte del encanto (de ahí la mofa generalizada), más cierto era aún que aquel día Friedkin nos dio a todos una clase magistral en la que la tesis era que el terror verdadero jamás muere.
Pero cómo va a morir si de lo que estamos hablando aquí del terror más “puro”? Y es que en aquel entonces el director nacido en Chicago tenía las ideas muy claras. Así que aplicando aquella máxima de Maquiavelo que establece que “el fin justifica los medios”, emprendió un maratoniano rodaje plagado de tragedias y otros pequeños contratiempos que con los años han ido tomando cuerpo de leyenda urbana. Un rodaje en el que ejerció -como ha venido siendo habitual en la historia del género- de dictador con su reparto. Todo sea para lograr la involucración total de los actores y así el terror logre traspasar la pantalla… a fe que lo logró.
‘El exorcista’ no sólo se basa en bombardearnos con imágenes y diálogos desagradables (algo que en ocasiones sólo puede calificarse de brutal), sino también en técnicas mucho más sutiles. Por ejemplo, la inclusión del ruido de un enjambre de abejas en las escenas más tensas para aumentar la sensación de agobio en el espectador, o sobretodo el uso del llamado “terror subliminal” (esa fantasmagórica cara demoníaca, que apenas se llega a identificar, pero se queda clavada en el cerebro durante mucho tiempo).
Regan bajando por las escaleras, o girando 180 grados su cabeza ; toda la escena del exorcismo ; la desgarradora expresión de Max Von Sydow ; la inquietante e inmortal Tubular Bells (tema central de la película) ; los sueños del padre Karras… son ya sinónimos de terror. Porqué ‘El exorcista’ es esto: el terror hecho celuloide.