Elegy
SINOPSIS: David Kepesh (Ben Kingsley), un carismático profesor, está orgulloso de seducir a alumnas deseosas de probar experiencias nuevas, sin embargo, nunca deja que ninguna mujer se le acerque demasiado. Pero cuando la hermosa Consuela Castillo (Penélope Cruz) entra en su clase, su barniz de protección se disuelve. Esta belleza de cabellos negros como el azabache le cautiva a la vez que desconcierta. A pesar de que Kepesh afirma que su cuerpo es una obra de arte perfecta, Consuela es más que un objeto de deseo. Es una persona con un gran sentido de su identidad y una intensidad emocional que hace que se tambaleen las ideas preconcebidas del profesor. Consuela se convierte en una obsesión para Kepesh...
CRÍTICA:
Coixet moribundaDavid Kepesh es un carismático y creído profesor universitario, orgulloso de sus interminables conquistas amorosas a mujeres de todas las edades. Todos sus libertinos principios darán un vuelco cuando conozca a su nueva alumna, Consuela Castillo. Lo que al principio nació como una simple relación basada en el más puro deseo carnal, acabará convirtiéndose en algo más parecido al amor… y a la obsesión.
Definitivamente ‘Elegy’ no funciona. Y siento decirlo pero creo que en este caso todas las culpas se las lleva Isabel Coixet. Habiéndose desligado en esta ocasión por completo del guión, la barcelonesa parece buscar desesperadamente lucirse en las labores de dirección, y claro, la historia acaba resintiéndose estrepitosamente. Y lo más jodido de todo es que ya se le ven las intenciones al cuarto de hora de metraje.
Es indignante que a una historia con tantas posibilidades (principalmente tragicómicas y eróticas) se le saque tan poco jugo. Porqué la única sensación que me quedó tras hora y media (que en realidad me parecieron más bien dos horazas) fue la de haber visto un sinfín de imágenes bonitas, lo cual estoy convencido que se aleja bastante de las intenciones originales del novelista Philip Roth. Así que si lo que pretendía Coixet era hacer su propia galería de cuadros “cool” en movimiento a la vez que tiraba por la borda buena parte del crédito que fue cosechando con sus últimas obras como narradora de bellas historias intimistas, desde luego lo ha conseguido.
Por su parte, ni el asombroso reparto, que más de uno mataría por tenerlo bajo sus órdenes, consigue salvar la función. Los actores parecen haberse contagiado de la peligrosa dinámica del conjunto. Incluso el buen savoir-faire de Ben Kingsley y Dennis Hopper (eso sí, qué placer verles compartir pantalla) es sepultado por la mediocridad que desprende la película. De Penélope Cruz se aprecian algunos intentos por su parte de dar profundidad al personaje de Consuela, pero acaba haciendo lo que sospecho sabe hacer mejor: interpretarse a sí misma.
A pesar de otros detalles que me pusieron de los nervios (recursos pseudos-poéticos alarmantemente facilones y el uso de una voz en off que trata al espectador de idiota), tampoco quisiera quedarme con una impresión final negativa de ‘Elegy’, porque técnicamente sería algo injusto. Como ya he dicho, desconectando el cerebro, es un filme agradable de ver. Pero creo que a estas alturas a Isabel Coixet se le puede pedir muchísimo más.