La niebla
SINOPSIS: En un pequeño pueblo de Maine, estalla de repente una violenta tormenta que termina tan bruscamente como comenzó. Entonces aparece una espesa niebla que va entrando y atrapando a la gente en sus hogares, supermercados... y va matando a todo aquel que se adentra en su oscuridad.
CRÍTICA:
"Frank no estuvo aquí"Se acuerdan de ‘Cadena Perpetua’? Bien. Y se acuerdan del bueno de Brooks? Exacto, el entrañable anciano encarnado por James Whitmore. Es importante retener a este personaje porque ayuda a entender lo que ha pasado con ‘La niebla’, último filme de Frank Darabont (correcto, director de la primera película citada). A riesgo de irme por las ramas, el caso es que el viejo Brooks, tras haberse pasado media vida encerrado, consiguió al fin salir de la cárcel. Pero cuál fue su sorpresa al comprobar que su verdadero lugar estaba entre los fríos barrotes de Shawshank. Ciertamente la cárcel era un lugar horrible, pero con el paso de los años Brooks se acabó sintiendo allí como en casa.
Precisamente esto le sucedió a Darabont. Se pasó tanto tiempo cosechando éxitos con dramas carcelarios (‘Cadena Perpetua’ y ‘La Milla Verde’) que cuando le tocó salir de este entorno se sintió completamente desubicado. Quizás consciente de ello decidió improvisar dos soluciones que le ayudaran a hacer más llevadero este mal trago. La primera fue buscar la compañía de su querido Stephen King, porque si la unión hizo la fuerza en sus dos primeros filmes, por qué no iba a suceder lo mismo ahora? La segunda fue una estrategia más descarada -pero acertada también-: construir en esta supuesta cinta terrorífica su propia prisión, que aquí es ni más ni menos que un supermercado. Pero, dieron sus frutos estas dos propuestas?
La primera sin duda no. A estas alturas me resulta difícil cuestionar el talento de Stephen King como escritor, pero también hay que decir que actualmente su capacidad para fabricar historias de terror está más desgastada que los neumáticos de un fórmula uno. Apenas da miedo, y lo que es peor, hasta hace gracia. En este caso no sé si es porque el pastel se descubre demasiado pronto (cuando la niebla deja ver lo que esconde, salen a la luz todas las carencias del conjunto) o simplemente porque la trama no tiene ningún sentido. Sea como fuere, la película entra en barrena, lo cual ayuda a crear una buena atmósfera de incertidumbre. Pero todo se va al garete demasiado pronto, obligándonos a convivir durante más de hora y media con una historia de escasísimo interés.
En cuanto a la segunda solución a la que antes he hecho referencia, puede percibirse como una especie de bote salvavidas al que Darabont se aferra como si la vida le fuera en ello. La única gracia de la película es la situación inicial: un grupo de personas, numeroso y de lo más variado “encarcelados” en un supermercado que acabará siendo un improvisado y claustrofóbico bunker. La cosa promete, y es allí donde está la -poca- sustancia de la película, porqué más aterradoras que la niebla (si es que realmente lo es) son las personas que huyen de ella. Como todo el conjunto, este concepto está bastante bien tratado, pero sólo al principio, pues el pesado transcurrir del tiempo y el histrionismo de los personajes acaban por derrumbar cualquier buena intención.
Así es ‘La Niebla’, una película que apunta alto en sus primeros compases, pero que irremediablemente acaba cayendo por su propio peso. Y volviendo a Brooks, lo último que escribió el desvalido viejecito a modo de despedida fue “Brooks estuvo aquí”. Un último intento de dejar constancia de su existencia. Pues bien, lo realmente jodido de ‘La Niebla’ es que ningún momento, ninguna escena, ningún fotograma tiene la calidad suficiente como para que su director pudiera escribir “Frank estuvo aquí”.