Punch-Drunk Love
SINOPSIS: Adam Sandler interpreta a Barry, un tipo solitario criado entre siete hermanas. La sobreprotección que ha sufrido desde pequeño le ha impedido enamorarse, pero un día Barry descubre un fallo en un concurso, lo que le permite conseguir miles de millas en billetes de avión. Además, una misterosa mujer -Emily Watson- entrará en su vida, y un romántico viaje comenzará para Barry...
CRÍTICA:
Suerte que te encontré...Barry está atrapado en un una triste existencia. La sobreprotección que ha sufrido durante toda su vida por parte de sus siete hermanas ha hecho que haya acabado encerrándose en su propia soledad. Incapaz de relacionarse con la gente que le envuelve, sobrevive alimentando falsas esperanzas con su infructuoso trabajo, y un descabellado plan para conseguir miles de millas gratis en billetes de avión a través de una extraña promoción de natillas. Pero todo va a cambiar en pocos días cuando primero reciba el implacable acoso de una familia de timadores y después conozca a Lena… el primer y único amor en su vida.
Con el prestigioso -pero siempre discutible- premio a la mejor dirección obtenido en la edición del año 2002 del festival de Cannes se presenta esta controvertídisima obra de Paul Thomas Anderson. Odiada y amada a partes iguales, la división de opiniones no hace más que dar la razón al que sin duda es el mejor director de su generación. Estoy convencido que esta era precisamente su intención, hacer celuloide un sentimiento tan universal como contradictori: el amor. Un sentimiento que por definición no puede dejar indiferente a nadie.
Para ello, el personaje principal y la impagable actuación de Adam Sandler (¡quién lo iba a decir!) juegan un papel primordial en ‘Punch-Drunk Love’. Barry es una personilla de lo más patética, se deja pisotear por quién sea, y hasta es capaz de pedir perdón por ello. Una dinámica que le lleva directo al abismo. Una dinámica que sólo podría cambiar por obra y gracia de una fuerza por lo menos sobrenatural. Ésta fuerza está encarnada por Lena (encantadora Emily Watson), símbolo de la pureza y de todo lo bueno que entraña el amor. Porqué es obvio que el amor tiene una cara amarga y una dulce… pero para esta inclasificable comedia romántica Anderson decide centrarse sólo en esta segunda faceta.
A pesar de este aire desenfadado, la bipolaridad es un elemento clave del filme. Sólo a través de ella puede verse clara la capacidad de transformación que tiene el amor en las personas. Amando y -sobretodo- sabiéndose amado, cualquier persona puede pasar de ser un gusano para convertirse en un superhéroe que todo lo daría con tal de impedir que alguien le haga despertar de su hermoso y azucarado sueño. Así las cosas, para proteger a Lena, el bueno de Barry es capaz de atravesar medio país armado sólo con su renovado valor… y con el auricular de un teléfono usado como contundente arma (genial).
Pero de nuevo, y como no podía ser de otra manera, la palma se la lleva quien está detrás de las cámaras. Paul Thomas Anderson se consagró aquí como uno de los mejores directores de actores de todos los tiempos. Su apabullante dominio de la cámara y sus hipnotizantes juegos de luces hacen las delicias de los más puristas cinéfilos. Por si fuera poco, con ‘Embriagado de amor’ (debo admitirlo, una acertadísima traducción del título original), se consiguió de nuevo la difícil tarea de conciliar los extremos de, por una parte el cine clásico -el espíritu de Fred Astaire flota a lo largo de la hora y media que ocupa esta singular odisea- y por otra las tendencias más vanguardistas. Y de propina, juntando a Sandler y Watson en un paradisíaco hotel hawaiano, nos ofrece ni más ni menos que uno los más bellos besos jamás rodados. La guinda perfecta para una película... con mucho 'punch'.