SinopsisUna anciana pianista, que da clases de música en una cárcel alemana, descubre el talento de una joven y conflictiva presa, Jenny, de 21 años, y decide presentarla a un certamen musical para jóvenes intérpretes. Para lograr el primer premio, las dos mujeres, absolutamente opuestas en apariencia, se van a ver obligadas a trabajar en equipo y a aprender a conocerse y respetarse...
CríticaNo se puede decir que el tema del conflicto amor/odio en las relaciones entre mentor y el alumno aventajado sea algo novedoso en el cine así que cualquier espectador más o menos avezado puede adivinar antes de ver la película cuál será la línea argumental y prácticamente la conclusión de una película de este tipo con tan sólo leer la sinópsis. Con esta premisa, es difícil lograr algo realmente sorprendente e innovador y mucho menos llegar a ser una obra de arte del género.
Evidentemente,
Cuatro minutos no es una gran película pero sí que tiene suficientes elementos interesantes como para llamar la atención y resultar en conjunto una buena cinta. El primero y fundamental es el el del reparto. La película está prácticamente sustentada por las buenas actuaciones de la veterana
Monica Bleibtreu y la joven
Hannah Herzsprung, creando unos personajes de carne y hueso perfectamente creíbles. Credibilidad sustentada por unas personalidades que no necesariamente caen simpáticas al espectador durante muchos fragmentos de la película, que pese a sus luces también tienen unas sombras bastante marcadas y cuyas reacciones pueden provocar el rechazo de los que las presencian. Personajes de los que tienes lástima por las tragedias que han sufrido a lo largo de su vida pero a los que también darías un par de sopapos por sus acciones con respecto a los que los rodean. Frente a las dos actrices principales, también hay que decir que el resto de personajes están muy vagamente retratados, algunas veces incluso de forma demasiado caricaturesca.
El trabajo de dirección, trabajo del poco pródigo Chris Kraus, también es impecable, destacando los bellos contraluces, sobre todo en la escena final. Las relaciones interpersonales, gélidas en muchos momentos para nuestros estándares latinos, están bien reflejadas por una cámara que muchas veces se aleja de la acción, respetando la intimidad de las protagonistas, haciendo que muchas veces el espectador se sienta un poco como un espía asistiendo a escenas que no debería ver.
Por último, destacar la música de la película, medio por el que el personaje de la joven reclusa puede dar rienda suelta a su verdadero ser, mientras su maestra intenta reprimirla y encorsetarla dentro de lo que las expectativas sociales exigen. Antes comentaba que en una película así, el final siempre es más o menos previsible. En este caso, a pesar de que no es una excepción a la regla, no se os ocurra perderos el final, ya que los últimos cuatro minutos de la película tienen tal brillantez que ya por sí solos justifican el visionado de la misma y te dejan un excelente sabor de boca tras su finalización.