Kung Fu Panda
SINOPSIS: El protagonista es un oso panda llamado Po, el más vago de todas las criaturas del Valle de la Paz. Con poderosos enemigos acercándose, la esperanza es depositada en una antigua profecía que dice que un héroe se alzará para salvarles.
CRÍTICA:
Un Panda superduroEl grandullón oso panda Po se dedica a ayudar a su padre en el concurrido restaurante que regenta en el Valle de la Paz. Día y noche los pasa sirviendo platos a la hambrienta clientela, sin embargo su sueño es llegar a ser algún día un reconocido guerrero experto en artes marciales. Siguiendo los dictados de una confusa profecía, Po acabará siendo acogido en el templo de los maestros del Kung Fu, pues por increíble que parezca, él acabará siendo la última gran esperanza del valle ante una terrible amenaza que se cierne sobe él.
Con la consolidación de la factoría Pixar y sobretodo con la irrupción del fenómeno Shrek se creó una gran burbuja de expectativas alrededor de la animación por ordenador. Gracias al famoso ogro verde y a sus irreverentes colegas ya por fin se podía hablar de películas de este tipo que tenían muy en cuenta al público adulto (incluso algunas de ellas estaban especialmente dirigidas a los mayores). Pero, como suele pasar con las grandes burbujas, las expectativas acabaron por estallar y se fueron derrumbando a medida que iban saliendo títulos grises firmados por las mismas factorías que años atrás consiguieron encandilarnos a todos.
Tan poco duró la gran ilusión? En la taquilla está claro que no, pero en términos de calidad… eso ya es debatible. Hay quien dirá -y no con poca razón- que debido a una hornada inicial de excelentes títulos, los realizadores vieron en ella la excusa perfecta para acomodarse en la mediocridad sin el temor de ver disminuidos en ningún momento sus multimillonarios beneficios. Yo creo más bien en una explicación más benévola. Se trata básicamente de un retorno al público infantil. Las razones de este cambio de rumbo las desconozco… pero las sospecho. No hay más que echar un vistazo a las últimas películas de animación para darse cuenta que su único objetivo es contentar a los más pequeños de la casa.
De esta dinámica se impregna precisamente ‘Kung Fu Panda’, de los debutantes Mark Osborne y John Stevenson. El propio protagonista es la prueba más palpable de ello. La gracia de este simpático y rechoncho bufón más que estar en sus diálogos, está en su torpeza. Caídas, tropiezos, muecas y alguna que otra salida escatológica (eso sí, debidamente descafeinada) son algunas de sus armas principales. Y habiendo hecho ya la presentación, aprovecho la ocasión para mandar un mensaje a todos los padres que en estos calurosos días quieran librarse durante un buen rato de las quejas y berreos de sus críos: este verano el mejor canguro para los chavales se llama Po. Seguro que con su compañía ellos se lo pasarán en grande.
Sabiendo ya que la cinta cumple holgadamente con su objetivo, sólo cabe preguntarse si queda un mínimo hueco para el público más exigente. La respuesta es que aunque no sea en excesivas cuantidades, sí hay un puñado de momentos determinados que agradarán tanto a pequeños como a mayores. Y estos no son otros que los momentos de máxima acción, que destacan ya sea por su calidad artística (como el prólogo, al más puro estilo del gran Genndy Tartakovsky), ya sea por su espectacularidad. La planificación de las coreografías y el detallismo rallan aquí a un altísimo nivel. De todas estas escenas, hay una que sobresale por encima de las demás: la que culmina el entrenamiento del protagonista, aparte de rayar la perfección cómica, nos enseña que incluso en esta era digitalizada, puede dar mucho más de sí la disputa por un simple rollito de carne que no cualquier batalla desmesurada entre colosales ejércitos. Una fugaz pero valiosa lección de buen cine.