
Y empezó por fin la 57ª edición del Festival de cine de San Sebastián. Con la lluvia siempre apunto para aguar la fiesta (se tuvo que impermeabilizar la alfombra roja para evitar males mayores), dos auténticos astros se encargaron de despejar los nubarrones que se cernían sobre la ciudad vasca. Brad Pitt y Quentin Tarantino, nuevos amigos del alma, maravillaron al fiel público donostiarra, y monopolizaron toda la atención en la primera jornada del prestigioso certamen. ¿La excusa? Presentar oficialmente en España la última gamberrada del genio americano,
'Malditos Bastardos', y ya de paso abrir la Sección Perlas de Zabaltegui.
Pero para perlas las que se oyeron durante la rueda de prensa de la película. “Estar en un plató con él es como ir a misa. No se pueden efectuar sacrilegios. Nunca te duermes con él. Él sí que es Dios, y como tal Dios, aprendes de él” afirmó Pitt, que encarna al alocado teniente Aldo Raine. Como era de esperar, el expresivo Tarantino también se deshizo en elogios hacia su estrella a la vez que conquistaba aún más a toda la prensa. El espectáculo estaba servido... y todo el mundo rendido. Era auténtico territorio Quentin.
Mientras tanto, y siempre a la sombra de los “bastardos”, al director canadiense de origen armenio Atom Egoyan fue el encargado de inaugurar la Sección Oficial con
'Chloe'. Mezcla entre thriller y drama, el filme nos presenta a una pareja que no pasa por su mejor momento. A raíz de las sospechas de que su marido le es infiel, Catherine decide contratar a la joven Chloe, cuya misión será poner a prueba al cónyuge. Una intrincada historia que abrirá todo un mundo de redescubrimiento sexual y sensual. Protagonizada por Julianne Moore y Liam Neeson, la cinta no dejó indiferente a un público que, a pesar de notar que Egoyan no está al nivel de sus mejores obras, por lo menos mantiene intacta su capacidad perturbadora. Así pues, parece ser que el Zinemaldia -meteorología aparte- empieza con buen pie.