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'La gran muralla' - El Capitán Damon y la Santa Muralla

Vía El Séptimo Arte por 17 de febrero de 2017
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Existen dos maneras de afrontar el visionado de 'La gran muralla' con resultados en teoría dispares que, aunque no lo sean tanto como deberían, podemos dividir en una sola cuestión: sobrevivir... o no. En teoría, porque en la práctica la supervivencia igualmente supone salir herido de una gravedad de la que resulta difícil sobreponerse. En cualquiera de los dos casos tenemos que olvidarnos de aquello que también se ha olvidado su cartel, del nombre de Zhang Yimou. Cualquiera diría que es una exigencia del propio Yimou, absolutamente desaparecido en un combate del que sólo emerge a la hora de dar brillo a las armaduras de los soldados que defienden "la leyenda" de 'La gran muralla'.

"Una leyenda" que posiblemente se adhiera a la propia película, por cuanto estamos ante una de esas presuntas grandes producciones con marchamo de desastre cinematográfico del que avergonzarse tras su paso por los cines, no antes de vender las entradas, y que por supuesto y al igual que 'Capitán Trueno y el Santo Grial', nunca deberían de haber existido. No por nada en particular sino por todo en general, especialmente por el prestigio de los involucrados en la misma. Y que conste que Matt Damon nos cae muy bien, y que conste que Matt Damon tiene un carisma innato que ayuda a que cualquiera cosa que pase por la pantalla "tenga un pase" (con o sin un simpático Pedro Pascal a su lado).

Claro que aquí Damon se disfraza peligrosamente de Nicolas Cage, pelucón incluido, y encabeza el reparto de una pobre producción de serie B sodomizada a base de millones, de muchos millones, demasiados, sin los que podría haber sido perfectamente... si, lo han adivinado, una película directa a vídeo protagonizada por Nicolas Cage. Como aquella que este también rodó en Oriente junto al que fuera Anakin Skywalker. Pobre, puta, apaleada y además solemnemente estúpida, por si había dudas, siendo una de las producciones recientes que más han torturado a la lógica, al sentido común, etc... y en fin, todas esas cosas que el dinero no puede pagar cualesquiera que sea el IVA de la zona.

De hecho uno tiene la certeza que la película ha sido "remontada", al menos lo suficiente como para que el puente que ha unido a China con Estados Unidos haya caído sobre ambas partes dejándolas irreconocibles. Lo peor de cada casa, juntas en una misma película que avanza sin pies ni cabeza partiendo de la habitual premisa de las superproducciones concebidas no más que como un bonito envoltorio: que si no tienes nada que decir, haz ruido, mucho ruido mientras pones cara de chino. Esto es, un atracón de CGI que sustituya a lo que durante más de 100 años algunos ilusos hemos creído que era la base del cine, llámese un guión o una historia, llámese un mínimo de dignidad como cineasta.

Se entiende que Damon "acepte" por la experiencia, incluso se "acepta" que Yimou lo hiciese por la posibilidad de jugar con tales medios. Pero no se puede "aceptar" una película como 'La gran muralla', un despropósito al que 200 millones de dólares han alejado de su hábitat natural, el videoclub. 200 millones que han "desfigurado" lo que podría haber sido una tontería simpática reconvertida, a base de talón, en una tontería solemne que incluso bordea peligrosamente la indignación. La indignación no hacia la historia de un país que la mayoría desconocemos, sino hacia la cultura de lo cinematográfico, una industria no esencial capaz de dilapidar 200 millones de esta manera tan atroz.

La indignación de aquellos valientes que, a pesar de producciones como esta, aún no han perdido la fe en la experiencia que supone ver una película en el cine, con el móvil apagado o fuera de cobertura, en lugar de hacerlo con el móvil encendido y en el metro de camino al trabajo, o a dónde sea.

Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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