Resumen de bitácoras

El cabreo del día. Enseñanzas ¿universitarias?

  • 9th noviembre , 2007
  • Categorías : Mis cositas
  • Por : Paco

Carta enviada a La Razón y que dudo que publiquen

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De piedra me he quedado con su artículo “Las nuevas carreras tendrán que inspirarse en la cultura de la Paz” (9-11-2007) sobre el nuevo Real Decreto para las enseñanzas universitarias.
 
Extraigo: “las materias y asignaturas que conformen los planes de estudio se impartirán de acuerdo con los valores propios de una cultura de paz y de valores democráticos”. Si se refieren a que no atice a los alumnos con la vara, años ha que no se hace. Por edad, ni siquiera he vivido esa época. Pero, como diría el Sargento Bevilacqua de Lorenzo Silva, “esto es la mili”. Los criterios sobre qué conocimientos debe adquirir el alumno para considerar que éste ha superado una asignatura o cuáles son las pruebas que debe realizar para demostrar esos conocimientos los debe decidir el cuerpo docente, no el alumnado. A partir de ahí, es obvio que el sistema no es democrático ya que ellos son más que nosotros pero no pueden imponer su voluntad. ¿O es eso lo que se pretende cambiar? Por mí no hay inconveniente, que los alumnos decidan cómo aprobar. Me juego mi pijama favorito a que me ahorrará mucho del más ingrato de los trabajos docentes: evaluar. Para invocar la cultura de paz no tendré inconveniente en vestirme de hippie ibicenca de los años 70 para explicar la cuadratura del círculo. Al fin y al cabo, los profesores universitarios ya somos “showman” con la inexcusable misión de entretener y motivar al alumno más que de transmitir conocimiento, así que sólo es un paso más en una dirección que hace años que se nos impuso.
 
Extraigo: “la formación en cualquier actividad profesional deberá realizarse desde el respeto a los derechos fundamentales y de igualdad entre hombres y mujeres” ¿Quieren decir que el número de aprobados debe cumplir algún criterio de paridad? Porque la Constitución ya prohíbe que se realicen distinciones por razones de sexo, así que supongo que quieren ir un paso más lejos. ¿O es que tenemos un redactor de decretos traumatizado por el empleo de la vara en su infancia? Porque la inmensa mayoría de los docentes jamás hemos vulnerado derecho fundamental alguno y empieza a resultarme un tanto indignante que me sigan dando la vara (discúlpese el chiste fácil) con el mismo tema. Normalmente sólo necesito que me digan las cosas una vez, a no ser que sea una soberana estupidez y no me la crea a la primera.
 
Extraigo “Dentro de tres años, los términos «ingeniero superior» y «arquitecto superior» prácticamente habrán desaparecido”. No hace falta esperar tres años. Jamás han existido. Hay ingenieros e ingenieros técnicos, arquitectos y arquitectos técnicos. Aunque esa aberración del “superior” existe por una razón. Peritos y aparejadores pasaron a llamarse ingenieros técnicos y arquitectos técnicos, pero a muchos se les olvida añadir el “técnico”, quiero suponer que por economía de lenguaje. Como las atribuciones de unos y otros no son las mismas y las duraciones de las carreras tampoco, los ingenieros y arquitectos añaden al hablar el término “superior” para poder distinguirse. Pero el que se oiga por ahí, no significa que sea correcto. Las escuelas donde se imparten esos títulos son escuelas técnicas superiores. Los títulos, no.
 
Extraigo: “en la actualidad deben superar una carrera de seis años más el proyecto final para obtener su título (refiriéndose a los ingenieros y arquitectos mal llamados superiores). Hace más de diez años que todas esas carreras son de cinco años, con el proyecto fin de carrera generalmente integrado en el último curso. Debería revisar la antigüedad de sus fuentes.
 
Extraigo: “Doctorado. Podrán optar a este título los alumnos que hayan obtenido los dos anteriores (refiriéndose a grado y máster). Pues va a ser que no. El doctorado es, a todos los efectos, un máster enfocado a la investigación y al que se accederá directamente desde el grado.
 
En este punto empiezo a sospechar sobre la información del Real Decreto. Porque si se ha sido igual de escrupuloso en la veracidad de la información sobre ese tema que en el resto de la información publicada, a lo mejor no tengo que aprobar a los alumnos en referéndum, no se duda a priori de mi buena voluntad respecto a los derechos ajenos y no necesitaré ponerme vestidos blancos, sandalias de tiras hechas mano y flores en el pelo para dar mis clases. Lástima por el último punto, me hacía ilusión disfrazarme para bajar al aula y que no se pudiera vincular mi cara al despropósito educativo en el que, ya hace tiempo, se convirtió la universidad.
 
Seamos serios y contrastemos antes de publicar, señores. Vergüenza les debía dar tratar con esa ligereza informativa la formación de nuestros futuros médicos, ingenieros o arquitectos que ya es mucho más que criticable actualmente y que va a empeorar sustancialmente con Bolonia. ¿Por qué no se informan un poco y publican que un criterio de calidad va a ser el número de aprobados? No que los chicos salgan con un buen conocimiento de su profesión, no se engañen. Si no que vayan a curso por año para que no haya fracaso universitario, aunque cuando salgan no sepan hacer la o con un canuto. Pero cuando lo investiguen, lo contrasten, lo corroboren y lo publiquen, se quejarán de que una buena parte del público no les cree a tenor de la rigurosidad de sus artículos previos ¿verdad?

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Se preguntarán qué tiene que ver esto con el cine. Y se me ocurren varias explicaciones que podría dar para vincularlo (mi imaginación es casi infinita), pero no me gusta mentir. No tiene absolutamente nada que ver. Es el producto de muchos años dedicada a la docencia, de ver como se degrada la formación universitaria, de constatar que la enseñanza nada importa frente a la investigación (aunque sea peregrina como dilucidar si las ratas distinguen el idioma en que se habla, pásmense) y de pensar muy seriamente en abandonar uno de los lugares que más he querido, la Universidad, para no ver en qué se va a convertir. La próxima vez, prometo hablarles de cine. Aunque no me negarán que esto es una película de terror.

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