Autor Tema: " El gafe" Capítulo 2  (Leído 2382 veces)

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Desconectado juanluis

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" El gafe" Capítulo 2
« en: 19 de Enero de 2010, 01:31:38 pm »
   Aquí teneis el segundo capitulo. Para los que no se hayan leído el primero os dejo un enlace. Gracias por vuestra lectura.

               Capitulo 1    https://www.elseptimoarte.net/foro/index.php/topic,14278.0.html



                                                    Capitulo    2


                Los jugadores del equipo de baloncesto esperaban a su entrenador a la salida para ver como se trasladaban al partido. Generalmente se repartían en dos o tres coches, uno de ellos el del entrenador, y en los de un par de padres voluntarios.  Lorenzo, al que su padre ya había dicho que debía acompañarle esperaba apoyado en el maletero del coche. Los demás hablaban mientras tanto de la posibilidad de ser campeones. A los poco minutos llegó Eugenio.
-   ¿ Bueno?, ¿Qué padres vienen hoy?.
-   ¡ El mío y el de Jaime!- dijo uno de los alumnos.
-   ¿ Y donde están?.
-   El de Jaime esta aparcado allí detrás, y el mío no ha llegado todavía.
-   Bueno pues , haced tres grupos . Cuatro que se vayan con Luis y su padre, otros cuatro con el de Jaime; y conmigo  tres.
  Se dividieron como se estipuló, y uno de los grupos se marchó para uno de los coches. Apareció el padre que faltaba , y el segundo grupo se subió en su coche.
. Venga , vamos para adentro .Dijo Eugenio a los tres alumnos y a  su hijo. Lorenzo fue el primero en subir. Los jugadores le siguieron en un respetuoso silencio, y durante el trayecto solo respondían con monosílabos a las órdenes que Eugenio iba adelantando. Ninguno decía nada de la inquietud que les causaba que Lorenzo viajara con ellos. Por un lado ,delante de su padre no se atrevían por vergüenza, y por otro estaban a acostumbrados a convivir con él.  La mala suerte a que arrastraba no era algo inmediato a su presencia. Había días en los que nada sucedía achacable a él, e incluso muchos alumnos no creían en nada de lo que se decía  pues nada habían sufrido.
        Al llegar se extrañaron de que no hubiese llegado el padre de Jaime con el primer grupo, pues habían salido unos diez minutos antes que ellos, y el trayecto tampoco era muy largo. El otro equipo esperaba sentado en la grada a que terminase el partido anterior. Cuando terminó, se fueron todos  hasta la pista, y se colocaron en sus respectivos banquillos. Quedaban quince minutos para el comienzo del partido, y solo había tres jugadores, por lo que malos augurios cruzaron la mente de todos. Lorenzo, que se había quedado en la grada pensó solamente ,“hoy toca montarla”, con total serenidad, pues como se ha dicho no sufría ningún tipo de tormento por su mala fama.  Por la puerta del patio del colegio donde se disputaba el partido aparecieron corriendo cuatro jugadores del equipo, lo que alegró profundamente a los que ya estaban allí. Uno de ellos se acercó al entrenador con la voz entrecortada por la carrera.
-¡ Eugenio…., Eugenio!, decía  mientras  intentaba respirar. El padre de Jaime ha llamado al mío por el móvil…, y dice que están en un atasco.
-¿ En un atasco?, ¡joder!. Bueno ,¿y en ese coche vienen Jaime, Jose Luis, Manuel y Ricardo ,no?.
- Sí.
- ¡ Me cago en la puta!. El ochenta por ciento del equipo titular en un atasco.  El entrenador se quedó callado, y reunió al equipo , donde todos los componentes ya sabían la noticia por el resto de chicos que venían en el coche, en el banquillo.
- ¡ Chicos!. Esto es lo que hay, y a esto nos tenemos que enfrentar. Los que no son titulares están para suplirlos, y hoy es el día en que esta máxima cobra todo su sentido. Vamos a jugar lo mejor que podamos, y si podemos ganar bien, y si no pues ….( iba a decir mala suerte) habremos perdido y no pasará nada. Puede que lleguen pronto y puedan jugar, pero no quiero pensar en eso. ¿ Y por qué?, porque sí solo pensamos en ellos, sería como decirnos a la cara que somos muy malos y que no podemos jugar por nosotros mismos, y quiero deciros que confío en vosotros plenamente.
         Ninguna de las palabras de Eugenio fueron pronunciadas bajo algún tipo de falsedad. Realmente le daba lo mismo perder, y aunque pensaba en los doce mil euros de premio; era lo suficientemente buen educador como para no perder la cabeza por la codicia. Su pequeña charla le había hecho cobrar la ilusión de que se podía ganar el partido.  Eso era lo que pensaba cuando miraba a los dos equipos ya ataviados en el campo para comenzar ; y una agradable sonrisa inundaba su rostro. Pero poco a poco, sin remedio alguno, comenzó a calibrar instrucciones para el equipo; y fue dándose cuenta de que en todos los partidos anteriores estas eran vertidas principalmente sobre dos jugadores, que en ese momento se encontraban atrapados en algún punto de la ciudad. Esos dos jugadores, que eran Jaime y Ricardo, lograban siempre más de la mitad de los puntos. El primero era el base y organizador del juego, y el que más posesión de balón ostentaba; y Ricardo además de ser bastante alto y fuerte; era una delicia técnica. De hecho ambos, dejarían este año el equipo escolar para formar parte de las categorías inferiores del club de la ciudad. La primera canasta fue del contrario, la segunda también, así como la tercera, la cuarta, la quinta, la sexta, y la séptima; solo entonces lograron anotar sus primeros dos puntos. No cambió mucho la cosa en el resto de la primera parte, y llegaron al descanso perdiendo de veintiséis puntos. Todos estaban abatidos  en el banquillo. Pero en ese momento aparecieron los cuatro jugadores que faltaban. Lo que tampoco animó mucho a sus compañeros que los recibieron con la triste noticia del resultado, pero sí a Eugenio que creía en el milagro. Alineo al equipo titular, que hicieron una segunda parte  espectacular, tanto que no merecieron que el destino fuese tan cruel con ellos dejándolos solo a un punto del empate. Al finalizar el partido todos lloraban desconsolados. El entrenador y el par de padres les llenaban los oídos de frases típicas, pero su desolación era francamente atroz.
        Por la noche, ya en casa, Lorenzo se encontraba viendo la tele cuando entró su padre en el salón .Se sentó a su lado.
-   ¿ Como estás?. Le preguntó.
-   Bien, aquí viendo  una película. Hoy tendrías que haberme mandado a casa en un taxi.
Eugenio abrazó a su hijo.
-   Hoy tenías que venir conmigo y conmigo fuiste. Le dio un beso y le acompañó hasta que terminó la película.

     A los dieciocho años se había convertido en un joven envidiable si no fuera por su enigmática constancia en deshacer toda buenaventura que rozaba su órbita.  Era un inteligentísimo estudiante y poseía una gran belleza. Era rubio, alto, con los ojos azules, y un trabajado cuerpo a base de practicar deporte en solitario. Tenía unas excelentes marcas en las pruebas de velocidad, aunque nunca intentó participar en ninguna competición, acostumbrado a la soledad , que motivó también  que fuera aficionándose a  los animales. Conocía a los pájaros por su canto. Tuvo perros, gatos, y hasta tortugas en su casa. Con gran frecuencia acudía al zoo, donde, a pesar de que fuese el sitio perfecto para encontrar un balneario para curar su mal, si nos guiásemos  por los finales de novelas, películas y leyendas;  también sucedieron inevitables acontecimientos. Hubiera sido ciertamente hermoso que entre animales acabase la mala suerte. Tendríamos la sensación de que hay relación de causa y efecto entre lo que hacemos y lo que nos depara el futuro; y que los malvados serán castigados, y los buenos de corazón encontraran consuelo.  Era conmovedor  observarle a veces acercar su cara a alguno de los varios perros que tuvo, hasta tocar con su mejilla su pelo, y acariciarle con la mirada pérdida, pensando seguramente en la escasez de ternura que caracterizaba su relación con los otros niños. En el zoo, un empleado fue devorado por un león el día del décimo cumpleaños de Lorenzo mientras lo celebraban él y sus padres a pocos metros. Tanta era su devoción por los animales que se decidió a estudiar Biología en la universidad. Un día ,mientras esperaba haciendo cola para entregar la matrícula, reparó en que a pocos metros se encontraba una chica a la que cazó mirándole de vez en cuando. Ella apartaba la mirada cuando  Lorenzo sostenía la suya.
-¿ Conoces a aquel de allí?, preguntó la joven a otra que estaba a su lado.
-¿Cuál ?, ¿el rubio de la camisa azul?.
-Sí, ese .¡Que guapo es!.
-Sí que lo conozco , y vete olvidando porque nada bueno te traería.
-¿ Por que?, ¿es un vividor rompecorazones?.
- No, es mucho peor que eso. Es el tío más gafe que hay en el mundo. Si te acercas mucho, algo te pasará.
-¿ Pero que tonterías estas diciendo?.¡ Oye ¡, ¡ que vamos a estudiar psicología Laura!.
- ¡ Supongo que crees que soy una supersticiosa por decirte lo que te he dicho!. Pero pronto lo verás.Algo pasará a su alrededor de aquí a nada. No hay mes en que no suceda algo.
- Sí hombre sí. ¿Se va a caer el techo?.
- Bueno, ya lo comprobarás por ti misma.
- ¡ Que guapo es, virgen de Dios!.¡Que guapo!.
        Silvia iba a estudiar psicología en la ciudad junto con su prima Laura. Era una recién llegada que iba a vivir en casa de su prima durante su licenciatura. Desde aquel día quedó prendada de Lorenzo, y cada vez que se lo cruzaba por el campus se quedaban unos segundos mirándose. Se creo cierta complicidad, y ya no negaban que se conocían ,porque al tiempo se saludaban con un escueto hola. Laura, a la que su prima bombardeaba con palabras sobre su amor no paraba de aconsejarla para que olvidara  todo, y no tentase al destino. Le contaba toda clase de historias sobre el pasado, y la verdad es que Silvia se quedaba sorprendida de lo que oía, pues sabía que no le estaban mintiendo; y a veces guiada por la prudencia  se decía que debía intentar fijarse en otro chico. Pero dejarse llevar por esos pensamientos le trastornaba , sobre todo cuando en alguna clase las exposiciones del profesor hacían hincapié en el cambio histórico sufrido por el pensamiento humano, transformado con el paso de los siglos en rigor científico. Y además, sentía una profunda lástima de su situación, porque empezó a observar la soledad de quien iba poco a poco agitando sus sentimientos. Deseaba  poder hablar un poco más , y esa oportunidad la tuvo un día desapacible de invierno en el que de pronto comenzó a llover. Silvia se encontraba en la puerta de la biblioteca esperando a que escampase para poder marcharse a casa, y a los pocos minutos apareció él con un paraguas, pero la lluvia era tan fuerte que decidió  no salir hasta que bajase la intensidad.
-   ¿ No tienes paraguas?, le preguntó.
-   No, cuando vine hacía viento, pero no había llovido en todo el día. Y la verdad es que estaba nublado.
-   ¿ A donde vas?.
-   Pues voy andando a casa, pero hoy me conformaría con llegar a la parada de taxis y coger uno.
-   Sí quieres te llevo hasta allí.
Parecía que con ello Silvia rompiese un gran tabú, y se extrañaba de que Lorenzo también lo hiciera, pero ,¿qué estupidez estaba pensando?, ¿acaso no podía  ir acompañada unos metros por un chico?.
-   Bien, ¡perfecto!.Esperaron a que lloviese con más suavidad, y fueron hasta la parada, en la que no había ningún taxi.
-   ¿Qué es  lo que estudias?, preguntó Lorenzo.
-   ¡Psicología!, ¿ y tu?.
-   Biología.
-   ¿Te gustan los animales?.
-   Más que las personas.
Silvia estuvo a punto de decirle, “eso es porque eres gafe ¿no?”.
-   Si , hay alguno que otro que es mucho peor. Esperaron  unos minutos, pero no aparecía ningún taxi. Lorenzo empezó a darle vueltas a la  idea de invitarla a un café. Allí , en su ciudad no había tenido nunca relaciones sexuales con ninguna chica a pesar de su belleza, porque todas estaban convencidas del poco recomendable rumbo que podía tomar sus vidas después de una relación próxima a Lorenzo. Su única experiencia aconteció fuera, durante una vacaciones. Se encontraba en un hotel costero pasando una semana  con sus padres. Conoció a una chica, y una tarde en la que  aquellos estaban en una excursión organizada, fueron a su habitación e hicieron el amor. Aquel primer encuentro sexual tuvo su inevitable consecuencia, ya que aquella chica acabo enferma el resto de sus vacaciones sin poder salir de la cama. Según esta premisa Silvia era una buena oportunidad para él. Con seguridad ya habría escuchado algo , pero no creería nada de lo que seguramente considerase habladurías de la gente. La invitó al café, y charlaron entretenidamente. Cuando se despidieron , intercambiaron sus teléfonos.






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" El gafe" Capítulo 2
« en: 19 de Enero de 2010, 01:31:38 pm »

Desconectado Black Knight

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Re: " El gafe" Capítulo 2
« Respuesta #1 en: 19 de Enero de 2010, 01:52:58 pm »
Tambien leido, esperando el 3º :D.
que la fuerza os acompañe

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Re: " El gafe" Capítulo 2
« Respuesta #2 en: 19 de Enero de 2010, 08:11:51 pm »
Tambien leido, esperando el 3º :D.

  Gracias black. El Martes q viene lo publico

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Re: " El gafe" Capítulo 2
« Respuesta #3 en: 20 de Enero de 2010, 12:25:31 pm »
Yo también lo he leído.
¿Es que no lo tienes escrito ya, lo vas escribiendo sobre la marcha?
Los japoneses no miran... sospechan (Woody Allen)

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Re: " El gafe" Capítulo 2
« Respuesta #4 en: 20 de Enero de 2010, 01:35:43 pm »
Yo también lo he leído.
¿Es que no lo tienes escrito ya, lo vas escribiendo sobre la marcha?


   Los tengo ya escritos, pero es que suelo publicarlos semanalmente.

Desconectado Guevara

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Re: " El gafe" Capítulo 2
« Respuesta #5 en: 20 de Enero de 2010, 02:08:31 pm »
Ah, vale...   :guay
Los japoneses no miran... sospechan (Woody Allen)

 

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