Autor Tema: " El color del sofá" capítulo 2  (Leído 2851 veces)

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" El color del sofá" capítulo 2
« en: 14 de Febrero de 2010, 12:28:12 pm »
  Aquí teneis el segundo, con el enlace para quién quiera empezar desde el principio.

           Capítulo 1   https://www.elseptimoarte.net/foro/index.php/topic,14610.0.html


                                                                         2

         Días después , el tapicero fue realizando su trabajo en la casa de Abel. Terminó en una semana, cobró, y volvió a su trabajo en el almacén. En el momento en que se fue, Abel se dio media vuelta y comenzó a andar hacía el salón lleno de júbilo. Se paró en la entrada, y desde allí divisó ese precioso sofá negro que se levantaba majestuoso delante de él. Su primer impulso fue intentar abarcarlo con sus brazos, como quién abraza con profundo amor a un ser querido. Entre sonrisas balbucía palabras alegres. Hasta se puso a besar su sofá. Luego se tumbó en él, y con las manos iba acariciándolo. Era muy cómodo. Mirando al techo comenzó a pensar en Natalia. Natalia era una mujer con la que llevaba manteniendo relaciones unos meses. Se conocieron en el trabajo y comenzaron a verse a escondidas porque ella era casada. Sin embargo había profundizado tanto, que estaba dispuesta a separarse. Precisamente los días en que el tapicero hizo su trabajo, ella debía haber dicho ya a su marido su intención de no seguir juntos.  Pero no lo había hecho, ya que los celos de aquel dificultaban la tarea. Pero estaba resuelta a hacerlo.  La situación no podía demorarse más  .
      Estaban cenando, y mientras Natalia cortaba su filete notaba el aire turbio que envolvía la escena. Las cortinas azules no le transmitían nada.  La madera de la mesa parecía vacía. Un desagradable viento entraba por la ventana desde la negra inmensidad de la noche. Como es evidente nada hay de emoción en las cosas. Todos los atributos que en ellas percibimos no son más que el fiel reflejo de lo que sentimos, y lo que Natalia sentía al lado de su marido era una profunda soledad perceptible en que durante toda la cena solo se escuchaban los sonidos de los cubiertos sobre los platos, semejantes a los ruidos que nos impiden conciliar el sueño. Pero Abel había introducido un halo de esperanza en su vida. Volvía a sentirse viva. Y para que ese deseo fructificase debía alzar la mirada y hablar con ese extraño que comía a dos metros de ella. No quería malgastar sus años al lado de aquel hombre.
-   ¡ Luis!. Su marido interrumpió el tintineo monótono de su cuchillo y tenedor.
-   ¡Dime!.
-   Tenemos que hablar muy seriamente.¡ Verás Luis!, no podemos seguir juntos. Ya no nos queremos Luis. Lo sabes perfectamente. Y yo preferiría vivir sola.
Su marido permaneció en silencio un instante. Los celos comenzaban a aparecer. Sin embargo procuraba que no se manifestasen. Por otro lado sabía que debía respetar la decisión de su esposa, y que por mucho que él quisiera no podría impedir que ella siguiese su vida. Ligeramente abatido dijo:
-    ¿ Es por otra persona ,no?.
-   No, no es por otra persona. Natalia decidió mentir para no complicar tan duro momento. Es por mí , Luis. No nos queremos. Te podría dar mil razones , o hacerte una radiografía de los últimos dos  años, pero para que darle tantas vueltas si es mucho más fácil acudir directamente a lo que sentimos. Yo ya no te amo, y tu tampoco.
-   Eso es lo que tu dices.
Natalia se sulfuró ligeramente ante la frase de su marido. Para ella no había razón para decir aquello, y él solo estaba empequeñeciéndose.
-   ¡No me digas eso!. Sabes que no es verdad. Natalia tenía serias ganas de golpear la mesa, para desatar una leve furia que recorría su cuerpo. En estas ocasiones aquel que causa el daño no puede hablar claramente, y era eso lo que la enfurecía. ¡Me tengo que sentir culpable ¡, ¿verdad?. ¡Es eso!. ¡Me tengo que sentir culpable!. Pero esto no es algo que haya causado yo. Es que es cierto que no vamos a ningún lado juntos.
-   ¡Hay otro hombre ,seguro!. ¿Quién es ?. ¡Ese Abel de tu trabajo!. Me lo han dicho ¿sabes?. Un compañero vuestro me ha comentado que todo el mundo lo murmura. Así que debe ser verdad.
Natalia continuaba enfurecida, pero no quería mostrar nada de ello. La buena educación le impedía decir la verdad, pero al mismo tiempo se le presentaba la ocasión de zanjar aquello definitivamente, diciéndole que si era Abel la causa de su decisión.  Aun  así no lo afirmó rotundamente.
-    ¡Mira!. Lo que yo haga es cosa mía. No tengo que darle explicaciones a nadie.
-   ¡Perfecto!. Te voy a decir una cosa. Me gustaría pegarte una paliza, ¡ de verdad!. Te machacaría la cabeza ahora mismo. Solo eso me tranquilizaría. Y mientras te pegase te diría puta mil veces.
-   ¡Qué asco ser mujer!, ¡que asco!.
-   ¿ Y que vamos a hacer?, ¡ di!.¿ Cual es el siguiente paso?.
-   ¿Por  qué no te vas a vivir a la casa de la playa?.Hasta que se decida como repartimos.
-   ¡Esta bien!. Esta misma noche iré a dormir allí.
A la mañana siguiente Abel esperaba en la puerta del banco a que fuera abierta. Natalia fue la segunda en llegar, saludándolo con un par de besos.
-   ¡Cariño!. Se lo he dicho.
-   ¡¿Qué?!,. ¿ A tu marido?.
-   ¡ Si!, se lo dije anoche. No podía aguantar más. En unos días recogerá sus cosas y quedaré completamente  libre . ¿ No te alegras?.
-   ¡¿Qué si me alegro?. Te daría ahora mismo un abrazo.
-   Pronto me lo darás delante de quien quieras . Muy pronto.
Al poco llegó el director de la sucursal. Abrió la puerta, y todos se fueron a ocupar su puesto de trabajo. En mitad de la jornada Natalia se acercó a Abel y le citó a la salida en un café un tanto alejado del banco para hablar. Allí se vieron veinte minutos después de que saliesen.
-   ¿ Y que vamos a hacer ahora?, preguntó Abel impaciente por la libertad que se avecinaba.
-   ¡Pues no sé!. Vamos a esperar un tiempo, y entonces comenzamos a salir sin escondernos. Y que todos vayan viendo entonces lo que ocurre entre nosotros. A partir de ahí ,que hable el que quiera.
Abel guardó un poco de silencio.
-   Será lo mejor. ¡Eso es!. Entonces , ¿vas a vivir sola?.
-   Ya vivo sola, o al menos eso creo. Mi marido se va a la casa de la playa; pero hasta que no se haya trasladado definitivamente no puedes venir a mi casa. Tendremos que vernos en la tuya.
     Eso era, al menos de momento, imposible. El sofá negro presidía el salón de la casa de Abel.
-   ¿En mi casa?, es que… .  Se había quedado completamente en blanco, y dijo lo primero que se le ocurrió. Es que están pintándola.
-   ¿Pintándola?.¡No me habías dicho nada!.
-   Ya. No sé, ya sabes que no hablo mucho de decoración. Pero es que las paredes estaban un poco desconchadas, y he decidido pintarlas.
-   Bueno, pues nos veremos en un hotel. Y así, durante el tiempo en el que se supone que se pinta una casa se vieron en un hotel. Abel logró que la tarea durara casi un mes. Para entonces el marido de Natalia ya no pasaba por su casa, ya que había trasladado todos sus enseres a la casa de la playa. Un día , justo después de acabar la ficticia reforma, Natalia insistió en ir a casa de Abel, pero este logró convencerla para que fuesen a casa de ella, ya que se inventó que había perdido las llaves. La opción del hotel tuvo que ser descartada porque ese fin de semana se celebraba un importante evento deportivo en la ciudad y todas las plazas estaban ocupadas. Al llegar a casa de Natalia, se sentaron en el salón, y abrieron una botella de vino, que fueron degustando mientras hablaban de ellos.
         A pocos kilómetros de allí, el marido de Natalia echó en falta algo. En el traslado a la casa de la playa había olvidado unos cartuchos de escopeta , por lo que debía volver a por ellos. A pesar de que entregó las llaves de la casa a Natalia ,en su actual morada había un juego guardado para posibles pérdidas en el que no repararon. Cogió el juego, se montó en su coche, y puso rumbo a su antigua casa sin avisar de su llegada.

         Abel y Natalia  se miraban cándidamente el uno al otro mientras sujetaban una copa de vino. Sonreían compulsivamente. Abel, después de haber bebido bastante, pensó que quizás ese fuera el momento más adecuado para hablarle de su gran secreto. Estuvo dándole vueltas a la cabeza con cierto júbilo, y pensó que lo que a él le llenaba tanto, no tendría porque no llenar a la persona a la que tanto amaba.
         - ¡ Natalia!.
        -  ¡ Dime!, dijo ella acercando su rostro en plena señal de amor.
           - ¡ Me gustaría decirte algo!. Algo que quizás te enfade al principio, pero que creo que acabará gustándote.
               Ella puso cara de extrañeza.
         - ¿De que me hablas?.
          - Pues te hablo de algo que he hecho, y que está  mal. De algo abyecto y miserable. Abel ponía el énfasis propio de un actor de teatro recitando un famoso monólogo. De algo repudiado por todos, aunque a nadie hace mal. Algo por lo que merece la pena morir.
        -¿Pero que estás diciendo?. Puesto que el tono de Abel era más bien burlesco, Natalia pensaba solamente en que pronto alguna frase descubriría una broma que explicase el contrasentido latente .Tan poco en serio estaba tomando esas palabras que mirando la botella de vino reparó en que estaba vacía. ¡Pues se ha acabado el vino!.¡Voy a por otra!. 
         Se levantó y fue hacia la cocina. En ese momento su marido abrió la puerta de la casa, entró y escuchó ruido en la cocina. Fue hacía ella con el objeto de pedir disculpas, explicar el motivo de su repentina aparición, coger los cartuchos y largarse; pero antes de entrar en la cocina por la puerta que la unía al recibidor, escuchó a Natalia hablar en voz alta. En parte por no provocar una situación embarazosa, y en parte guiado por la necesidad de saber como se comportaba ella con quien quiera que fuese que estaba allí, permaneció callado, y sin entrar en la cocina. Esta, tenía otra puerta que conducía al salón, por la cual salió Natalia con otra botella de vino blanco, hablando por el camino. Su marido cruzó entonces la cocina y llego hasta la puerta del salón. Desde allí podría escuchar lo que hablasen sin que fuera descubierto. Natalia sirvió otras dos copas de vino.
-   ¡¿Qué tontería me querías decir?!.
-   ¿ Quieres que te lo diga?.
-   ¡Claro, ya me tienes intrigada!.
-   ¡Pues ahora no te lo digo!.
-   ¡¿Qué ahora no me lo dices?!.¡ Bueno, me da igual!.
Ambos soltaron una sonoras carcajadas, soltaron los vasos encima de la mesa, y se abrazaron compenetrados.
-   ¿ Que es ?. Pregunto Natalia, suplicando con ligera seriedad, sinceridad.
-   ¡Tengo un sofá negro!.
-   ¡¿ Qué ?!.
-   ¡ Que tengo un sofá negro!.Un magnífico sofá negro presidiendo el salón de mi casa. Me tumbo en él todos los días, y es maravilloso cariño. Una auténtica gozada.¡ Es comodísimo!, pero sobre todo es bonito. Me encanta contemplarlo. Natalia apartó con su brazos a Abel.
-   ¿ Pero eso lo estas diciendo en serio?.
-   ¡Completamente!.
-   ¡Pero tu estás loco!. Dijo Natalia levantándose.
Su marido creyó que ella podría abandonar el salón en cualquier momento y descubrirle, así que con todo el sigilo que pudo abandonó la casa.
-   ¡ No estoy loco!. ¡ Quería tener uno, y uno tengo!; y lo próximo que quiero  es hacer el amor contigo en él.
-   ¡ Sí claro!, ¡ y lo siguiente pasearnos los dos en una carroza por toda la ciudad sentados en un sofá negro!. ¡ Camino del patíbulo!.
-   ¡ Ven aquí!. Dijo Abel dando unos golpecitos en el sofá. ¡ Siéntate !, ¡hablemos!.
            Natalia obedeció.
-   ¡ Solo he hecho lo que el placer me dictaba!, ¿ Y dime?. ¿ Nunca lo has pensado?. ¿ No has deseado alguna vez ver que se siente?. Te aseguro que tumbarse en ese sofá es lo mejor cariño. Vamos allí, y probémoslo. Te va a encantar.
-   Pero no es cuestión de haberlo deseado Abel. Es que es algo muy peligroso.Nos podemos meter en un buen lío si nos descubren.. ¿ Que vamos a hacer si te coge la policía?. Sería el fin.
-   ¡ Ya lo sé, ya lo sé!. Pero ¿sabes?. He preferido volverme valiente. Cuando veo en la tele alguien que ha cometido una heroicidad, siento como decrece mi autoestima. Como si no valiese para nada. Y es porque toda nuestra vida se nos ofrece como un camino fácil y alejado de decisiones que valgan la pena. Porque por encima de todo está  sobrevivir,  evitar la cárcel y la repulsa social; pero ¿por qué?. Me quiero arriesgar cariño. Y los pensamientos que me exigen cautela son solo un puñado de chantajistas, cuya tiranía es satisfecha por nuestra obediencia basada en el miedo.¿Sabes?, es que me da igual lo que me pase. ¡Que hagan lo que quieran!, ¡ que yo también haré lo  que me plazca!.
            Natalia veía nobleza en las palabras de Abel,. Pero aquello podría frustrar el magnífico futuro que les esperaba, al menos a corto plazo. No quería que su amor, que ahora podía crecer libre como las plantas al sol, fuese pisoteado por la crueldad de una ley ante la cual también sentía rabia, pero que al menos ofrecía algo de felicidad auque fuese a cambio de una dolorosa sumisión.
-   ¿ Y dices que es bonito?. Preguntó Natalia mientras miraba el suelo con una apacible sonrisa en sus labios.
-   Es precioso. Quiero besarte en él, desnudarte en él, que tus prendas bailen caóticas por sus brazos y cojines; y que te duermas en mi regazo tumbados allí.
Finalmente fue convencida por Abel, y se fueron a casa de este.


       
   



 

Foro de cine - E7A

" El color del sofá" capítulo 2
« en: 14 de Febrero de 2010, 12:28:12 pm »

Desconectado Black Knight

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Re: " El color del sofá" capítulo 2
« Respuesta #1 en: 15 de Febrero de 2010, 08:47:15 am »
Leido, esta interesante.

que la fuerza os acompañe

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Re: " El color del sofá" capítulo 2
« Respuesta #2 en: 15 de Febrero de 2010, 12:09:27 pm »
Leído y esperando el próximo.   :guay
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Re: " El color del sofá" capítulo 2
« Respuesta #3 en: 16 de Febrero de 2010, 11:51:53 am »
un poco pillado con pinzas el episodio de la confesion, no?
le amenaza con vejaciones y solo se le ocurre decir:
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no cuadra, no
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Re: " El color del sofá" capítulo 2
« Respuesta #4 en: 16 de Febrero de 2010, 12:33:00 pm »
un poco pillado con pinzas el episodio de la confesion, no?
le amenaza con vejaciones y solo se le ocurre decir:
Citar
-   ¡Qué asco ser mujer!, ¡que asco!.
no cuadra, no

   La razón puede ser que este relato lo fuí escribiendo tb conforme lo publicaba y no pude explayarme lo que me hubiera gustado en ciertos puntos de la narración; y esa sensación de que ventilo demasiado rápido ciertos momentos que necesitan bastantes más líneas me ocurre a menudo. El próximo relato que publicaré tb lo publiqué igual por lo que quizás notes algo parecido en ciertos tramos , pero tengo un cuarto que estoy escribiendo y que no publicaré hasta que lo terminé donde este problema se soluciona un poco, aunque no está libre de fallos por supuesto.

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Re: " El color del sofá" capítulo 2
« Respuesta #5 en: 16 de Febrero de 2010, 01:10:04 pm »
lo veia raro
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