CINÉFILOS > Cine clásico y contemporáneo

Cautivos del mal (1952)

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Soprano:
Un retrato amargo de Hollywood que ahonda en los entresijos de la industria del cine y en los egos de sus principales protagonistas, tres perspectivas de una misma historia que no es otra que aquella que se esconde detrás de buena parte de las películas que disfrutamos, o no tanto porque en ocasiones estoy seguro de que conocer la leyenda oculta tras la cámara resultaría tan interesante o más que la propia película, aunque este por supuesto no sea el caso.

Notable fotografía y dirección para lucimiento de un reparto no menos destacable, en el que brilla con luz propia Kirk Douglas en un papel que parece hecho a su medida, uno de esos clásicos que se tienen bien merecida su fama.

Balbo:
Una película excelente  :obacion

Me ha encantado. Hay momentos en la película que Kirk Douglas te cae genial, un visionario, pero otros momentos sobre todo al finalizar cada historia, se muestra como un hombre despiadado y sin escrúpulos. Es como si hubiera dos personas en un mismo cuerpo.

Es de esas películas que hay que verlas de vez en cuando para ver que grande es el cine...

... y por cierto, Lana Turner está guapísima  :si

Michael Myers:
JONATHAN 'PICO DE ORO' SHIELDS

Una película de las llamadas "cine dentro del cine" siempre son de agradecer de vez en cuando, sobre todo si son tan buenas como esta cinta del legendario Vincente Minnelli, marido de Judy Garland y padre de la futura estrella Liza Minnelli.

En la producción que nos ocupa, Kirk Douglas se aleja del aura del heroísmo que tendría más tarde en 'Senderos de gloria' o 'Espartaco' para dar vida a un productor de cine de mala reputación que le servirá para granjearse éxitos y enemigos (Lana Turner/Georgia Lorrison, Dick Powell/James Lee Bartlow, Barry Sullivan/Fred Amiel), los mismos enemigos que darán pie a cada una de las historias en formato 'flashback' que darán una explicación del porqué llegaron a odiar tanto a Jonathan Shields (Douglas).

Cada uno de los tres protagonistas ciertamente tienen razones de peso para mantener un odio inquino y sirve, a su vez, para hacer un retrato cínico de lo que puede ser el mundo del cine cuando te las ves con tiburones como Jonathan Shields, quien no duda en devorar a quien haga falta para llevarse el dinero y la gloria; si bien tanto asco lo produce la muy creíble interpretación de Kirk Douglas, una figura en ascenso que en años venideros se confirmaría como uno de los grandes del Hollywood clásico.

Sus compañeros de reparto tampoco se quedan atrás, retratando cada uno de ellos con total verosimilitud sus respectivas personalidades y un abanico de sentimientos que van desde la alegría del éxito, el amor más pasional o una indignación que no cabe en los escritos cuando Shields muestra su verdadera cara después de haberles conseguido hipnotizar con su pico de oro; aunque me resulta curioso que solamente Gloria Grahame consiguiera nominación (merecida, por otra parte) cuando es un elenco que brilla en líneas generales.

Esta es una película que escupe a su propio negocio sin disimular ni un poco, pero, por otro lado, sería tapar una parte de la realidad que se puede dar perfectamente en un estudio cinematográfico y no está de más enseñar que no todo es la magia del cine y también hay cosas entre bambalinas, cosas a veces nada agradables como las que retrata Minnelli con un guion incisivo de Charles Schnee. Una suma de elementos, en general, que 70 años después de su estreno se mantiene tan fresco como el día en el que se estrenó.

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