It's a strange world... isn't?
David Lynch. Si alguien se considera cinéfilo y no le suena de nada el nombre de este manipulador de mentes, debería hacérselo mirar. Sólo había visto dos películas suyas hasta ayer, que me decidí a ver ‘Terciopelo azul’, y aunque tenía mis serias dudas sobre si este personaje podía llegar más lejos de los adjetivos de variopinto, único, raro y loco, a ritmo del Blue Velvet de Bobby Vinton, mis dudas fueron despejadas. Con ‘Mulholland Drive’ consiguió fascinarme de una forma bestial, con ‘Lost Highway’ logró mantenerme en una gran tensión durante más de dos horas y ‘Blue Velvet’ ha conseguido un poco de todo, con una historia mucho más normal y sin características dadaístas, o lo que es lo mismo, con todo en su sitio. Había escuchado que Lynch era capaz de escribir guiones normales, aunque después de ver las dos películas comentadas antes, era difícil de creer, una vez vista la que estoy comentando ahora mismo, ya lo puedo decir, y bien alto: David Lynch es un puto genio. Y no sólo porque te puede hacer una película (dentro de lo que cabe en él) normal y años más tarde una película increíblemente extraña, eso es lo de menos. Lo que hace grande a este hombre es la atmósfera que consigue crear en cada película que rueda, una atmósfera atrapante e inquietante a más no poder que nos mete de lleno en el universo que es cada largometraje suyo y no nos saca hasta acabar de ver todo el metraje e incluso después del metraje, seguimos dentro de él, dándole vueltas a todo lo que acabamos de ver. Lo dicho, un genio y ‘Blue Velvet’ es una prueba más de ello.
Todo empieza con lo que a primera vista parece un día perfecto: está tan bien todo, que un bombero (contentísimo y rabioso de felicidad) nos saluda rompiendo la cuarta pared, el tiempo es perfecto, los niños van contentos a la escuela, se divierten, hasta que acabamos en un ejemplo claro de la típica familia americana en la que el marido se encarga de cuidar el jardín mientras el perro pasea por ahí y su mujer está dentro, viendo una película en la televisión. ¿La sociedad perfecta, verdad? Ni un solo atisbo de tristeza o suciedad, todo reluce como si se tratase de oro. Todo, hasta que al pobre marido le da un ataque al corazón por culpa de la puñetera manguera y podemos observar una aglomeración de cucarachas con las que Lynch nos quiere hacer ver que no hay nada realmente perfecto y que en todo lugar hay un lado oscuro que no se ve, pero que por muy pequeño que sea, sigue y siempre seguirá estando ahí. Después de esta brillante introducción (con una fotografía impecable, cómo durante toda la película), el motor se pone en marcha y el protagonista, Jeffrey Beaumont, el hijo del hombre que sufre el ataque al corazón, entra en acción y encuentra el desencadenante de todo lo que vendrá después: una oreja humana. Esa oreja humana que, semanas después, Beaumont desearía no haber encontrado. No voy a hablar más del argumento, primero porque si digo algo más ya empezaría a destrozar cosas y segundo porque para saber el argumento se lee un resumen, no un comentario. Solo decir que el guión es estupendo, dónde lo blanco reluce y lo negro, deprime y todo para que nos demos cuenta de que hay mundos en los que es mejor no meterse, por muy aburrido que estés del tuyo.
A pesar de ser un film de cine negro como podría ser cualquier otro, sin apenas elementos surrealistas o sobrenaturales, no nos vamos a engañar. La película está dirigida por el señor David Lynch y eso es algo que se nota muchísimo, para bien. Cómo ya he dicho al principio, Lynch crea unas atmosferas en sus largometrajes que son realmente alucinantes y precisamente eso es lo que más destaca, su ambientación perversa, que se va desatando poco a poco y que, unida a la buenísima banda sonora de Angelo Badalamenti en momentos clave, hace que estemos en tensión durante casi toda la cinta. Si le recomendase a alguien esta película, repetiría una y otra vez lo genial que es la dirección. Flipado me quedé, sobre todo, con el juego que saca a cada una de las casas que aparecen a lo largo de sus 120 minutos, pues a cada una de ellas les saca el máximo, destacando el piso de Dorothy Vallens, remarcando todo lo que ocurre allí arriba durante la última parte del metraje, con escenas que quitan el hipo. Lynch, por ahora, nunca decepciona en este aspecto. Siempre será fiel a sí mismo, a su estilo, y eso le hace aún más grande de lo que ya es. Inconmensurable el de Montana, para variar.
Respecto al reparto, cabe decir que tiene dos caras. Empezaré comentando la buena, que decir sólo que es “buena”, sería quedarse corto. Hablo de unos secundarios que se comen a los actores principales, como son Dennis Hopper e Isabella Rossellini. Dennis Hopper (RIP) era el único actor que conocía de todo el reparto, y pensé que no tardaría mucho en salir. Me equivoqué, porque tardó tanto en salir que llegue a olvidarme de él. Por suerte y sorpresa, no sabía nada de su papel, así que los que estén leyendo esto y ya hayan visto la película, os podéis imaginar cómo me quedé con su primera aparición. Para los que no la han visto, ya os lo digo yo: impactado,asustado y pasmado. Una de las actuaciones más terroríficas que recuerdo haber visto en mi vida es la que se saca de la manga este actor, que ya de por sí muy normal no es, pero cuando se pone la mascarilla y se desata del todo, apaga y vámonos porque eso sólo puede acabar de la peor manera posible, haciendo sufrir al espectador. No será un nivel de sufrimiento parecido al de ‘Requiem for a dream’, pero se sufre viendo a ese personaje al que le desearías de todo menos cosas buenas. Un personaje inmenso, de esos cabronazos que se quedan grabados en la memoria. Pero ojo, tiene una gran rival en la lucha por la mejor interpretación de toda la película, y esa es Isabella Rossellini, la persona que hace la función de nexo entre el mundo casi perfecto y el mundo de los horrores. Vale, Hopper impacta, pero es que Rossellini estremece con su interpretación, haciendo pequeña la pantalla cuando sale en ella. Desde el primer momento está enorme, y a medida que pasan los minutos la cosa mejora, haciéndose su cordura cada vez más pequeña y su locura cada vez más y más grande. Tiene un momento cumbre propio de Lynch, me refiero al momento en el que te pega una hostia en la cara de lo sorprendente que resulta. Me parece totalmente incomprensible que se olvidasen de estos dos secundarios en todos los festivales ya que, por lo que veo, no recibieron ni una triste nominación. Quizá se deba a lo polémicos que son sus personajes (seguro), pero sigue siendo imperdonable.
Que ni se les pasase por la cabeza la cruz de la moneda (la cara mala del reparto), ya sí que lo entiendo más. Ni por separado, ni juntos, Laura Dern y Kyle MacLachlan no me transmitieron nada de lo que debían. El que más delito tiene es MacLachlan, por no aprovechar un papel protagonista tan bueno como este y es que con un papel así no puedes pasarte más de tres cuartos de film con una cara de palo de la que Keanu Reeves se sentiría orgulloso. No llega al extremo de insoportable, pero una buena actuación no es, desde luego. Laura Dern sale poquito, pero lo poco que sale no va más allá de lucir su carita bonita. Tiene una escena muy grande en la que comparte plano con MacLachlan y Rossellini, pero no aprovecha el momento tan bien como debería, y si no llega a ser por Rossellini y la grandeza de la escena en sí, la cosa podría haber acabado en desastre porque su aportación da más risa que otra cosa. Lo que queda del reparto no es muy destacable, quitando a un breve, pero fabuloso, Dean Stockwell. Vamos, que el reparto nos da una de cal y otra de arena y es lo único que no me ha gustado, pero me parece algo bastante grave.
‘Blue Velvet’ me parece otra gran película de Lynch, es obvio, pero es que ha tenido algo especial que ha conseguido que me entusiasme del todo por este director. Una pasada en (casi) todos los aspectos, imprescindible.
8/10