Una propuesta notable aunque extenuante a la que siendo honestos le sobra su engañosa etiqueta biografica porque ni lo es ni lo pretende, transcurrido su primer tercio te das cuenta que tiene más en común con los anteriores trabajos de su director que con cualquier drama deportivo que hayamos visto lo cual provoca que reconsideremos lo que está por venir, esa frenética huída hacia delante que comenta Wancho en la que su protagonista (excelso otra vez Chalamet) no parece encontrar más acomodo que el permanente fracaso en busca de cumplir sus sueños mientras sus cambiantes estados de ánimo se entremezclan con su firme convicción de improbable triunfador, como espectador resulta imposible no verse atraído por esa espiral de emociones que camina sobre una fina línea entre la credibilidad y el funambulismo narrativo del que hace gala la cinta en todo momento, deseando o no que nuestro carismático buscavidas encuentre al fin su lugar.

