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'El hombre que mató a Don Quijote' - Ni si ni no, sino todo lo contrario

Vía El Séptimo Arte por 12 de diciembre de 2018
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¿La espera ha merecido la pena? ¿Ha merecido la pena que después de todo, vayamos a tener la oportunidad de ver 'El hombre que mató a Don Quijote'? Ni si ni no, sino todo lo contrario. O sea, siendo sinceros, no... siendo no menos sinceros pero sí algo más inquietos, ¿por qué no?

Una pregunta de difícil respuesta, una respuesta difícil para un proyecto tan complicado como este. Por un lado sí, por un lado ha merecido la pena saciar una curiosidad a la que hemos estado tantos años dando de comer. Pero por el otro, dicha respuesta es equiparable, similar a nivel espiritual y emocional, a la respuesta sobre quién era el Space Jockey que dio Ridley Scott con 'Prometheus'. A golpear la magia de las múltiples posibilidades con la vara de una sola realidad.

A descubrir que cambian los cortes de pelo y los gustos musicales. A que lo de ahora no es lo de antes aunque lo de antes vaya a ser mañana. A ver como un hijo abandona el hogar familiar tras 20 años tratando de convertirlo en el hijo que probablemente nunca sea, salvo en tu lecho de muerte, más no por ello se le deja de querer. Por un lado queremos conocer cuán lejos llegará, por el otro nos gustaría que nunca hubiera aprendido a abrir la puerta de la calle.

A diferencia del 'Dune' de Alejandro Jodorowsky, el Don Quijote de Terry Gilliam vive ahora, respira y deambula en un mundo en el que ya no es un sueño, sino una certeza susceptible, como cualquier otra, de convertirse en víctima de sí misma. Como así ha sucedido. 20 años que promueven la simpatía para con la figura de un Terry Gilliam convertido en su propio Don Quijote, pero que también tienden a sobrecargar de pretensiones y expectativas aquello que en realidad...

... ¿por qué ha de tenerlas si ya no es un sueño?

En el mundo real, Terry Gilliam al igual que por ejemplo Tim Burton, nunca ha sido un director estupendo. Pero lo ha compensado con un grotesco imaginario a prueba de indecisos que ante todo, sólo le pertenecen a él. Que 'El hombre que mató a Don Quijote' sea puro Terry Gilliam es un enorme cumplido, por el paralelismo entre director y personaje y por la fidelidad del director para consigo mismo a pesar de que, lo dicho, los cortes de pelo y los gustos musicales cambian.

Es cierto que este 'Don Quijote' no hubiera sido el mismo hace 20 años. Y que aunque Gilliam sea fiel (o lo intente) a sí mismo, la edad hace estragos y aún más cuando nos aferramos al pasado. La historia de este Don Quijote es la historia de Terry Gilliam, la de un "Caballero de la Triste Figura" que está por encima de una obra que todos admiran pero que nadie lee. La obra a la sombra del hombre; el cineasta a la sombra del mito; la realidad a la sombra de la gesta.

La verdad a la sombra del sueño, o al revés, dependiendo de cómo les miremos.

'El hombre que mató a Don Quijote' no es una buena película, reconozcámoslo, aunque tenga sus momentos y emane de ella una honestidad, un entusiasmo y una jovialidad que rara vez se puede comprar con dinero. También es una de esas obras a las que "esas cosas" de la vida, de manera infundada o no, ha marcado con un sabor a desastre con el que parece estar coqueteando constantemente pero ante el que nunca se rendirá, ni ante el que nunca pierde la dignidad.

Y ese gallardo pero poco práctico espíritu del "nunca me rendiré" es lo que marca esta imperfecta, desfondada, deslavazada y harto irregular revisión posmoderna de un Quijote, nuestro Quijote (aún con acento inglés) al que se le rinde tanto homenaje como al propio Gilliam. Ambas, sendas obras genuinamente desmitificadoras y burlescas que al menos en el caso de la película, se ha hecho con un alma que ha quedado esparcida a cachitos por el camino.

'El hombre que mató a Don Quijote' es el equivalente fílmico a ese equipo que en los últimos minutos de partido se viene arriba "por cojones", con el alma en lugar de la cabeza. Y como bien sabrán los amantes del fútbol, eso no tiene por qué ser necesariamente malo pero tampoco estrictamente emocionante. También es el equivalente fílmico a una película de Terry Gilliam, al que como el propio Don Quijote ya es tarde para quitarle de la cabeza ese noble y absurdo sentido del honor.

¿La espera ha merecido la pena? ¿Ha merecido la pena que después de todo, vayamos a tener la oportunidad de ver 'El hombre que mató a Don Quijote'? Si. Pero porque ya es lo que podría haber sido, sino porque ya es lo que hay. Y lo que hay es lo que hay. Y a disfrutar, ¿por qué no?


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex

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    Wanchope 19 de Junio de 2018, 09:30:31 am
    Los productores españoles de 'El hombre que mató a Don Quijote' aclaran que la sentencia que ha dictado la corte francesa no afecta a la explotación comercial del film

    Mariela Besuievsky y Gerardo Herrero, productores de la película declaran que: “en vista a los últimos acontecimientos judiciales del pasado viernes 15 de junio referidos a la película dirigida por Terry Gilliam “El hombre que mató a Don Quijote” queremos dejar claro que Paulo Branco no ha ganado nada: la Corte de Paris ha decidido NO tomar ninguna decisión en referencia a los derechos de la película”.

    Una vez más el productor franco-portugués Paulo Branco a través de su productora Alfama Films usa la reciente decisión judicial del Tribunal de París para “acomodar” la realidad a sus intereses y atraer a los medios y ganar terreno para realizar escandalosas reclamaciones de dinero.

    El juez francés se centra en la forma en que erróneamente se dio por terminado el contrato de Dirección entre Terry Gilliam y Alfama, de acuerdo a la nueva legislación vigente en Francia (el contrato está bajo legislación francesa) pero, no se ha querido pronunciar acerca del fondo de dicho contrato, y ha dejado sin valorar ni enjuiciar cuáles son las consecuencias de mantener dicho contrato en vigor.

    Los contratos son: De obligado cumplimiento o quedan sin efecto. Máximo si se trata de un contrato "intuito personae" en el que un director NUNCA puede ser obligado a trabajar para un productor si no lo desea.

    Debemos recordar que fue Terry Gilliam quien llevó a Paulo Branco (Alfama) a los Tribunales de Francia para que se anulara su contrato como director. El juez de la corte ha considerado el 15 de junio que el contrato no fue terminado correctamente por el Sr. Gilliam y eso es de lo UNICO que lo que habla esta sentencia. En ningún momento establece que los derechos de la película pertenezcan a Paulo Branco.

    No debemos olvidar que antes, los intentos legales del productor Paulo Branco de impedir la presentación de la película en el Festival Internacional de Cine de Cannes y su explotación, perdió las tres medidas cautelares que interpuso en Francia: una contra la organización del festival de cine de Cannes, otra contra el distribuidor francés; y otra contra el CNC francés.

    En ningún momento se pone en cuestión que la película pueda ser explotada.  La justicia francesa nunca le permitió en sentencias anteriores a Paulo Branco ni suspender el rodaje (sentencia  del 19 mayo 2017), ni suspender la clausura del Festival de Cannes ( 10 de mayo 2018), ni suspender su estreno comercial, (25 de mayo 2018) ni acceder a toda la información económica de la película como pretende ( 19 de mayo 2017); y se le ha denegado, de nuevo, en esta sentencia. (15 junio 2018)

    Es más, el juez en su sentencia del 15 de junio, incluye la transcripción del correo electrónico con fecha 6 de agosto de Paulo Branco a Terry Gilliam en el que Paulo Branco suspende el comienzo oficial de la preproducción, dos días antes del comienzo previsto. El 8 de agosto se hubieran activado los servicios como director de Terry Gilliam, cosa que no ocurrió.

     

    Extracto del correo de Paulo Branco a Terry Gilliam del 6 de agosto de 2016:

    “Je vous notifie par la présente que cette situation m’oblige à interrompre immédiatement le lancement de la préparation effective du film, prévue pour lundi 8 août 2016. Je vais prévenir toutes les personnes directement et indirectement impliquées”.

    “Le notifico por la presente que esta situación (los desacuerdos existentes entre Director y productor) me obliga a interrumpir inmediatamente el comienzo de la pre producción efectiva del film prevista para el lunes 8 de agosto. Se lo haré saber a todas las personas implicadas directa e indirectamente”. Paulo Branco


    Por lo tanto, la preproducción efectiva que activaba el contrato de director nunca comenzó por lo que Terry Gilliam nunca prestó sus servicios a Paulo Branco. Este es uno de los principios básicos de la ley de Propiedad intelectual: si NO existen servicios prestados, no hay ningún derecho generado.

    ¿Pretende Paulo Branco que Terry Gilliam haya generado derechos para Alfama sin haber rendido ningún servicio de dirección ni haber sido pagado nunca de acuerdo con su contrato de Dirección?, ¿Pretende tener los derechos de algo que no ha pagado?, ó ¿pretende apropiarse de unos derechos que no ostenta por medio de amenazas e información sesgada, utilizada de forma maliciosa para cumplir sus fines?

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